Signifcado
"Mándala" es un término de origen sánscrito que significa "círculo sagrado". Esta palabra también es conocida como "rueda" y "totalidad".
"Mándala" es un término de origen sánscrito que significa "círculo sagrado". Esta palabra también es conocida como "rueda" y "totalidad".
Composición
Consiste en diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas bastante complejas del Universo en sí mismo; es tanto el microcosmos, como el macrocosmos y todos somos parte de su intrincado diseño. El mandala contiene una "enciclopedia" de lo finito y una "hoja de ruta" hasta el infinito.

Estas figuras pueden ser creadas en forma bidimensional o tridimensional.
Los Mandalas en la Historia y las Religiones
Los mandalas se han utilizado desde tiempos remotos. Tienen su origen en la India, desde donde se propagaron a las culturas orientales (budismo e hinduismo), a las indígenas de América y a los aborígenes de Australia.
El patrón del mandala se ha utilizado en muchas tradiciones religiosas y la mayoría de las culturas poseen configuraciones mandálicas o mandaloides, frecuentemente con intención espiritual.
Hildegard von Bingen, una monja cristiana del siglo XII creó hermosos mandalas para expresar sus visiones y creencias religiosas.
En América, los indios crearon las ruedas de medicina y los mandalas de arena. El calendario circular azteca era un dispositivo de cronometraje y una expresión religiosa de los antiguos aztecas.
En Asia, el símbolo taoista "Yin-Yang" es la representación mandálica de la oposición y la unión o interdependencia de los contrarios.
Los mandalas tibetanos son, frecuentemente, intrincadas ilustraciones de significado religioso que se utilizan para la meditación.


Los budistas tibetanos dicen que un mandala consta de cinco "excelencias": El maestro, el mensaje, el público, el sitio y el tiempo de creación. Para ellos el observador es imprescindible, ya que sin espectador, no existe tampoco el mandala.

Es muy probable que la universalidad de las figuras mandálicas se deba al hecho de que las formas concéntricas sugieren una idea de perfección, de equidistancia con respecto a un centro y que el perímetro del círculo evoque el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza, tal y como lo proponía la tradición helenística.
Los Mandalas en la Arquitectura
Arquitectónicamente, el mandala ha tenido gran relevancia a lo largo de la Historia: la mandorla (almendra) del arte cristiano medieval o pantocrátor románico, ciertos laberintos en el pavimento de las iglesias góticas, los rosetones de vitral en las mismas iglesias, los estupas budistas, las mezquitas musulmanas, o los diagramas de los tipis indios que representaban el "axis mundi" o eje del mundo, etc.; todas ellas muestras de una estructura construida alrededor de un centro. Los laberintos, presentes en muchas culturas, empleados como herramientas para centrar e incluso como elementos decorativos, también se pueden considerar representaciones mandálicas.
Las figuras pueden ser creadas en forma bidimensional o tridimensional. Por ejemplo, en la India hay un gran número de templos realizados en forma de mandalas. Los diseños son muy variados, pero mantienen características similares: un centro, cuatro puntos cardinales contenidos en círculos y dispuestos con cierta simetría.
La arquitectura divina que muestran los mandalas tiene relación directa con la arquitectura terrenal de la tradición budista. En la antigua India los edificios religiosos están estructurados como hogares terrenales para deidades y como bases desde las cuales pueden generar entendimiento espiritual para guiar y enseñar a otros. Versiones en miniatura de templos, estupas y otros edificios funcionan como recordatorio de los lugares sagrados y como símbolos de la presencia de lo divino y la luz espiritual en el mundo de los humanos.

Cada figura en un mandala tiene varios propósitos: funcionan como una deidad específica, como una manifestación del poder de una deidad central, como un foco de visualización y meditación o como la expresión plástica del camino de progreso espiritual. Cada una juega varios papeles distintos durante los ritos y visualizaciones que presume un diálogo entre la deidad que se encuentra en el corazón del mandala (y en sus componentes) y el practicante que se mueve, metafóricamente, desde fuera del mandala hacia su centro. En este viaje, encuentra que cada partícula del mandala forma parte de un todo, como sucede con el Universo.

