Johan
Cruyff, cuando era jugador del F. C. Barcelona, dijo una cosa que me
impresionó: "El fútbol, es el deporte más complicado: se hace con el
pie, en un campo irregular y grande, y los once contrarios te quieren quitar el
balón. Hay que usar el cerebro a una gran velocidad para poder calcular por
dónde se mueven los contrarios. Hay leyes que conocemos los que estamos dentro:
si buscas marcar un gol, no lo marcarás; si juegas como debes, marcarás"
.
Este
concepto es importantísimo. No conseguiremos resultados si buscamos sólo
resultados, si centramos nuestro esfuerzo únicamente en los resultados. Los
resultados se consiguen cuando trabajamos el proceso previo que acaba en
resultados.
A
las personas les cuestas tomar decisiones porque no controlan el final del
proceso. Tenemos miedo a no conseguir los resultados que buscamos, tenemos
miedo al fracaso.
Pero
es mucho más sencillo controlar el inicio, la búsqueda de opciones.
Mi
amiga Inés estaba desesperada. Era una prestigiosa profesional, muy reconocida
en su trabajo, al que se había dedicado en cuerpo y alma en los últimos veinte
años. Su trabajo era su vida. Al cumplir 45 años tuvo una crisis y se dio
cuenta de que necesitaba también tener una pareja. Así que decidió buscarla al
precio que fuera. Comenzó a salir por las noches, a frecuentar bares,
discotecas, fiestas, con la única obsesión de encontrar pareja. Pero lo que
encontraba eran relaciones esporádicas, ligues de una noche, que la dejaban
todavía más hundida.
Cuando
me contó lo que le pasaba le dije que dejara de hacer eso. Le expliqué que no
iba a encontrar la pareja adecuada en bares a los que acudían personas tan
frustradas como ella. "La pareja anhelada sólo la vas a encontrar si la
buscas en tu vida cotidiana" —le dije— "Tú te relacionas con
muchas personas, tienes una gran vida social y profesional. Sólo tienes que
abrir la puerta a la posibilidad de encontrar una pareja en tus actividades
diarias, en tu trabajo, cuando haces deporte, cuando quedas con unas amigas
para tomar un café. Hasta ahora has tenido los ojos cerrados. Simplemente
ábrelos y mira lo que tienes a tu alrededor".
Inés
abrió los ojos y encontró al hombre de sus sueños en un compañero al que
conocía desde los tiempos de la Universidad y en el que nunca se había fijado
como posible pareja.
El
gol es el resultado de todo un proceso, que se consigue cuando se juega bien.
Una vez leí unas declaraciones de un futbolista brasileño: "A veces,
cuando estoy muy concentrado, paro el tiempo. En décimas de segundo analizo la
situación con el tiempo parado, veo cuáles son las posibilidades de mis
rivales, dónde están situados mis compañeros, cuáles son mis opciones y elijo
la mejor. Generalmente, cuando hago esto, la jugada acaba en gol".
¿Quieres
conseguir algo? Centra, entonces, tus esfuerzos en el proceso. Ahora que
estamos empezando el año y todos nos proponemos conseguir metas, no te
esfuerces en los resultados, esfuérzate en el proceso y llegarás a las metas
sin darte cuenta.
Vivimos
en un mundo impregnado de permanentes procesos de identidad, aunque no sean
siempre reconocibles, obvios o evidentes. Desde los fenómenos más simples,
hasta los más dramáticos problemas internacionales, la identidad es una de las
más sobresalientes expresiones de nuestra cultura.
El
modo en que organizamos nuestras vidas, la forma en que nos vestimos, nuestras
maneras de construir y modificar el entorno, los diversos trabajos que
desempeñamos para ganarnos la vida, los valores y creencias, las maneras de
relacionarnos con los otros, las narraciones sobre nuestras vidas e historias,
por sólo poner algunos ejemplos, están marcados por los procesos de identidad,
tanto de las identidades individuales como de las colectivas.
Además,
sin subestimar en absoluto la importancia de los factores económicos y
políticos que están en la base de casi todas las tragedias del mundo actual,
debemos recordar que los más terribles enfrentamientos y conflictos de hoy en
día se relacionan (y/ o se manipulan) desde las contradicciones y desacuerdos
históricos y culturales entre diferentes grupos de identidad. Pero no solamente
falta tolerancia y comprensión entre unos grupos y otros (pienso en géneros,
etnias, partidos políticos, culturas, religiones, naciones, civilizaciones;
incluso seguidores de unas teorías o de otras); faltan también identificaciones
y sentimientos de identidad universal. Esto, indudablemente, contribuye a la
creciente preocupación actual por las dinámicas de identidad.
De
todos modos, el interés por las identidades (no importa con qué concepto se
identificaran) es tan antiguo como el diálogo y la confrontación entre
culturas; y tiene una historia académica y científica específica que ya pasa de
medio siglo, desde los trabajos de Eric Erikson durante y después de la Segunda
Guerra Mundial.
Nos
pudiéramos hacer, para empezar, algunas preguntas generales, muy a tono con
algunos debates actuales:
1.
¿Es la identidad, todavía, en estos tiempos post-modernos, un tema de interés para
las ciencias sociales y la educación?
2.
¿Qué se entiende por identidad?
3.
¿Podemos hablar de diversos tipos de identidades?
4.
¿Cómo se construyen las identidades?
Hay
muchos otros interrogantes. Están relacionados con la influencia de los
procesos de globalización y saturación en las identidades, la velocidad de los
cambios culturales, los conflictos y transformaciones identitarios que generan
las nuevas realidades -tanto urbanas como rurales- y el modo tan desigual en
que todo esto impacta a los diversos sectores de la sociedad. Cualquiera de
estos temas sería suficiente para un debate transdisciplinario especial. El
sólo asunto del cambio vertiginoso ha sido resaltado desde hace años. El
esfuerzo requerido de la persona para mantener un sentido de identidad propia
en estas condiciones cambiantes "puede exceder su umbral de tolerancia,
o la capacidad de sus mecanismos de adaptación".
Importancia
de las identidades y de las teorías de identidad
En
el momento actual se pueden encontrar -con la misma intensidad- artículos y
teorías académicas que se inclinan por pensar que en un mundo globalizado y
postmoderno las identidades (sobre todo las nacionales) y los debates sobre
ellas no resultan procedentes porque están algo así como en "fase
terminal", así como otros, los más, que los encuentran muy necesarios
sobre todo en el contexto de la globalización. Si hay una tendencia que pueda
caracterizar a las ciencias sociales como un todo, es la preocupación por las
dinámicas de identidad. Las identidades van desapareciendo porque todos somos
hoy bastante similares hasta en nuestros cambios
De
todos modos, incluso concentrándome en la psicología, este presunto
desvanecimiento de las identidades resulta muy relativo y superficial, sobre
todo porque no se está hablando en un sentido antropológico, sino desde la
perspectiva del nuevo mundo cómodamente globalizado para los pocos que pueden
"almorzar en New York y cenar en Tokio". Pero ¿alguien se cree
que el mundo actual realmente tiende a igualarnos a todos más allá de la imagen
del campesino fragmentado que pastorea su vicuña con Adidas viejos y
toma Coca Cola? ¿o del pueblito tradicional con sus contornos
desdibujados por una valla publicitaria? Claro que no, la realidad
latinoamericana está inundada de niños que desayunan inhalantes, almuerzan
sobras y regresan a sus casas cada noche ansiosos de una cena, tal vez su
última cena, porque es un milagro que el pobre pueda repetir al otro día el
miserable ciclo; e incluso que el rico no se vea amenazado por la misma
pobreza.
Por
suerte lo que predomina es la comprensión de que se trata de una creciente
diferenciación, pero no de la manera "buena" que favorece la
multiculturalidad con igualdad, justicia, paz y respeto a los derechos humanos,
sino de la manera "mala": injusta, violenta y fragmentadora
del yo. Hay muchos que desalientan los debates de identidad por el temor
justificado a que se utilice como pretexto de mayor violencia e incomprensión.
En
fin, podemos estar seguros de que los asuntos de identidad se discuten más que
nunca, aunque la distancia entre los discursos académicos, populares y
oficiales sea mucho más grande de lo que puede apreciarse a primera vista. Como
todos construimos, pensamos y vivenciamos nuestras identidades, así como la
necesidad y los conflictos de identidad, cualquier madre, padre, maestro o
investigador habla de la identidad como algo que es tan evidente como nuestra
propia existencia; algo de lo que no hace falta un conocimiento especial. Esto
puede estar bien, porque todos pensamos y construimos el conocimiento, pero si
se trata de investigación social, de psicología, hace falta trabajar y debatir
los conceptos para aprovechar mejor la experiencia de otros.
Los
científicos sociales han nombrado y pensado las identidades de muy diversas
maneras, especialmente como necesidad:
•
Necesidad de un fuerte sentido de identificación grupal.
•
Necesidad de raíces e identidad.
•
Necesidad de mantenimiento existencial y de integración universal.
•
Necesidad de un sentido de pertenencia y de autoconcepto positivo.
•
Necesidad de conocernos a nosotros mismos y de ser reconocidos.
•
Necesidades básicas de autodeterminación, protección y dignidad.
•
Necesidad de identificarnos a nosotros mismos y de argumentar narrativamente
estas identificaciones y su continuidad.
•
Necesidad, individual y social, de continuidad entre el pasado, el presente y
el futuro.
•
Necesidad de procesos de construcción de sentidos.
Pero,
no importa cómo se le llame ni qué aspectos se enfaticen –la autoimagen, la
búsqueda de sentido, el autorrespeto, la libertad, la autocategorización, la
pertenencia, la reflexividad o la narración– parece ser que, a pesar de la
resistencia de algunos que defienden a ultranza las posiciones construccionales
radicales (del constructivismo y construccionismo), las personas siguen
necesitando de la sensación de relativa estabilidad que proporciona la
identidad individual. También del sentimiento y percepción de pertenencia a
diversos grupos humanos que se ven a sí mismos con cierta continuidad y
armonía, dadas por cualidades, representaciones y significados construidos en
conjunto y compartidos. Claro que la complejidad, durabilidad, profundidad y
sentido de estas identificaciones puede ir desde el pertenecer al club de fans
de la Charanga Habanera, hasta sentirse parte de los sin tierra, de la
comunidad latinoamericana, o de la identidad universal del ser humano. Pero las
grandes identidades no necesariamente se contradicen con las otras, por muy
complejas que sean las maneras en que se relacionen. También debe decirse que
muchas veces, unas incluyen a las otras; un ejemplo es lo que se refiere a la
territorialidad: habanero, cubano, latinoamericano, ciudadano del mundo.