Mandala, Espacio Sagrado
"Mandala" es un sinónimo de espacio sagrado que se define como un sistema ideográfico contenedor de un espacio sagrado. La relación estrecha entre espacio y sacralidad que caracteriza a los mandalas existe en todas las culturas de la historia de la humanidad: puede referirse a una cueva, montaña, gruta o isla o bien a un templo. La peculiaridad de los mandalas es que pertenecen a la tradición cultural del budismo y que tanto sus diseños como la filosofía que las sustenta implican un patrón circular.

Los Mandalas y la Psicología
Según la Psicología, los mandalas representan la totalidad del ser humano, ya que reflejarían la psique humana. Cada persona responde a ellos instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc.


Además, tienen diversos efectos beneficiosos como:
- Comenzar un trabajo de meditación activa.
- Aumentar la concentración y la capacidad de atención.
- Fomentar la creatividad y la imaginación.
- Entrar en contacto con el "Yo" interior.
- Mejorar la expresión con el mundo exterior.
- Mejorar la comprensión del mundo exterior.
- Expandir la consciencia personal.
- Desarrollar la paciencia.
- Fomentar el despertar de los sentidos.
- Comenzar a escuchar la voz interior de la intuición.
- Ganar confianza en uno mismo y mejorar la autoestima.
- Favorecer la relajación.
- Encontrar la paz, la serenidad y el sosiego.
- Mejorar física y psicológicamente.
- Vencer la rutina y el estrés gracias al estado de relajación al que inducen.
El psiquiatra Carl Gustav Jüng decía que un mandala señala el aspecto más vital de la vida: su perfeccionamiento definitivo, que simboliza "un refugio seguro de la reconciliación interior y la plenitud" y que se trata de "una síntesis de los elementos distintivos de un esquema unificado representando la naturaleza básica de la existencia".

Asimismo, expuso que las cuatro orientaciones que aparecen en ciertos mandalas se relacionan con la necesidad humana de orientación psíquica. Relacionó esto con las cuatro funciones en que dividió la conciencia humana: pensar, sentir, intuir, percibir.
Jüng consideraba que el hombre moderno está desintegrado, separado de sí-mismo, por esto decía:
"Hoy día el símbolo geométrico del círculo ha vuelto a desempeñar un papel importante en la pintura. Pero con pocas excepciones, la modalidad tradicional de representación ha sufrido una transformación característica que se corresponde con el dilema de la existencia del hombre moderno. El círculo ya no es una figura de un sólo significado que abarca todo un mundo y domina la pintura. A veces el artista lo quita de su posición dominante y lo reemplaza por un grupo de círculos negligentemente ordenados. A veces el plano del círculo es asimétrico".
"(...) El círculo es un símbolo de la psique. El cuadrado es un símbolo de materia terrenal, del cuerpo y de la realidad. En la mayoría del arte moderno, la conexión entre esas dos formas primarias es inexistente o libre y casual. Su superación es otra expresión simbólica del estado psíquico del hombre del siglo XX: su alma ha perdido las raíces y él está amenazado por la disociación. (...) Pero la frecuencia con que aparecen el cuadrado y el círculo no debe desdeñarse. (...) esas formas aparecen, a veces, como si fuesen gérmenes de un nuevo crecimiento".
Para Jüng el mandala es una forma arquetípica, de ahí que aparezca en diferentes culturas lejanas entre sí. Al mismo tiempo consideraba que la comprensión del arquetipo resulta curativa, con lo cual viene a ser lo mismo que meditar largamente sobre la imagen, fijando la atención en ella, tal y como proponen las culturas orientales. Al parecer, los mandalas más impresionantes son los que surgen directamente de la imaginación sin que haya un pensamiento o propósito preconcebido. Se utilizan para restablecer el orden perdido con anterioridad y especialmente con un propósito creador, dar a la luz algo nuevo que no existía antes; ambos propósitos se complementan.

Los Mandalas y la Espiritualidad
Más allá de su definición como palabra, desde el punto de vista espiritual es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente.
El mandala es una puerta hacia la zona más íntima del ser humano. Representa la condensación ordenante del Universo. Mediante su diseño, contemplación y meditación, el ser humano toma contacto con lo espiritual y se hace parte del todo armonioso, trascendiendo sus limitaciones presentes y las ataduras a su mundo material y conceptual.