Lo
cierto es que los rasgos compartidos (no importa cómo hayamos construido las
percepciones de igualdad y continuidad) nos hacen sentir como "peces en
el agua" dentro de nuestros diversos grupos de pertenencia, así como
relativamente diferentes a otros, todo lo cual debería hacer a nuestra
humanidad más rica y no más violenta. Pero ahí está parte del problema; es
sorprendente lo fácil que resulta a todos comprender que la naturaleza es más
rica en la medida en que se conserven todas sus especies, que los bosques son
más bosques en la medida en que las plantas sean más diversas y la fauna que
los habita no los abandone. Sin embargo, la intolerancia a la diversidad humana
no parece estar a la altura de los avances en las ciencias humanas. Las
instituciones educativas y sociales deberán centrarse más en la condición
humana, permitiendo que hombres y mujeres de estos tiempos, tan difíciles,
podamos reconocernos en lo común, y, al mismo tiempo, en la diversidad cultural
inherente a todo cuanto es humano. También necesitamos identificar nuestras
producciones culturales como propias, ya que al reconocernos en ellas
aumentamos nuestra autoestima y desarrollo espiritual. Para lograr esto,
considero que hay que devolverle al humanismo (más allá de sus protagonistas o
errores concretos) el valor que, en la cultura actual, ciertos paradigmas
tratan de desacreditar.
En
fin, lejos de perder importancia, el tema de las identidades ha captado el
interés de todos, ya sea que hablemos de las identidades individuales y
colectivas, o de la identidad de los productos culturales; lo mismo pensemos en
nuestros ambientes inmediatos, que en nuestra identidad terrenal.
El
concepto de identidad
En
cuanto a los conceptos, sería muy largo reconstruir los caminos a través de los
cuales he tratado de estudiar diversas aproximaciones a las identidades.
Hay,
por ejemplo, una idea que está implícita o explícitamente presente en casi
todas las definiciones; es la relación de la identidad tanto con la igualdad
como con la diferencia y la otredad. Asimismo, los procesos de identidad se
relacionan con otras dimensiones como continuidad y ruptura; lo objetivo y lo
subjetivo; las fronteras y los límites; el pasado, el presente y el futuro; lo
homogéneo y heterogéneo; lo que se recibe de otras generaciones y lo nuevo que
se construye; lo cognitivo, lo afectivo y lo conductual; lo consciente e
inconsciente; etc. Ninguna de estas dimensiones puede ser desarrollada aquí,
pero mencionarlas nos sirve para fundamentar el carácter complejo de las
identidades y la conveniencia de pensar los polos que la atraviesan, no de manera
simple y lineal, sino dialéctica, transdisciplinaria y, sobre todo, compleja.
Pero
esto no impide que entre los discursos de identidad, especialmente los
discursos oficiales, podemos encontrar decenas y cientos de referencias a la
necesidad de "rescatar", "ser fiel", "mantener",
"conservar" o "enseñar" literalmente las
identidades y la pureza de las culturas, lo cual no es solamente imposible,
sino inadecuado.
Ahora
hace falta dejar claro, al menos, un asunto psicológico que es fundamental para
continuar con la importancia de las identidades. Las identidades también pueden
ser entendidas como una expresión del proceso cognitivo de categorización, que
ayuda a los sujetos a entender, poner en orden, regular y construir las
representaciones del mundo en que vivimos para que nos resulte más predecible y
menos confuso.
Categorizar,
en fin, es agrupar bajo un mismo nombre objetos que son, de alguna forma,
diferentes; puede entenderse como sinónimo de construir conceptos que ayudan a
marcar fronteras de identidad, a pesar de la compleja dualidad entre
homogeneidad y heterogeneidad y del peligro que implican la simplificación y
los estereotipos sociales. La categorización es una ayuda o "ahorro"
cognitivo que nos facilita la compresión y ubicación en grupos (cubana,
montañero, guajira, desplazado, desechable, intelectual, maestro, postmoderno,
antioqueña). Muchas categorías pueden aparecer juntas y tener diversas maneras
de interacción o subordinación; también mayor o menor grado de implicación
valorativa o discriminatoria. La cuestión, de todos modos, es que aunque el
mundo sea complejo, las personas buscan categorizaciones que las ayuden a
entender, colocarse y relacionarse con el ambiente.
Tratando
de recapitular y de generalizar se puede decir que "cuando se habla de
identidad de algo, se hace referencia a procesos que nos permiten suponer que
una cosa, en un momento y contexto determinados, es ella misma y no otra
(igualdad relativa consigo misma y diferencia –también relativa- con relación a
otros significativos), que es posible su identificación e inclusión en
categorías y que tiene una continuidad (también relativa) en el tiempo".
Todo lo cual, por cierto, no implica ninguna concepción estática,
fundamentalista o esencialista. En el caso de las identidades subjetivas
(porque la definición anterior es muy general y vale lo mismo para la música
salsa, el arte gótico o un movimiento social) es necesario añadir que no
solamente un individuo –o grupo- es el mismo y no otro, sino, sobre todo, que
tiene conciencia de ser el mismo y no otro en forma relativamente coherente y
continua a través de los cambios.
Todas
estas características, especialmente las que tienen que ver con las fronteras y
límites en las identidades, cobran sentido en los contextos en que ciertos
significados fueron construidos y dotados de cierta "facticidad
objetiva" por procesos subjetivos y lingüísticos que dialogan con la
realidad. Ignorar esto nos haría imposible el menor acercamiento a la
problemática de las identidades que van cambiando, surgiendo y desapareciendo
cada vez con más rapidez.
Entonces,
la identidad no es algo que está ahí, esperando a ser "descubierta".
Cualquier identidad necesita ser pensada, reconocida, establecida y aceptada
–negociada algunos dicen– en un proceso práctico y de comunicación humana, que
se lleva a cabo a través de interacciones discursivas y de la actividad. Un
ejemplo, poco distante, pero muy contemporáneo, es el de la construcción de la
Unión Europea, que, por cierto, no ha planteado pocos retos a las identidades.
Profundizando
en las identidades específicamente humanas, las personas no sólo estamos
conscientes o percatadas de nuestras igualdades y diferencias con otros, de
nuestras particularidades, tenemos también la habilidad o cualidad conocida
como reflexividad, la cual, para muchos autores, es lo que permite a individuos
y grupos llevar una crónica particular de sus vidas y repensarse a sí mismos.
Pero
no sólo el pasado es valorado. En un sentido más amplio, la reflexividad es
nuestra habilidad de mirar al pasado y modificar el presente de acuerdo al
mismo, o de modificar el pasado (o nuestra narración del pasado) de acuerdo a
la valoración de nuestro presente. En presencia de "otros"
significativos y de nuevas circunstancias es imposible que no se incremente
nuestro "awareness" ("consciencia") acerca de la identidad, especialmente
cuando lo que parecía natural y estable se ve violentado, reprimido o invadido
por factores humanos, tecnológicos o simbólicos muy ajenos e incongruentes.
También, la reflexividad se favorece con las propias equivocaciones, por los
errores; porque sin error, no puede haber reflexividad.
Por
último, nuestro pensamiento reflexivo también tiene que ver con nuestra
pertenencia a grupos. A tal extremo que Henry Tajfel ha definido nuestra
identidad social como la parte del autoconcepto individual que tiene que ver
con estas pertenencias, junto con la apreciación y significado emocional
asociado con la mismas.
Más
allá de dejar claro que todas las identidades son sociales y que prefiero hablar
de identidades "individuales y colectivas" en lugar de "individuales
y sociales", debo decir que el conjunto de identidades colectivas de
cada sujeto –nacional, de género, de clase, religiosa, étnica, profesional y
todas aquellas no tradicionales que surgen día a día a propósito de la misma
exclusión o de la influencia de los medios– aunque puedan estar disponibles
para todos, en un mismo espacio y tiempo, constituyen una especie de "gestalt
particular" que es única. En gran medida, esta manera particular de
combinarse, pensarse, expresarse y narrarse nuestras pertenencias a unas y
otras categorías y grupos, es nuestra identidad personal. A tal extremo lo
personal es social.
La
posibilidad de cambio en las inclusiones grupales y en los sentimientos de
pertenencia es enorme e implica, para cada persona, no una asimilación pasiva
de los valores y normas que le "enseña" la escuela y la
sociedad, sino una activa incorporación y construcción, con el apoyo de
interacciones, resignificaciones discursivas de la historia personal y uso de
los procesos de memoria y reflexividad.
Algunos
autores actuales prefieren, en beneficio del carácter activo del sujeto, hablar
de "actos de identificación", intencionales, direccionales y
situados en escenarios particulares, en los cuales las personas, lejos de ser
"recolectoras de su pasado" son narradoras que moldean y
reconstruyen constantemente el mismo, integrándolo al presente y proyectándolo
al futuro, en beneficio del sentido de continuidad.
Con
lo dicho hasta aquí, es posible pasar a una definición más limitada y a la vez
más compleja de identidad; la de las identidades humanas. "Cuando se
habla de la identidad de un sujeto individual o colectivo hacemos referencia a
procesos que nos permiten asumir que ese sujeto, en determinado momento y
contexto, es y tiene conciencia de ser él mismo, y que esa conciencia de sí se
expresa (con mayor o menor elaboración o awareness) en su capacidad para
diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar
sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer narrativamente
su continuidad a través de transformaciones y cambios". Dicho muy
brevemente, es la conciencia de mismidad.
Para
llegar aquí, he tratado de incorporar, desde una comprensión bastante abierta,
las contribuciones de los cuatro enfoques principales que veo en el estudio de
las identidades, especialmente las colectivas:
1.
Enfoques "objetivos" (que responden a preguntas acerca de cómo
son determinados grupos).
2.
Enfoques "subjetivos" basados en la autopercepción (cómo se
definen determinados grupos).
3.
Enfoques –subjetivos también- pero basados en la "autocategorización"
y pertenencia (de qué grupos me siento parte).
4.
Enfoques "discursivos" (qué discurso de identidad caracteriza
a un grupo, un partido, una religión, un movimiento, etc.).
Casi
nadie -a no ser desde posiciones muy "naif"- utiliza
científica y exclusivamente el enfoque objetivo, aunque está necesariamente
implícito en los otros. Sin embargo, para algunos la defensa del enfoque
discursivo es radical, hasta el extremo de pensarse, por ejemplo, que no hay
identidades, sino "discursos de identidad". Para otros, es
posible analizar como una realidad lo que está "detrás del discurso".
De todos modos, aunque éste no sea el tema en que debo detenerme, la aparición
de los enfoques discursivos ha revolucionado la manera de pensar en psicología
y educación, así como el autoritarismo de las verdades únicas acerca de los más
diversos temas humanos y educativos. Yo considero que unos y otros enfoques –o
más bien, los aspectos que unos y otros enfoques distinguen– son todos
indispensables, se relacionan y se necesitan de múltiples maneras; no se
excluyen radicalmente si no se les trata con rigidez y dogmatismo.
La
construcción de las identidades
Veamos
ahora algunos aspectos sobre el proceso mediante el cual se forman las
identidades individuales y colectivas. En la actividad y la comunicación con la
familia, la escuela y el resto de la sociedad, tiene lugar un proceso de internalización
y apropiación de herramientas culturales como el lenguaje, las habilidades, las
representaciones compartidas y los significados. Este proceso ocurre tanto para
los individuos como para los grupos, pero nunca es unidireccional, ni mecánico
o exclusivamente cognitivo.
Me
gustaría enfatizar, mirándolo de un punto de vista humanista e histórico
cultural, que en la interacción y comunicación con otros y con el ambiente
natural y material, las personas desarrollan formas creativas y personales de relacionarse
con el ambiente.
Las
formas verbales y no verbales de comunicación, los significados y sentidos
compartidos, las memorias pasadas, los símbolos, los valores, las actitudes,
las tradiciones, los hábitos, las costumbres, los gustos, los prejuicios, hasta
las expectativas futuras, son recibidos por los niños y niñas en crecimiento, y
por los jóvenes, a través, primero, de los adultos cercanos que cuentan e
interpretan las experiencias pasadas, y luego, por nuevas y variadas
influencias en la escuela, el trabajo, los amigos, la comunidad y los medios
por supuesto. A veces, sobre todo para los que viven en zonas rurales muy
atrasadas, es tanta la incongruencia y diversidad en los mensajes y la falta de
preparación e información general, que resulta muy difícil para ellos funcionar
como receptores activos y críticos de los mismos.
Muy
temprano los niños participan en "prácticas sociales del recuerdo"
tales como rituales, festividades populares, visitas a monumentos y
celebraciones, mediante las cuales se establecen vínculos y se asumen como
propias algunas memorias. Hasta las memorias más personales pueden ser
recordadas u olvidadas por acción de los adultos que "seleccionan"
qué se retrata, se dice, se silencia o se celebra. Tal puede ser el poder de
las familias e instituciones. Pero, a pesar de la fuerza y de los adultos y
figuras de autoridad como los maestros, no tienen el poder suficiente para
manipular totalmente la memoria y las identidades; hace falta la experiencia
personal. Sin experiencias personales significativas, las palabras y la
participación en rituales pueden tener un efecto nulo. No basta colocar el
modelo delante del alumno, sino que hace falta identificación con el modelo
para que se imite.
Por
otro lado, aunque las personas tengan experiencias personales muy
significativas y estén insertadas en grupos que también las compartan, tampoco
esto basta para garantizar la memoria y la identidad colectiva. Hace falta un
nivel adecuado de participación de cada cual, así como de satisfacción de
ciertas necesidades dentro de los grupos, para que se desarrolle el sentimiento
de pertenencia y la identidad individual y grupal.
Así,
las interacciones sociales, la participación y las experiencias personales de
los sujetos, además de las influencias de la historia y el poder, son todos
elementos importantes e inseparables para la construcción de las identidades
personales en la actividad, aunque durante el transcurso de la vida unos u
otros factores puedan cambiar su significación o peso. Este mismo principio
vale para la construcción de identidades colectivas. Y, cuando hablo de
construcción de nuevas identidades colectivas, no me refiero específicamente a
la inclusión de un sujeto en una identidad ya existente (en la familia, en una
religión, en una banda o en un equipo), sino a la construcción de nuevas
categorías de identidad. A veces, nos cuesta mucho trabajo aceptar las nuevas
construcciones identitarias o entender la necesidad de las mismas, casi siempre
puestas de manifiesto a través de una nueva categoría; también a los
científicos sociales, a pesar de todo lo que sabemos de teoría. En La Habana,
aunque no me propongo desarrollar la situación cubana, a veces reviso trabajos
e investigaciones donde se estudian "muestras" acorde a sexo,
edad, barrio, escolaridad, ingresos, etc. Sin embargo, en un reciente estudio
de mercado que realicé, no solamente encontré muchas diferencias con respecto a
los rasgos compartidos, las categorizaciones, pertenencias y discursos de
identidad de los jóvenes con respecto a mis trabajos hasta el 2000, sino
también una pluralidad de identificaciones que respondían a muy diversos
criterios cruzados y complejos ("rockeros", "mickeys",
"intelectuales", "palestinos", "rastas",
"frikies", "reparteros", "jineteras",
"barbies", etc.). Aunque muchas identidades tradicionales
siguen teniendo sentido (obrero e intelectual, por ejemplo), en ciertos
contextos, otras categorías, como estudiante, resultaban poco diferenciadoras
de un "otro" significativo en las difíciles situaciones
sociales y económicas que el país atraviesa. Me refiero a la heterogeneidad
interna debido, precisamente, al alto número de personas que estudian .
Cuando
un niño o una niña nacen en la Pampa de José Hernández, en el México de Hidalgo
o en la América de Simón Bolívar y José Martí, conocen, aman, se identifican y
hasta mueren por una tierra, una cultura, un símbolo o un valor. No los tienen
que crear (aunque sí recrear y enriquecer), están ahí esperando por ellos, por
sus lecturas, afiliaciones y rupturas. Pero estas identidades, por muy hechas,
profundas o estables que resulten, también tuvieron sus procesos de
construcción, y pueden cambiar, crecer o hasta desaparecer, como ocurrió en la
antigua Unión Soviética. Es fácil estar de acuerdo en que todas las identidades
son construidas. El caso es entender cómo, desde qué, por quién y para qué.
El
reto es, también, conocer y entender cuáles son y cómo se han formado -o
destruido- las nuevas y viejas identidades; así como el costo y sentido que
estos procesos han tenido para la población en general.
Para
resumir este punto, se puede decir que una identidad colectiva se ha formado,
que un grupo humano se ha constituido como identidad para los otros y para sí,
cuando éste se logra pensar y expresar como un "nosotros" y,
de alguna u otra manera, puede compartir rasgos, significaciones y
representaciones, así como desarrollar sentimientos de pertenencia, todo lo
cual se expresa en procesos discursivos que nombran y dan sentido a estos
espacios socio psicológicos. Igualmente quisiera resumir que la formación de
nuevas identidades no es algo que se "enseña" o transmite a
sujetos que reciben, sin resistencia, lo que se les inculca. Por el contrario,
la formación de nuevas identidades tiene que ver con sujetos activos,
comunicándose y actuando en contextos socioculturales. De acuerdo a como he
tratado de entender estos procesos desde la concepción histórica y cultural,
las interacciones humanas no se pueden abordar al margen del lenguaje, de su
desarrollo histórico, de las actividades conjuntas con el entorno material, ni
de la influencia de relaciones de poder.
Debo
decir que la UNESCO ha planteado que se trata de aprender a vivir juntos
desarrollando el conocimiento de los otros, de su historia, de sus tradiciones
y su espiritualidad. También, y a partir de ahí, crear un nuevo espíritu, que,
precisamente, gracias a esta percepción de nuestras interdependencias
crecientes, impulse a la realización de proyectos comunes o bien a un manejo
inteligente y pacífico de los inevitables conflictos.
Pues
bien, es imposible la realización de proyectos conjuntos sin la existencia de
identidades, porque éstas son las que nos hacen sentir que compartimos, con
otros, metas y aspiraciones comunes. Los objetivos educativos más universales
serían imposibles sin la contribución de la educación a la construcción de
identidades tanto individuales como colectivas, mediante la inserción y
participación creativa de todos en la cultura.
El
hecho de compartir la pertenencia a un grupo transforma la relación entre las
personas de una manera que permite la acción colectiva coordinada y eficaz,
pues, cuando las personas consideran que los demás pertenecen a su misma
categoría, es más probable que experimenten confianza y respeto y que cooperen
con ellos. Por eso la educación debe participar protagónicamente en la
construcción de identidades. Todos tenemos el derecho a recibir la herencia
cultural que nos precede, y a apropiarnos libre y creativamente -desde esos
referentes- de todo lo nuevo que nos pueda aportar la cultura en su sentido más
amplio.
Nadie
tiene que aceptar que se le enseñe todo desde referentes ajenos, que depositan
el conocimiento como si los alumnos fueran recipientes vacíos. Cientos de
estudios dan cuenta de los falsos retrasos e "inculturas" que
resultan de la incapacidad para apreciar el valor de los conocimientos que
están encerrados en las diversas culturas, aunque no se trate de las culturas
dominantes. No es pequeño el reto que estos problemas nos plantean.
Las
culturas viven y vivirán en diálogo, al igual que las identidades, que no son
otra cosa que un producto cultural. Desde este punto de vista, considero que
cualquier esfuerzo profesional o académico tiene sentido si contribuye, aunque
sea un poco, a que el mundo sea más justo y a que en el mismo puedan convivir
las diversas identidades con respeto a la diversidad.