Representa el área sagrada dentro de la que pueden surgir experiencias espirituales. La experiencia de realizar un viaje espiritual en un lugar sagrado forma parte de una de las principales concepciones religiosas del budismo. Así, el mandala es un símbolo de crecimiento espiritual cuyo punto central es la mente. La relación que se establece a través de la contemplación de la geometría del mandala incita a un estado de meditación que ayuda a explorar los rincones de la psique. Las mandalas se describen como diagramas del cosmos en un sentido externo y en un sentido interno como guías hacia prácticas de meditación.
En el uso budista, el mandala representa pictóricamente el modelo de un universo perfecto. Para esa tradición de pensamiento, es un símbolo de la iluminación conseguida a través la liberación última y la armonía suprema, pero también a través de una individualidad completamente integrada con su propio ambiente natural y social.
Los Mandalas y la Energía
Los mandalas son útiles para la activación de la energía positiva, la energetización de lugares, la meditación profunda para elevar el nivel de conciencia y para expandir la capacidad de mental y de memoria.

Los mandalas pueden ayudar en el equilibrio de los chakras, en ese caso habrá que elegir el color adecuado, dependiendo de la cualidad que se quiera trabajar. El mandala enviará impulsos a la mente interna llegando a los receptores del cerebro en donde se procesará y se obtendrá una reacción.
Meditación con Mandalas
El trabajo de meditación con mandalas puede consistir en la observación o el dibujo de éstos.
Los mandalas también son definidos como un diagrama cosmológico que puede ser utilizado para la meditación a través de sus formas geométricas concéntricas básicas (círculos, triángulos, cuadrados y rectángulos) organizadas en diversos niveles visuales.
En los escritos sagrados del Tibet se dice que durante la meditación uno debe contemplarse a sí mismo y a todas las cosas como un mandala sagrado. La persona que está meditando tiene que situarse en el centro del mandala pensando que es como el buda y que se relaciona integralmente con el intrincado diseño del Universo. Se puede ver a estas imágenes como un diagrama cósmico que nos recuerda nuestra relación con el infinito, que el mundo se extiende más allá de nuestros cuerpos y mentes. Las cuatro puertas que rodean el mandala significan la habilidad de la espiritualidad para desplegarse desde el sitio sagrado hacia otros tiempos y espacios. Los mandalas simbolizan realidades materiales e inmateriales en todos los aspectos de la vida: los círculos celestiales que llamamos Tierra, Sol y Luna, así como círculos de amigos, familia y comunidad.

Relajación con Mandalas

Los Mandalas y la Magia

Elementos de los Mandalas

Significado de las Formas
Círculo
Movimiento. Lo absoluto. El verdadero yo.
Corazón
Sol. Amor. Felicidad. Alegría. Sentimiento de unión.
Cruz
Unión del cielo y la tierra. Vida y muerte. Lo consciente y lo inconsciente.
Cuadrado
Procesos de la naturaleza. Estabilidad. Equilibrio.
Estrella
Símbolo de espiritualidad. Libertad. Elevación.
Espiral
Vitalidad. Energías curativas. Búsqueda constante de la totalidad.
Hexágono
Unión de los contrarios.
Laberinto
Búsqueda del propio centro.
Mariposa
Autorrenovación del alma. Transformación y muerte.
Pentágono
Silueta del cuerpo humano. Tierra, agua, fuego.
Rectángulo
Estabilidad. Rendimiento del intelecto. La vida terrenal.
Triángulo
Agua, inconsciente (hacia abajo); vitalidad, transformación (hacia arriba); agresión hacia uno mismo (hacia el centro).
Significado de los Colores

Un mandala siempre va a ser positivo sea cual sea su color, pero resulta doblemente útil, cuando hemos identificado algún problema y queremos atacarlo, entonces podríamos ayudarnos eligiendo algún color determinado, el cual actuaría de manera directa, acelerando el proceso.