Con
independencia de las diferencias que existen entre nuestros países, entre mi
realidad cotidiana y la vuestra, creo que estas preocupaciones pueden ser, de
alguna manera, compartidos por todos. El reto mayor es tratar de enfrentar los
peligros del fanatismo de algunas identidades y a la vez la necesidad de su
existencia como proceso importante de construcción de sentido y de salvaguarda
de la riqueza y diversidad de nuestro mundo actual.
La
defensa de la identidad universal del ser humano y a la vez de la posibilidad
de la diferencia dentro del respeto a los derechos de todos es y debe ser una
de las aspiraciones más importantes de los psicólogos y psicólogas y de todos
los científicos sociales, como hombres y mujeres comprometidos con la
preservación del medio ambiente, la cultura y la humanidad.
Como iréis comprobando los lectores habituales del blog, entre los diferentes artículos que van apareciendo de diferentes temáticas, también figuran cuentos y relatos breves, muchos de ellos orientales, de filosofía zen, budista, hindú... fábulas y parábolas, motivos de reflexión que guardan una enseñanza en sí mismos.
Si buscamos la definición de "cuento", encontraremos que es una narración breve de hechos, protagonizada por un personaje o un grupo de personajes, con características definidas, que pasan por diferentes circunstancias que al final nos dejan una enseñanza o moraleja.
La literatura en general y los cuentos en particular, pueden ser simples narraciones de sucesos breves e imaginarios, o bien puede ser espejos donde podemos ver reflejados aspectos nuestros que no lograríamos ver frente a un espejo real, ya que tratan problemas básicos de la vida, en particular los inherentes a la lucha por alcanzar la madurez psicológica y emocional. Con su lectura se pueden aprender grandes lecciones de vida a través de historias y argumentos que nos llevan a un mundo de imaginario desde el cual podemos desarrollar valores y tratar situaciones de conducta.
Este recurso literario tiene una capacidad terapéutica y un efecto sugestivo sobre la inteligencia inconsciente del oyente. La metáfora aporta grandes ventajas a la hora de producir cambios en el sujeto y nuevas perspectivas ante sus conflictos vitales.
La utilización de cuentos en procesos de comunicación educativa o terapéutica aumenta la capacidad hipnótica del mensaje del comunicador, ya que, de este modo, el lenguaje se dirige a la estructura profunda del pensamiento conectada con el sistema inmunitario a través del eje hipotálamo-hipofisario.
Afortunadamente hay quienes han expresado sus experiencias, crecimiento y reflexiones en cuentos que expresan información muy significativa en pro de la percepción de nuestro tránsito por esta vida. Son muchos los cuentos que se han escrito, donde cada uno de ellos encierra un maravilloso mensaje, destellos de luz, que nos llevan a descubrir la senda que queremos recorrer siempre que nos detengamos a reflexionar sobre su contenido para alcanzar un crecimiento que garantice madurez, serenidad, equilibrio, armonía... en una palabra: la felicidad.
Existen diferentes caminos y métodos para encauzarnos hacia nuestra evolución espiritual, algunos se convierten en un faro o indicativo para quienes resuene en su interior. Lo más importante es abrirnos y reconocer que el anhelo que sentimos, y que a veces se manifiesta como insatisfacción o malestar -a pesar de todos los logros obtenidos-, es una voz que emerge desde lo más profundo de nosotros, un recordatorio permanente que impide que nos durmamos por completo y que se apague la llama que reside en nuestro interior. Si se saben interpretar, y evaluar su alcance, a través de un cuento personal, pueden contribuir, por ejemplo, a identificar nuestros miedos, en los que se podría profundizar basándose en un estudio interno para ser conscientes de la dimensión del problema.
El diario vivir manifiesta tantos hechos que algunos son relevantes y nos dejan lecciones que pueda ayudarnos a crecer, así como también hay, dentro de la tradición historia, relatos que contienen mensajes e información que aportan conocimientos, estímulos para superar nuestras limitaciones, como el caso de los cuentos tibetanos, que aportan una luz en nuestro camino por ser cada día mejores y saber aprovechar la oportunidad que se nos ofrece de vivir en este plano físico.
Para nadie es un secreto la importancia que tiene la lectura en todas las áreas del conocimiento, aunque muchas personas prefieran ignorarlo para evitarse la “molestia” de gastar parte de su tiempo en leer, pero les convendría saber que la lectura puede ser una parte fundamental de nuestras vidas, porque nos ayuda a instruirnos y salir de la ignorancia en que nos encontramos. Quien lee trabaja en su proceso de aprendizaje, se instruye, se educa, enriquece su léxico, adquiere conocimientos para poder hablar con fundamento y desarrollar la capacidad de reflexión, lógica y crítica, poniendo trabas a su fácil manipulación. Además, abre las puertas a su imaginación y creatividad, pudiendo trasladarse al pasado o al futuro, a mundos imaginarios y a situaciones soñadas, lo cual, de por sí ya representa una liberación para nuestras constreñidas mentes.
Gracias a su contenido, a los pensamientos, ideas y los conocimientos que encierran, han permanecido en el tiempo y han proporcionado a mucha gente una gran ayuda en su crecimiento y evolución. Se convierten en estímulos que motivan a la persona a identificarse con todas aquellas acciones que colaboren en la transformación de debilidades, transformarlas en fortalezas.
El lenguaje metafórico empleado en relatos y cuentos es, posiblemente, el recurso educativo y terapéutico más antiguo de la humanidad. Sin embargo, el lenguaje de la lógica formal no es el más adecuado para acometer estas sugerencias ya que normalmente es el que nos genera los bucles en la comunicación con nosotros mismos y contribuye a la construcción del conflicto.
La sugerencia debe dirigirse hacia la estructura profunda del lenguaje y del pensamiento de los sujetos. La terapia del consejo y de lo que la persona debería hacer y no hacer, con la mejor de las intenciones, no hará sino agravar el problema ya que el sujeto ha razonado estas cosas muchas veces y su diálogo interno circular no ha hecho más que sumirle en un estado de desesperanza aún mayor.
Un principio Zen dice que cualquier arte o conocimiento que un hombre consigue por medios externos no es realmente suyo, no le pertenece intrínsecamente; es sólo lo que procede de su ser interior lo que puede reclamar verdaderamente como suyo.
La importancia del lenguaje metafórico radica en su capacidad para burlar la inteligencia consciente y altamente estructurada que es la que, al final, mantiene el problema. El psicoterapeuta Jeffrey Zeig apunta que la utilización del lenguaje metafórico tiene las siguientes ventajas:
1. Las historias no implican una amenaza para el sistema de creencias del individuo.
2. Captan el interés del oyente.
3. Fomentan la independencia del individuo, quien al tener que conferir sentido al mensaje, extrae sus propias conclusiones o emprende acciones por propia iniciativa.
4. Pueden ser utilizadas para eludir la natural resistencia al cambio.
5. Pueden emplearse a fin de controlar la relación entablada con el sujeto.
6. Ofrecen un modelo de flexibilidad.
7. Pueden crear confusión y así promover en el sujeto una buena respuesta hipnótica.
8. Imprimen su huella en la memoria, haciendo que la idea expuesta sea más rememorable.
9. Afectan a la dimensión físico-corporal del individuo.
El sistema de creencias y supuestos del sujeto acerca del problema, de su propia salud y de sus capacidades para resolver la situación están directamente involucradas en la curación. Estudios vinculados a la psiconeuroinmunología atribuyen un 40% de la resolución de un problema físico a este aspecto del tratamiento.
Las Tres Capacidades Esenciales
"En el fondo, toda la actividad terapéutica consiste en esta especie de ejercicio imaginativo que recupera la tradición oral de contar historias; la terapia dota de historia a la vida".
(James Hillman)
El poder de la metáfora no lo determina el narrador, sino el oyente y lo que su mente inconsciente hace con el relato. La metáfora pertenece al tipo de lenguaje centrado en el universo del oyente, y no en la sabiduría del relator. Lo que busca el lenguaje metafórico es provocar estímulos al sistema sensorial de quien escucha: Imágenes, sensaciones, sonidos, olores, sabores...
Ontológicamente hablando, puede entenderse que la cualidad fundamental de la intuición es la de llegar directamente al contacto con la realidad: La mente humana está generalmente atiborrada de ideas y conceptos. Cuando un hombre ve una flor y le asocia toda clase de pensamientos analíticos ya no es la flor en sí misma.
El lenguaje figurado ayuda a que el oyente pueda conectar con su propia intuición.
Los últimos avances de investigación en materia de programación neurolingüística y también en campos como la educación de la inteligencia emocional, nos muestra que, en el análisis de las funciones del pensamiento que nos facultan para relacionarnos con la realidad ha predominado excesivamente la función reflexiva y el pensamiento lógico-formal. Sin embargo, hay dos funciones más que afectan el pensamiento: la emocionalidad y la acción o exploración de la realidad. Estas dos funciones representan una ampliación del foco de la realidad necesaria para comprenderla y relacionarnos con ella.
Es interesante recordar que las investigaciones sobre inteligencia emocional de Goleman empezaron a impulsarse para intentar dar respuestas a los altos niveles de violencia desatada en las escuelas e institutos de enseñanza obligatoria en los Estados Unidos entre las décadas de los '80 y los '90.
Por otro lado, los experimentos sobre educación informal, basándose en la práctica, más que en la didáctica teórica y conceptual también arrancaron de experiencias psicopedagógicas dedicadas a jóvenes sometidos a procesos de inadaptación social. Experiencias basadas en talleres, Formación Profesional no reglada, educación no formal ofrecieron la base de lo que actualmente denominamos atención a necesidades educativas especiales.
Estas adaptaciones pedagógicas suelen estar presididas por el criterio de abordar la materia desde la práctica en lugar de la exposición de contenidos teóricos.
Por otro lado, las funciones básicas del pensamiento son tres:
- Reflexión
- Emoción
- Exploración-acción
En el caso de la educación emocional es muy importante el ámbito de la acción y la experimentación.
La magia de los cuentos y su larga pervivencia a través de los siglos radica en la combinación de estos tres factores. En este caso, las tres funciones del pensamiento vienen simbolizadas por el Rey, el Héroe y el Hada.