Rojo: Primer Chakra.
Simboliza lo masculino, la sensualidad, el arraigamiento, la pasión, la esencia de la supervivencia. Es el color del amor, la pasión, la sensualidad, la fuerza, resistencia, independencia, conquista, impulsividad, ira, y odio. Impulsa la fuerza vital a todo el cuerpo. Incrementa la confianza y seguridad en si mismo, permite controlar la agresividad y evitar querer dominar a los demás. En el aspecto físico, proyecta energía la parte inferior del cuerpo, suministra fuerza a los órganos reproductores.
Naranja: Segundo Chakra.
Simboliza energía, optimismo, dinamismo, ambición, ternura, valor, autoconfianza, afán de prestigio, frivolidad. Fomenta la tolerancia para socializar y proyectarse con toda la gente. Incrementa la autoestima, ayuda a enfrentar todos los retos para la evolución de la persona. Enseña a utilizar los éxitos o fracasos como experiencias y aprendizajes. Propicia la energía positiva para llevar a cabo los proyectos y alcanzar metas. En el aspecto físico, proyecta la energía al intestino delgado y colon, todos los procesos metabólicos y los ganglios linfáticos inferiores.
Amarillo: Tercer Chakra.
Es la luz, el sol, jovialidad, simpatía, receptividad, alegría, entendimiento, liberación, crecimiento, sabiduría, fantasía, anhelo de libertad, envidia, superficialidad. Ayuda a liberar los miedos internos. Permite manejar con balance el ego, las desilusiones y todo aquello que genera emociones negativas. Ayuda a canalizar mejor la intelectualidad. En el aspecto físico, proyecta energía al aparato digestivo, hígado, vesícula, páncreas, bazo y riñones.
Verde: Cuarto Chakra.
Equivale a naturaleza, equilibrio, crecimiento, esperanza, perseverancia, voluntad, curación, integridad, bienestar, tenacidad, prestigio, falta de sinceridad, ambición, poder. Proyecta tranquilidad y balance en lo sentimental. Permite expresar los sentimientos más libremente. Expande el amor interno hacia uno mismo y los demás. Ayuda a liberarse del apego a las posesiones o las falsas excusas. Es el filtro del equilibrio en todo el cuerpo. Ayuda a controlar el sentido de posesión y los celos. En el aspecto físico, proyecta energía vital al sistema circulatorio, cardiovascular, corazón.
Azul: Quinto Chakra.
Representa tranquilidad, calma, paz, serenidad, felicidad, satisfacción, alegría, seguridad, aburrimiento, paralización ingenuidad, vacío. Ayuda a exteriorizar lo que se lleva por dentro, permitiendo evolucionar a medida que se van dando cambios en la vida de la persona. Evita la frustración y la resistencia para comunicarse con la gente, permite mostrar más tolerancia con los pensamientos de los demás. En el aspecto físico, proyecta energía a los pulmones, garganta, traquea, ganglios linfáticos superiores y ayuda a evitar las alérgicas y padecimientos de la piel.
Índigo: Sexto Chakra.
Ayuda a comunicarse con el ser interno, abriendo la intuición. Permite aprender a dejar fluir los mensajes del cerebro, conectando directamente a la inteligencia de la conciencia cósmica. Fomenta el control mental y expande los canales de recepción para percibir la verdad en cualquier cosa o nivel de vida. Estimula la confianza en ser guiado por su propio sentido interior. En el aspecto físico, proyecta energía vital al cerebro, sistema nervioso, sistema muscular y óseo.
Ó Ana Molina. "Mandala"
(acrílico sobre lienzo)
- Todos los derechos reservados -
- Prohibida su reproducción -
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Violeta: Séptimo Chakra.
Simboliza misticismo, espiritualidad, magia, transformación, inspiración, pena, renuncia, melancolía. Proyecta el contacto del espíritu con la conciencia profunda del cosmos. Expande al poder creativo desde cualquier ángulo, música, pintura, poesía, arte, permitiendo a la persona expresar su visión de la realidad y su contacto con la fuente primordial, el creador del universo. Ayuda a no ser extremista o absolutista, con el fin de expandirse explorando las dimensiones de la imaginación y el conocimiento.
Otros colores que no están asociados a los siete chakras principales, también tienen su representación simbólica en los mandalas:
Rosa
Aspectos femeninos e infantiles, dulzura, altruismo, amistad, sociabilidad, comunicación, imaginación, humor, encanto, egoísmo, necesidad de reconocimiento. Envía estímulos de equilibrio total en todos los niveles. Amor universal, bondad. Paz interna, autovaloración. Equilibra las emociones, ayuda a liberar los resentimientos, el enojo, la culpa, los celos. Si se combina con el verde o el azul, ayuda a equilibrar el extremo feminismo y la cursilería. En el aspecto físico, proyecta energía al corazón y ofrece una curación completa en todos los niveles a través del rayo rosa.