El Rey representa la reflexión, vigila que todo esté en orden en su reino para que las semillas crezcan y den fruto. Encarna la función de la inteligencia abstracta, de la autoridad y de la decisión. Está encargado de dar la señal de alarma frente al desorden y la carencia. El Rey formula las preguntas y las necesidades del reino. Representa el estado presente que debe ser cambiado.
El Héroe recoge la demanda del rey añade su adhesión total a la solución del problema. Aporta la emoción y presenta su disposición a experimentarlo todo, pero no puede conseguir la meta sólo con su decisión y coraje.
El Hada simboliza la fecundidad, aporta el poder milagroso de conseguir la meta. Es la representación de la acción y de la capacidad infinita de generar alternativas. Normalmente propone soluciones al héroe cuya inteligencia no comprende pero que siguiendo las indicaciones, -a menudo extrañas-, el conflicto se resuelve y las necesidades se satisfacen.
A toda pregunta verdadera y viva (Rey) corresponde una respuesta precisa (Héroe) en el infinito de los posibles (Hada).
La forma más justa de hacer la pregunta será situándola en la realidad total que incluye todas las posibilidades y potencialidades.
En este sentido los cuentos nos ayudan a vivir en volumen y a aprender a...
- preguntarlo todo (rey - reflexión)
- experimentarlo todo (héroe - emoción)
- realizarlo todo (hada - acción)
El desarrollo de las capacidades de aprendizaje suelen hacer referencia a estas tres capacidades o sus equivalentes
Capacidades subjetivas y equivalencias
Reflexionar
Hacer
Sentir
Cognitiva
Psicomotriz
Afectiva
Saber
Saber hacer
Saber ser
Conceptos
Procedimientos
Actitudes
Aplicar
Manipular
Valorar
Cabeza
Mano
Corazón
Rey
Hada
Héroe
Una Doble Inteligencia
Los estudiosos de la pragmática de la comunicación afirman que nuestro sistema neurológico posee dos lenguajes particulares.
Uno de ellos es objetivo, definidor, cerebral, lógico, analítico; es el lenguaje de la razón, de la ciencia, de la interpretación y la explicación, es el lenguaje de la mayoría de las terapias.
El otro lenguaje es mucho más difícil de definir, es el lenguaje de la imagen, de la metáfora y el símbolo, del reconocimiento de una totalidad a partir de un detalle esencial, es el lenguaje de la totalidad. Es capaz de la comprensión global y holística de las configuraciones, que se enfrenta desvalidamente con lo singular y lo particular.
Esto se puede ilustrar a través de los dos textos. El primero dice así:
"La pauta general del trabajo psicoterapéutico consiste en acompañar (pacing: llevar el mismo paso), es decir copiar, aceptar y utilizar las experiencias y la conducta del paciente, y por otro lado en conducir, esto es, ayudar al paciente a lograr acceso a sus recursos personales, para construir otras experiencias o experimentar las cosas de un modo diferente del habitual. El acompañamiento verbal consiste inicialmente en describirle al paciente su conducta observable en curso, teniendo el cuidado de atenerse a descripciones sensoriales. A continuación el terapeuta comienza a describir la experiencia en curso, no observable, del cliente, utilizando las siguientes categorías lingüísticas: procesos de modelado causal lingüístico; fenómenos transderivacionales; ambigüedad; estructuras menores incluidas, y significados derivados".
Y, el segundo:
"Un día yo regresaba de la escuela con un grupo de amigos, cuando un caballo desbocado con el cabezal puesto nos pasó a toda velocidad y se metió en una granja, buscando agua para beber. De un salto monté al caballo… Como tenía las riendas puestas, logré sujetarlas y le dije: "¡Arre, arre!", conduciéndolo a la carretera. Sabía que el caballo trotaba y galopaba. De vez en cuando olvidaba que estaba en la carretera y comenzaba a correr a campo traviesa. Entonces yo le tironeaba un poco las riendas y dirigía su atención hacia el camino. Finalmente, a unos seis kilómetros del lugar donde lo monté, dobló y entró en una granja. El granjero exclamó: "Así que la criatura ha vuelto. ¿Dónde lo encontró?". Le dije: "A seis kilómetros de aquí". "¿Cómo sabía que debía traerlo a este sitio?" Le respondí: "El caballo lo sabía, yo no… Lo único que hice fue mantener su atención fija en la carretera".
Ambos fragmentos explican la misma idea: El modo en que debe dirigirse un trabajo psicoterapéutico, según el psiquiatra Milton Erickson. La diferencia está en que el primer texto está dirigido a la inteligencia analítica y el segundo se dirige a la inteligencia intuitiva.
La psicología del pensamiento distingue, de modo similar al descrito, entre el pensamiento dirigido y el no dirigido. El primero sigue las leyes de la lógica del lenguaje, es decir, de su gramática, su sintaxis y su semántica. El lenguaje no dirigido se funda, por el contrario en los sueños y fantasías, en las vivencias del mundo interior y en cosas similares. Tiene sus propias reglas "alógicas" que se expresan en chistes, juegos de palabras, alusiones veladas…
Por su parte, la lingüística y la investigación semiótica manejan una división casi idéntica: la modalidad digital y la analógica.
Entre una palabra cualquiera y su significado sólo existe la relación establecida por un convenio tácito de que esa secuencia de signos abstractos signifique el objeto que designa (lenguaje digital). Pero existe también la posibilidad de emplear signos que tienen una relación sensible e inmediata con el significado, en cuanto que presentan una analogía o similitud. Ejemplos de ello son los símbolos de los mapas, imágenes y signos de todo tipo (lenguaje analógico). También existen palabras onomatopéyicas que responden a esta definición como chapotear, crujir, bramar…
A propósito de este doble lenguaje la Gramática Transformacional indica que el ser humano realiza dos transformaciones de la información que recibe del mundo para poder entenderlo y comunicarse con él:
- Una primera transformación de tipo sensorial basada en imágenes, sonidos, sensaciones, olores y sabores.
- Una segunda transformación de tipo lingüístico que intenta traducir la primera en un discurso verbal estructurado.
Interpretar el Mundo o Simplemente Percibirlo
"La cultura es el movimiento del aprender, la aventura de lo involuntario que encadena una sensibilidad, una memoria y luego un pensamiento".
(Deleuze)
Las personas en primer lugar perciben el mundo con su sistema sensorial, lo que les hace experimentar emociones y después le atribuyen el significado mediante la construcción lingüística. Podemos afirmar desde esta perspectiva, que el ser humano realiza traducciones lingüísticas acerca de lo que percibe del mundo.
Estas traducciones conforman nuestros particulares mapas del mundo y tienen un carácter provisional. De modo que nunca alcanzan a explicar todo el ámbito sensorial de la persona. Jacques Lacan diría que, aunque se pueden satisfacer deseos concretos, nunca podemos apresar el goce que se desplaza más allá de nuestro alcance lingüístico. Sin embargo, seguimos intentándolo una y otra vez.
La atracción que nos produce el mito del príncipe azul nos habla de esto. Las montañas que están a lo lejos poseen una tonalidad azulada. Color que se transforma en pardo conforme nos vamos acercando a ellas. En ese momento, las montañas que ahora vemos en la lejanía adoptan el color azul. Color que mantendrán hasta que nos acerquemos más. El proceso se repite indefinidamente manteniendo deseable lo que está lejano e inaccesible.
La pequeña o gran insatisfacción que nos provoca la incapacidad de explicarnos total y profundamente genera un vacío en nosotros que nos arrastra a seguir intentándolo, a seguir comunicándonos. Cuando nos hablan del estreno de una película de amor, o de cualquier otro género, no dejamos de ir a verla porque hayamos ya visto alguna de esas. Al contrario, vamos a verla para ver si en esta ocasión podemos acceder a ese núcleo duro de la estructura profunda y llenar ese vacío. En una ocasión le preguntaron a Visconti sobre la película suya que más le había gustado a lo que él contestó: "Una que soñé ayer".
Gran parte de los problemas comunicacionales e incluso muchas construcciones depresivas se gestan en intentos de traducción de lo sensorial a lo lingüístico, ya que las personas vamos atribuyendo significados a lo que sentimos y ello depende de la eficacia de nuestro procedimiento de autoconocimiento y autogobierno.
Lacan abunda en esto cuando establece tres registros de comunicación y elaboración de la realidad: El Imaginario, el Simbólico y el Real. Siendo lo simbólico el instrumento gramatical y conversacional del registro imaginario.
Con estas dos traducciones del mundo se genera en la persona una doble estructura del lenguaje que funcionará como su propio sistema subjetivo de conocimiento y comunicación:
La estructura profunda, perteneciente al ámbito de lo sensorial y la estructura superficial basada en la lógica lingüística y que intenta traducciones permanentes de la primera.
Por la misma razón, pero operando a la inversa, puede decirse que cualquier idea o pensamiento puede traducirse a referencias sensoriales.
Nuestro pensamiento se asienta en la codificación sensorial que hacemos del mundo. Nuestra vitalidad interior o aquello que nos emociona y en lo que ponemos el corazón.
En las situaciones de la vida en las que recibimos un impacto de alta intensidad emocional no solemos elaborar un discurso intelectual basado en la lógica formal, normalmente nos limitamos a suspirar, a gritar, o sencillamente, a enmudecer. El impacto sensorial va primero, el razonamiento es una operación posterior.
La explicación más significativa de nuestros estados emocionales se realiza en un registro lingüístico basado en la descripción sensorial. A veces vemos el futuro sombrío cuando se nos nubla el día. O intuimos que estamos destinados a hacer algo grande. O no vemos clara la información que se nos presenta, o nos suena mal, o nos sienta peor que un dolor de muelas. El color del cristal con el que miramos la vida es la referencia esencial en cuanto a la construcción de nuestros criterios y opiniones. Desde la perspectiva filogenética, el registro sensorial está instalado en nuestro sistema neurológico mucho antes que el lingüístico.