Blanco
Nada, pureza, iluminación, perfección.
Negro
Muerte, limitación personal, misterio, renacimiento, ignorancia.
Gris
Neutralidad, sabiduría, renovación.
Morado
Amor al prójimo, idealismo y sabiduría.
Oro
Sabiduría, claridad, lucidez, vitalidad.
Plata
Capacidades extrasensoriales, emociones fluctuantes, bienestar.
Diseño de un Mandala
El esquema básico para la construcción de un mandala es un círculo y cuatro puntos cardinales, aunque el círculo base puede ser reemplazado por un triángulo, un cuadrado o un octógono. A partir de ahí, es cuestión de los gustos, deseos, imaginación y creatividad individual.
Se puede decorar con imágenes místicas, como el símbolo del "Ying-Yang", una cruz, la estrella de David, lunas, estrellas, el sol, flores, aves, paisajes, nubes, figuras geométricas o cualquier otro diseño que proyecten paz y tranquilidad.
Basta con sentarte en un lugar cómodo, lograr una respiración rítmica y profunda y disponerse a observar el mandala escogido. El proceso de observación puede durar entre tres y cinco minutos.
Colorear un Mandala
Es un trabajo que puede hacer cualquier persona, sin ningún tipo de condición, siendo una práctica sencilla que redundará en beneficios personales y en la consecución del equilibrio interno.
Se escoge intuitivamente el modelo que más inspire, se selecciona el material con el que se va a pintar (lápices, rotuladores, acuarelas, etc.), instalarse en un lugar tranquilo, observar detenidamente el mandala y concentrarse en él. Si después de observarlo por un largo rato parece que se mueve, se debe a que la energía está en movimiento.
Dependiendo del momento personal y de los gustos individuales, se pueden realizar en silencio o con una música de fondo siempre que ésta sea suave, permita relajarse y aumentar la concentración.
Se pueden aplicar diferentes técnicas en función del estado de ánimo en el que nos encontremos, de lo que el mandala a pintar nos transmita y de la vinculación que hayamos logrado con su imagen. Así, si se cree que se necesita ayuda extra para exteriorizar las emociones, es preferible comenzar a darle color de dentro hacia fuera, mientras que si lo que se desea es buscar nuestro propio centro y el autoconocimiento, la técnica consiste en pintarlo de afuera hacia adentro, es decir, hacia nuestro interior. Sea cual sea la dirección en la que se decida que se va a pintar, es importante tratar de mantenerla hasta el final, para lograr el objetivo marcado a través de la dirección (hacia el interior o hacia el exterior).
La elección de los colores se puede hacer de manera intuitiva, de esta forma, también se podrá descifrar el estado de ánimo de la persona que lo realizó una vez finalizado. También se puede escoger los colores para tratar de cambiar así el estado de ánimo de forma intencionada.
Si se está tenso al comenzar y entra sueño en el proceso, significa que el mandala está cumpliendo su función de relajación y, en este caso, es preferible suspenderlo hasta haber descansado y dormido.
Si no da tiempo a terminarlo en una sola sesión, la próxima vez que se quiera pintar uno, es mejor elegir uno nuevo, ya que la elección de los colores será más acorde al estado de ánimo actual, que no tiene por qué corresponder con el de la sesión anterior en la que se dejó incompleto el mandala y que, por lo tanto, ya no cumplirá su misión.
Si se quiere emplear el mandala como guía para el auto-conocimiento, no se debe pensar en formas ni colores, sino que habrá que ir haciéndolo intuitivamente, dejando que él solo vaya guiándonos.
Elaboración de Mandalas en Grupo
La elaboración de un mandala en grupo es una experiencia unificadora en la que la gente pueda expresarse de forma individual dentro de una estructura unificada. Se pueden componer mandalas individuales que se incorporan a un trabajo más amplio o a través de una lluvia de ideas, creando una actividad agradable en la que se participa abierta y libremente con el resto de los participantes, lo cual contribuye a mejorar la capacidad de trabajo en equipo alejándonos de los conceptos de individualidad y permitiéndonos integrarnos con mayor facilidad en otros grupos o colectivos ajenos al de pintura de mandalas.
En el siguiente video se puede apreaciar la realización de un mandala por monjes budistas en Gijón, en el transcurso de las actividades de la Gira Mundial por la Paz en el año 2010.
FUENTES:
MandalaMandala