La descripción sensorial que hacemos de la realidad nos aporta una información de una calidad diferente a la naturaleza del razonamiento intelectual y nos conecta con nuestra inteligencia inconsciente, que es la que alberga la creatividad para buscar alternativas a lo que nos ocurre y para insistir en la búsqueda de lo que más nos emociona en la vida. Esa insistencia de nuestro principio del deseo es el estímulo esencial que orienta nuestro radar de atención hacia el mundo.
Conciencia Interior y Conciencia Exterior
En el ritual de la Danza del Sol no sólo encontramos una referencia al solsticio de Verano o sol ascendente (mundo exterior-cultura). Sino también una referencia a la creciente luz de la conciencia emergente (mundo interior-psique).
Existe una relación entre el sistema neurológico del individuo y el sistema ecológico y cultural circundante.
"Un mito está vivo mientras representa el modelo relacional más funcional, la imagen más exacta, el tono más acorde de una época".
(Bond)
Muchas veces el mito personal toma fuerza a partir del crepúsculo del mito colectivo.
Tolkien fue soldado en la Primera Gran Guerra. El horror que pasó le indujo a crear su universo mítico de "El Silmarillion" y su posterior obra de "El Señor de los Anillos". Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a manifestarse.
Lo importante es nuestra capacidad para dar forma y significado a nuestro mito personal. Mito, cuyo primer impulso se manifiesta como en las situaciones en las que accedemos a la comprensión de algo. Entender una cosa aporta una sensación de vitalidad, la experimentación de que en tu vida todo encaja. La percepción del propio mito tiene relación con lo que Jung denominó "lo numinoso": un fogonazo de intensa emoción que puede arrastrarnos, a no ser que lo mediaticemos con rituales. Ésta es, según Jung, la base de la experiencia espiritual, aunque no tiene por qué ser patrimonio exclusivo de las religiones.
Todo lo que estamos diciendo tiene relación con que el sistema de entrada del pensamiento, lo que codifica su sentido para nosotros mismos, es nuestra sensorialidad externa e interna. Lo que vemos, oímos y sentimos, desde el exterior y desde nuestro interior.
Los grandes mitos de la vida de las personas tienen relación con la sensorialidad. En muchos casos con la percepción de la luz.
Cuentan que Lutero estaba paseando por las colinas de los alrededores de su ciudad y de repente vio la imagen de un abeto con el cielo estrellado de fondo. Esta imagen le impactó poderosamente y a raíz de ello, decidió hacer explícito el Cisma con la Iglesia Católica que ya se venía gestando. El episodio fue tan significativo para Lutero que se convirtió en el rito del Árbol de luces que las familias ponen en Navidad en sus casas.
Otro ejemplo de lo que estamos hablando se refiere a la génesis del símbolo de los soles gemelares que representan la diarquía del bien y del mal. El Sol en verano describe una parábola más alta y en invierno dibuja una parábola más baja. Con esta base la simbología clásica representa la idea de que en la antigüedad se pensara que había dos soles (Símbolo de los Soles Gemelares). Con el sol de invierno vienen los problemas climáticos hasta amenazar la supervivencia, la escasez de víveres, etc. Con el sol de verano vienen las cosechas del campo y la vida apacible. El símbolo de los soles gemelares representa la idea del Bien y del Mal como conceptos morales.
El lenguaje metafórico y sus símbolos basados en la descripción de lo sensorial intenta acceder a la estructura más profunda del individuo, allí donde éste busca con su propio sistema las mejores soluciones a sus problemas. Ningún mito es eterno pero el potencial que lo sustenta permanece.
"El símbolo universal es el único en el que la relación entre el símbolo y lo que representa no es coincidente sino intrínseca. Tiene su raíz en la experiencia de la afinidad que existe entre una emoción o un pensamiento, por una parte, y una experiencia sensorial, por la otra. Puede ser llamado universal porque es compartido por todos los hombres, en oposición no solamente al símbolo accidental, que es por su naturaleza completamente personal, sino también al convencional, limitado al grupo de personas que participan del mismo convenio. El símbolo universal tiene sus raíces en las propiedades de nuestro cuerpo, nuestros sentidos y nuestra mente, que son comunes a todos los hombres, y por consiguiente no se limita a personas o grupos determinados. El lenguaje del símbolo universal es, en verdad, la única lengua común que produjo la especie humana, lenguaje que olvidó antes de que lograra elaborar un lenguaje convencional universal".
(Erich Fromm)
Las Múltiples Realidades
La trama de un relato encierra una multiplicidad de subtramas que afectan al oyente en sus distintos niveles perceptivos y esto recuerda un cuento:
"Dos amigos se van de viaje, salen temprano y empiezan a caminar. Después de bastante tiempo se sienten fatigados, llegan a un río y en la ribera, se sientan a comer y descansar. Uno de ellos se duerme y abre la boca... al cabo del rato, sale de su boca abierta una mariposa.
La mariposa sale volando y va remontando el río. Se encuentra con otra mariposa y llegan a una curva del río en donde hay un animal grande y muerto en estado de descomposición. En el interior de la osamenta hay un mundo de insectos y bichitos.
El hombre despierto en la orilla del río, sin saber por qué, lanza una piedra hacia las mariposas, se estrella en el agua y a la primera mariposa le cae una gota. La mariposa cae al suelo. No puede volar. Vuelve a intentarlo y puede remontar el vuelo y vuelve a la boca del hombre dormido. Antes de llegar, una hoja de árbol cae en la boca del compañero. La mariposa cae al chocar con la hoja, remonta el vuelo y vuelve a entrar en la boca; lo consigue.
El hombre dormido se despierta y le cuenta a su amigo que ha tenido un sueño muy extraño: Quiso salir de su pueblo y comenzó a volar, salió de su tierra y encontró a una pareja. Llegaron a una nueva tierra. Después se puso a llover mucho y en la tormenta se cargó de agua y no podía volar. Después de varios intentos volvió a remontar el vuelo y decidió regresar a casa. Cuando llegó a su casa no podía abrir la puerta, la cerradura estaba tapada y no conseguía introducir la llave. Por fin logró abrir insistiendo mucho y cuando entró en casa se despertó".
Las personas no afrontan directamente el mundo, sino que construyen representaciones de él como sistema de producción de sentido de lo que les rodea. Las posibilidades de construcción de estos mapas personales son infinitas.
En cada relato coexisten múltiples realidades: La de los amigos viajeros, la de la mariposa, la del lanzador de la piedra, la del hombre volador... Y muchas más. Sin embargo, lo más importante para el espectador de estas múltiples realidades es que despierta en él la capacidad de generar diversas ópticas de solución ante cualquier problema.
La gravedad que experimentamos acerca de muchos problemas en la vida suele coincidir con el número de veces que hemos intentado solucionarlo sin éxito. Según la escuela de comunicación y terapia estratégica, la base de gran parte de los conflictos psicológicos y de los desórdenes emocionales se basan en una deficiente estrategia de comunicación del ser humano consigo mismo.
Muchas veces, la persona centra su atención sobre algo que ha observado que le ocurre últimamente, como por ejemplo, una ligera dificultad para conciliar el sueño. Si logra enfocar su inteligencia consciente y voluntaria sobre este episodio, que inicialmente es banal, puede construir un insomnio de considerables proporciones y pensar sobre una cadena interminable de sus eventuales causas.
Normalmente generamos el conocimiento que tenemos del mundo a partir de la generalización de experiencias concretas que tenemos en la vida. De este modo, atribuimos un significado lingüístico a las cosas que nos ocurren. La estructura superficial del lenguaje es el lugar en el que se albergan las creencias y presuposiciones que tenemos sobre las cosas y muchas veces es el lugar en el que se perpetúan los problemas. Esto suele ser así porque cuando algo nos preocupa intentamos darle una explicación y con ello orientamos nuestra atención hacia el problema siguiéndole la pista y normalmente repitiendo nuevos episodios del mismo.
Muchos aprendizajes se consideran completamente consolidados cuando somos capaces de olvidarnos de que lo sabemos, es decir, cuando pasan a ser gobernados por nuestra inteligencia involuntaria y su ejecución no nos exige una alta concentración sobre el asunto. Piénsese en la habilidad para ir en bicicleta o para conducir un coche. La orientación de nuestra atención sobre mecanismos de aprendizaje muy integrados pueden traernos malas consecuencias y hacernos retroceder en nuestro nivel de competencia sobre el asunto.
La obsesión por controlar nuestra vida y el mundo que nos rodea es precisamente lo que puede conducirnos a un desorden mayor sobre alguna o varias áreas de la existencia.
A continuación se propone un sencillo ejercicio para iniciar cualquier proceso de entrenamiento del enfoque de la atención:
Conecta con tu respiración y orienta tu atención a tu interior...
En este momento la Tierra se mueve... y lo hace en distintos sentidos... Sobre sí misma. Alrededor del Sol y alterando su propio eje.
En el mismo sentido, hay otras cosas que no puedes notar y que sin embargo ocurren: la actividad de los neurotransmisores, la incorporación del oxígeno a los tejidos, la regulación de la presencia del calcio en los huesos, la digestión...
Si te basas sólo en la mirada y en lo que notas, parece que el que se mueve es el sol frente a nosotros.
Los antiguos pensaban que había dos soles gemelos: el de invierno (portador de catástrofes, frío y mala vida) y el de verano (que traía el bien, la cosecha, el buen tiempo...). Creían que había dos soles porque en cada estación el sol describe un recorrido diferente.
Hay algunos aprendizajes que están produciéndose en ti y que no notas... Lo que debes hacer es ayudarlos a instalarse en tu inteligencia, en tu mente, aún sin conocerlos.
Sabes cómo mantener el equilibrio del cuerpo en estos momentos, pero no sabes cómo lo consigues, qué músculos mueves primero y cuáles después...
El cambio que necesitas hacer en este aspecto de tu vida es inevitable, simplemente hay que dejar que ocurra...
No notamos todo lo que ocurre y sin embargo, no por eso deja de suceder. No podemos ejercer el control sobre el funcionamiento de la realidad. En realidad es al contrario, podemos controlar muy pocas cosas.
Origen e Historia de los Cuentos
El cuento es uno de los géneros literarios más antiguos de la humanidad. De la tradición oral pasó a ser escrito por los "cuentistas", pero sigue estando vigente y aún se sigue transmitiendo oralmente. Traspasó las barreras generacionales, culturales, lingüísticas, territoriales y los muchos siglos que los separan entre una y otra época. En su divulgación y propagación formaron parte importante los padres y, primordialmente, los abuelos y las abuelas y, por supuesto, los maestros de escuela. Los cuentos hicieron abrir los ojos de generaciones de niños ávidos de saber y de conocer, estimulando y motivando su fantasía.
Las diversas hipótesis sobre el origen de los cuentos aportan cierta luz sobre su propia esencia y funcionamiento pedagógico y terapéutico.
Marie Louise von Franz realizó un sugestivo análisis sobre el origen de los cuentos de hadas que podemos generalizar a todo tipo de relatos en el ámbito en el que estamos hablando.
La primera hipótesis se refiere a que los cuentos son la expresión de los procesos psicológicos del inconsciente colectivo. Constituyen un sistema relativamente cerrado que expresa un sentido psicológico esencial traducido a una serie de imágenes y símbolos.
Las características básicas del cuento son la narratividad, la ficción, y la extensión. La brevedad del cuento es una necesidad interna y externa, estructural y psicológica que responde a una ley universal que dice que hay una proporción inversa entre intensidad y extensión o, lo que es lo mismo, sólo lo breve puede ser intenso. Intensidad y condensación son pues, características del buen cuento. La brevedad del cuento impone una lectura breve, una gran atención del lector y gran intensidad del efecto. El efecto del cuento consiste en la percepción súbita de símbolos que enjuician la realidad cotidiana y llevan al lector más allá, deben ser llevados a vivir una experiencia límite.
En segundo lugar se apunta a que los cuentos son retazos de creencias sepultadas hace tiempo por las culturas y religiones dominantes. Desde esta óptica, el paganismo y sus creencias sobreviven bajo la influencia de las religiones oficiales carentes de emoción y vitalidad, más preocupadas por el control social de la población que por su educación y desarrollo. Esta hipótesis apunta a la idea de que los cuentos integran un gran sistema clandestino de conocimiento que podría simbolizarse en un gran espejo, en el que cada relato representa una pequeña porción de cristal. Los hermanos Grimm se dedicaron durante muchos años a intentar coleccionar todos los cuentos del mundo para recomponer ese gran espejo.
Existen diversas respuestas sobre el nacimiento de los cuentos, los hermanos Grimm fueron los primeros en plantearse este problema de los orígenes de los cuentos y determinaron una teoría que fue adoptada por el investigador Max Müller y desarrollada por el filósofo austriaco Hahn en su obra “Cuentos Griegos Albaneses”, que sostienen mitos de los pueblos europeos, los cuales pertenecen a la misma familia aria.
Estos pueblos, al desmembrase, habrían llevado al lugar geográfico al que emigraron los gérmenes de su mitología contenida en el fondo de sus idiomas. Estos antiguos mitos que eran patrimonio común, se desarrollaron y transformaron en el transcurso del tiempo.
El último producto de esa transformación son los cuentos populares. Por eso no es extraño que todos los pueblos arios presenten cuentos con rasgos análogos, los hermanos Grimm creían que los cuentos eran fragmentos de la mitología germana que habían sobrevivido a la conversión de los germanos cristianismo.
Con ese criterio "La Bella Durmiente" se podrá interpretar como el mito de Sigfrido, en el cual la conexión con los dioses ha desaparecido y las llamas para salvar a la valquiria Brunilda se ha transformado en una muralla de rosas.
La mayor parte de los cuentos se crearon en un período en que la religión constituía la parte fundamental de la vida. Por esta razón casi todos tratan directa o indirectamente de temas religiosos. Así, los cuentos de "Las Mil y una Noches" están llenos de referencias a la religión islámica y muchos otros hacen alusión a historias extraídas de la "Biblia".
También se hipotetiza la posibilidad de que los cuentos son expresión de profundas verdades filosóficas y místicas sobre el mundo y sobre los dioses. Relatan cómo se iniciaron los pensamientos elementales de la humanidad. Son pensamientos innatos y comunes a todas las culturas: Pensamientos de los pueblos o arquetipos. El nacimiento de la belleza, del amor, de la guerra, de los fenómenos naturales, etc.
La cuarta hipótesis se refiere a que los cuentos se derivan de la experiencia onírica.
En síntesis, el cuento es un sistema relativamente cerrado, que expresa un sentido psicológico esencial y único, traducido en una serie de imágenes y sucesos simbólicos.
Para que este factor desconocido penetre en la conciencia, son necesarios una considerable multitud de intentos, cientos de cuentos y miles de versiones (comparables a las variaciones de un tema musical), sin que por ello el tema llegue a agotarse. Este factor desconocido es lo que Jung llama el Sí-mismo, la totalidad psíquica del individuo que, paradójicamente, es también el centro regulador del inconsciente colectivo. Cada individuo, cada pueblo, tiene su propia forma de experimentar esta realidad psíquica.
Podemos concluir que, a pesar de su carácter totalmente colectivo, los mitos están ligados estrecha y absolutamente al individuo. Toda abstracción que no tenga en cuenta al ser humano, con sus estructuras y necesidades psíquicas, conduce a un caos de significaciones arbitrarias y a un empobrecimiento. Y aquí nos hallamos ante una dificultad, toda nuestra formación académica tiende a despreciar el factor del sentimiento.
Desde la infancia se nos empuja constantemente a reprimir las reacciones emotivas personales y a educar el espíritu para que se convierta en "objetivo". Muchos intelectuales descuidan los factores de emoción y sentimiento que van siempre ligados a una imagen arquetípica. Se pueden agrupar todos los grandes cuentos existentes en el mundo, pero lo que habremos reunido no tendrá absolutamente ningún significado si se ha dejado de lado la experiencia afectiva que ello tiene el individuo.
Intentamos dejar que el cuento se haga explícito, tomando como punto de partida no una teoría previamente establecida, sino la idea de que se trata de un misterio vivido por un ser humano que intenta comunicarlo lo mejor que puede.
Dicha comunicación tan profunda y dificultosa debe traducirse a lo que Erich Fromm llamó el lenguaje olvidado.
Al hablar de cuentos, se hace imprescindible hacer referencia a Walt Disney, quien, hace ya más de medio siglo, comenzó a dar popularidad universal a decenas de cuentos dejando una huella visual, no literaria.
La Influencia de los Cuentos en el Desarrollo de los Niños
Los cuentos pueden resultar de gran ayuda terapéutica para personas con trastornos de conducta y son un instrumento ideal para superar barreras lingüísticas y mentales. Son una herramienta estupenda, para enseñar, compartir, comprender e incluso sanar muchos asuntos internos y relaciones personales. Sirven tanto para niños como para adultos, además ayudan a dormir y al despertar de nuestra consciencia y autoconocimiento.
Aportan importantes mensajes, tanto a nivel consciente como inconsciente. Al hacer referencia a los problemas humanos universales, estas historias hablan por sí solas y estimulan el desarrollo en los niños y la transformación en los adultos, mientras que, al mismo tiempo, liberan de pulsiones inconscientes.
Los cuentos de Andersen nos ayudan a comprenderlos como una terapia del interior. Los pequeños se quedan con la narración pura, mientras los adultos caen en su hechizo al captar los valores más profundos. Saben llegar al alma de niños y adultos, porque tienen poder de comunicación y de poesía. Son de plena de actualidad en estos tiempos de violencia cuando más se necesitan mensajes de bondad y pacificación, de recuperación de los valores humanos. Podemos comprobar como desprenden sentimientos sublimes que no están alejados de la realidad, sino que surgen como una necesidad frente a la precariedad de la complicada vida humana aportando comprensión, tolerancia y la esperanza en un mundo mejor. Otro rasgo de modernidad de Andersen es que sus cuentos están llenos de un humor disparatado con los que continúa haciendo reír a niños y adultos con situaciones absurdas y de humor lúdico.
Andersen fue capaz de reunir en forma de relatos las tendencias más habituales de la persona, sus interrogantes y frustraciones, en sus cuentos aparece la esencia del hombre y temas tan básicos de la persona como son la envidia, el miedo al cambio, la necesidad de tener el sustento asegurado…
Los cuentos estimulan la imaginación y el afecto de los niños. Cuando los niños escuchan "Érase una vez..." se sienten entrar en un mundo mágico, aún sin disponer de la tecnología con la que tan familiarizados están. Sólo con palabras y cambios de tono (altos y bajos), se crean imágenes en sus mentes con las que parecen viajar sobre una alfombra mágica como Aladino al país de "Nunca Jamás" al lado de Petter Pan y Campanilla, aunque estos personajes puedan tener otras connotaciones de las que hablaremos en otra ocasión.
Contar cuentos estimula la comunicación afectiva. El niño siente que se le dedica un tiempo especial en un intercambio de voz y pensamiento. Se le da rienda suelta a su imaginación y el mundo lleno de reglas se detiene por un momento.
Los cuentos advierten de las consecuencias destructivas que puede tener el fracaso en el desarrollo de niveles superiores de identidad responsable, Ejemplos como las hermanastras de Cenicienta o el lobo feroz de Caperucita Roja, sugieren al niño la manera de esforzarse para llegar a una integración superior y lo que ésta implica.
Asimismo, el niño obtendrá un significado distinto de la misma historia según sus intereses y necesidades del momento. Si se le ofrece la oportunidad, recurrirá a la misma historia cuando esté preparado para ampliar los viejos significados o para sustituirlos por otros nuevos.
Presentan muchos aspectos que vale la pena explorar además del significado y el impacto psicológico. Por ejemplo, nuestra herencia cultural encuentra expresión en tales historias y a través de ellos llega a la mente del niño.
Está comprobado que los cuentos favorecen la adquisición del lenguaje, desarrollan confianza en las cualidades propias, despiertan curiosidad por el aprendizaje de cosas nuevas y liberan la imaginación del niño. El hecho de verse acompañados en sus fantasías por sus maestros y padres les brinda seguridad.
Es cierto que no solemos tomar en serio las historias fantásticas que cuentan los niños y sin embargo sólo serán capaces de elaborar sus temores, si le prestamos atención y nos implicamos en sus fantasías. Tenemos que tener en cuenta que los cuentos demuestran a los niños que también otras personas conocen su mundo de sueños y personajes, que no están solos frente a sus problemas.
Un buen cuento lleva cierta carga de aventura, en el sentido de desafío, con sólo colocar a los personajes frente a situaciones problemáticas.
El relato de cuentos se enriquece si se acompaña de gestos, cambios de voces y de entonación, pausas suspensivas y otros elementos extralingüísticos. Son muy eficaces las preguntas que se le plantean al niño en un momento dado, pues lo involucran más en la historia.
Resultan ideales para mejorar la educación de los niños y favorecer la vida familiar. Ya sea en familia o en el aula; como audio o como lectura; con dibujos o con texto, padres y maestros podrán divertir y educar en valores a niños de cualquier edad. A diferencia de cualquier otra forma de literatura llevan al niño a descubrir su identidad y vocación, sugiriéndole también qué experiencias necesita para desarrollar su carácter.
Bruno Bettelheim, célebre psicólogo infantil, se interesó en la influencia que podían ejercer los cuentos de hadas en los niños y llegó a la conclusión que tienen una extraordinaria importancia para su formación moral e intelectual. Bettelheim sostenía que la tarea más importante en la educación de un niño es la de ayudarle a encontrar sentido a la vida y a comprenderse mejor así mismo y a los demás, a fin de lograr relaciones satisfactorias llenas de significado.
Para que un cuento atraiga la atención de un niño, éste debe ser divertido y, además, le debe causar curiosidad. Para enriquecerlo, la historia debería estimular su imaginación, ayudarle a desarrollar su inteligencia, esclarecer sus emociones y ayudarlo a reconocer sus dificultades, sugiriéndole soluciones a los problemas que le inquietan, fomentando la confianza en sí mismo y en su futuro.
Muchos padres están convencidos de que los niños deberían conocer únicamente el lado bueno de las cosas, para evitarles sufrimientos o preocupaciones tempranas. Sin embargo, los cuentos de hadas les transmiten que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable y que si uno no huye y se enfrenta a las privaciones inesperadas, a menudo injustas, puede llegar a dominar todos los obstáculos.
Los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial. La maldad está siempre presente, igual que la bondad, pero nunca en una sola persona sino en personajes diferentes.
En los cuentos de hadas el malo siempre pierde, de modo que la convicción que se transmite es que la maldad no resuelve nada y, de esta manera, se le persuade, de un modo muy efectivo, sobre la necesidad de adquirir unos valores éticos y morales. Se pueden utilizar muchas analogías como enseñanza en valores a los niños, sobre todo haciendo referencias a las cosas que ellos conocen y manejan cotidianamente.
El héroe es la figura más atractiva que favorece la identificación e imprimen en el niño las huellas de la moralidad con más fuerza que cualquier enseñanza.
Los personajes de los cuentos de hadas no son ambivalentes, es decir, no son buenos y malos al mismo tiempo. Cenicienta es buena y las hermanastras son malas, ella es hermosa y las otras son feas, ella es trabajadora y las demás perezosas. Esta particularidad ayuda al niño a comprender más fácilmente la diferencia entre ambos caracteres. Las ambigüedades no deberían plantearse hasta que no se haya establecido una personalidad relativamente firme.
De acuerdo a esto, resulta interesante tener en cuenta la importancia que puede tener en los niños la oportunidad de conocer los antiguos cuentos de hadas que no todos tuvimos la oportunidad de conocer en el momento adecuado.
Los cuentos son parte importante de la vida de los niños; influyen significativamente en su desarrollo cognitivo, socio-emocional y moral. En muchas ocasiones se les relaciona más con su valor o contenido lúdico, sin embargo, también podemos hablar de los cuentos desde el punto de vista pedagógico y psicoterapéutico.
Favorecen el Desarrollo Cognitivo
Al presentarle un cuento a un niño estamos despertando su curiosidad y abriéndole la puerta a la imaginación. Pasamos a la primera página y el niño ve, si es pequeño, una ilustración muy grande y dos líneas de texto que describen la escena; pero él está esperando entender qué pasa en esa imagen; entonces, el adulto comienza a leer y se inicia el viaje a su mundo de fantasía.
Si hacemos este viaje todas las noches antes de dormir, entonces estamos creando un hábito; el hábito de la lectura y tal vez después, ya no sea sólo en las noches; sino que el niño busque un momento durante el día para acercarse a la biblioteca familiar y tomar un libro. Crear un espacio para la lectura es desarrollar la capacidad de atención y concentración, entender las relaciones de causas y consecuencias, el aprendizaje de nuevas palabras, mejorar su ortografía y dicción; es exponerlo a conocimientos sobre otras culturas y costumbres.
Brindan Respaldo Emocional
Los personajes principales de las historias tienen, mayormente, características muy definidas, en ocasiones muy opuestas; los niños tienden a identificarse con un determinado rol en particular o señalan también a personas de su entorno como parte de la historia que están leyendo. En el desarrollo del contenido del cuento es capaz de identificar emociones y de conocer la resolución de conflictos que se presentan.
Si bien es cierto, en los cuentos no podemos ver la totalidad de la complejidad de la naturaleza humana, pues nos muestran más bien personajes que son totalmente buenos o terriblemente malos; pero sí permiten que el niño tenga un acercamiento sobre los sentimientos y acciones humanas. Es una representación del mundo, es saludable que uno crezca sabiendo que hay aspectos positivos y negativos en la vida real, que se presentan situaciones en las que se debe tomar una decisión y que uno tiene las herramientas para poder hacerlo.
Fomentan la Autoestima Infantil
Fomentar la autoestima del niño es posiblemente la faceta más importante de la educación infantil. Los niños con la autoestima elevada crecen confiados y felices, saben que los sucesos que tienen lugar en la vida no siempre suceden como desean pero se sienten capaces de enfrentarse a ellos. Sus historias e ilustraciones van a llevarlos hacia un camino donde podrán reconocer sus propios personajes y a veces sentirse identificados con ellos.
Son una Buena Herramienta Profesional
Los profesionales orientados a la población infantil utilizan los cuentos como un medio para lograr objetivos concretos.
En el caso del profesorado de educación infantil, los cuentos son un punto de partida para la dramatización de escenas, incentivar la comprensión lectora o crear un espacio perfecto para la vinculación con sus alumnos.
Se han realizado también proyectos para la enseñanza de valores a través de cuentos, en los que, dependiendo de la edad a la que iban dirigidos, se construyen contenidos en donde se habla sobre la solidaridad, la honestidad, la responsabilidad, la puntualidad, etc.
En el campo de la psicoterapia también se ha utilizado el recurso del cuento para el trabajo con niños; desde la aplicación de pruebas proyectivas, hasta el uso dentro del espacio psicoterapeútico.
Los cuentos son un recurso didáctico, un instrumento de estimulación cognitiva, un medio para aprender valores y también una oportunidad para reparar situaciones pasadas y presentes, pero, sobre todo, crean un espacio perfecto de vinculación, de intimidad familiar y de demostración afectiva entre padres e hijos.
La adolescencia es un momento de especial intensidad en cuanto a lo que estamos hablando. En términos Junguianos, podemos decir que el adolescente se enfrenta al mundo en las mismas condiciones que el ser humano adulto afronta influencia mítica del arquetipo. Imagínenlo ante una potente situación emocional que experimenta por primera vez y para la que aún no existe palabras que puedan expresarla. Imaginen también que la persona intenta expresarla una y otra vez lo mejor que puede. La adolescencia es una época de culminación de la pubertad en la que priva la dictadura hormonal, con notables cambios fisiológicos que le dejan sumido en una fuerte indolencia del crecimiento. El adolescente estrena nuevas formas corporales y está invadido de un fuerte torrente imaginario para el que aún no posee señales de balizamiento que sujeten y expliquen su experiencia en el mundo.
Desde el punto de vista comunicacional el joven se encuentra en una etapa de su vida muda y alucinada. James Hillman (1999) afirma que el ser humano experimenta su proceso vital atraído por los símbolos que dan sentido a lo que experimenta. Podemos compararlo a un eventual buceador que se sumerge de noche en las aguas del río y se siente observado por centenares de peces que le enfocan con sus ojos iluminados. La atracción de esas pequeñas y múltiples lucecitas se asemejan a la atracción de los arquetipos. Lo que siente la persona que escucha un relato activa el aliento vital más profundo de su pensamiento.
Cuentos Infantiles para Adultos
Desde hace más de 20 años, en Rusia se realiza una curiosa terapia, en la que se trata de trabajar con el niño que cada adulto lleva en su interior gracias a los cuentos infantiles para adultos. Utilizan terapias basadas en contar cuentos infantiles para solucionar problemas psicológicos en adultos y, por los resultados obtenido, parece ser una terapia que funciona. En el vídeo podemos ver que cada adulto porta una figurita que encarna a un personaje y que adopta un papel en un escenario real, un pequeño tablero trasladando a una supuesta realidad. Todo tipo de problemas se trasladan a este tipo de terapias que se pueden realizar de forma colectiva o individual.
Seguramente muchos recordaréis vuestra infancia como uno de los periodos más felices de vuestra vida. Pues bien, los asistentes a estas terapias, poco a poco, terminan sacando al niño que tienen dentro, niño que se asocia a la felicidad. Sea a través de historias y cuentos inventados o mediante cuentos tradicionales y conocidos por los participantes en la terapia, se logran focalizar los problemas diarios. Parece evidente que hay que volver a ser niños para ver la vida desde otro punto de vista más amable y feliz, los cuentos infantiles para adultos han resultado ser una terapia efectiva donde el juego y la diversión, propios de la niñez, son un remedio muy efectivo.
Los cuentos infantiles para adultos se enfocan para que tengan un final feliz y, por medio de ellos, los adultos expresan sus sentimientos y preocupaciones, logran llegar a la raíz de sus problemas psicológicos y a partir de ese momento el tratamiento suele resultar más efectivo. Este es un ejemplo más del valor de los cuentos infantiles, no sólo son beneficiosos para los niños, sino también para los adultos.