domingo, 22 de julio de 2012

Autores que Han Contribuido al Paradigma Holístico

Stanislav Grof
El Dr. Stanislav Grof es psiquiatra y tiene más de treinta años de experiencia de investigación en psicoterapia y estados de conciencia no habituales. Tras comprender las limitaciones del psicoanálisis investigó los efectos sobre la conciencia del LSD en tanto apertura de nuevas puertas de percepción. Como parte de su carrera profesional, se desempeñó durante siete años como profesor adjunto en la John Hopkins University, fue jefe de investigación en Psiquiatría en el Maryland Psychiatric Research Center y durante catorce años se desempeñó como Scholar in Residence en el Esalen Institute de Big Sur de California. Es uno de los fundadores de la psicología transpersonal y también uno de los principales teóricos de dicha corriente. Fue fundador y presidente de la International Transpersonal Association.

Unidad del mundo. La parábola del océano
"La conciencia universal es frecuentemente comparada al océano : una masa fluida, indiferenciada, y la primera fase de la creación correspondería a la formación de olas. Una ola puede ser considerada como una entidad individual, sin embargo, es evidente que la ola es el océano y el océano es la ola. No hay separación ni distinción en última instancia.

La fase siguiente de la creación sería una ola rompiéndose sobre las rocas y evaporándose en el aire como gotas de agua, que existirán en tanto que entidades individuales durante un corto periodo, antes de ser nuevamente tragado por el océano. Así, tenemos aquí momentos fugitivos de existencia separada.

Pero imaginemos ahora el agua evaporándose formando una nube. Ahora, la unidad original se oscurece y se esconde detrás de una verdadera transformación, y es necesario tener algún que otro conocimiento de física para darse cuenta que esta nube es el océano, y el océano es la nube. Sin embargo, al final, el agua de la nube se va a reunir con aquella del océano bajo forma de lluvia.

La separación final, donde el vinculo con la fuente originaria aparece completamente olvidada, es muchas veces ilustrada por un copo de nieve que se ha cristalizado a partir del agua de la nube que, en su origen, se había evaporado del océano. Tenemos ahí una entidad muy estructurada, muy individual y separada que no implica, en apariencia, ninguna similitud con la fuente.

Ahora, tenemos realmente necesidad de un saber sofisticado para reconocer que el copo de nieve es el océano, y el océano el copo de nieve. Y para reunirse con el océano, el copo de nieve debe abandonar su estructura y su individualidad; debe someterse a la muerte de su ego, de alguna forma, para volver a su fuente."

(Extraído del libro de Fritjof Capra, "Sabiduría Insólita").



Trascripción de las palabras de la grabación de Stanislav Grof
Durante mis estudios de medicina fui voluntario en una clínica psiquiátrica. Yo decidí estudiar medicina porque leía a Freud y ya trabajaba en psiquiatría antes
de siquiera graduarme. Y mi maestro, quien obtuvo esta muestra de Sandoz, estaba interesado en LSD pero no tenía mucho tiempo, así que nos utilizo para analizar a sujetos de experimentación. Así fue que desde 1954 ya analizaba los efectos en personas. Aunque inicialmente no permitían que los estudiantes se analizaran, teníamos que esperar hasta la graduación. Y lo primero que hice en el '56 fue ser voluntario de una sesión de LSD.

Esta experiencia fue algo que cambió mi vida, profesional y personalmente. Mi preceptor, de menor rango que un profesor, Lud Zantrovichec, él estaba interesado en electroencefalografía. Y en la época en la que los experimentos se estaban llevando a cabo, él estaba especialmente interesado en un método llamado "Manejo de ondas cerebrales" o "Entrenando las ondas cerebrales". Exponía a los sujetos a una fuerte luz estroboscópica de diferentes frecuencias y estudiando los encefalogramas, analizaba las ondas de la correspondiente parte cerebral que sería la suboccipital de la estimulación óptica, y después tomaría la frecuencia que le ha sido alimentada para ver si podías manejarlas y entrenarlas. Así que, una de las condiciones puestas para que yo pudiera tomar LSD era que yo estuviera de acuerdo con realizar el EEG antes, durante y después con todo y luces estraboscópicas. Yo tuve una sesión que fue fascinante al principio, vi una increíble proyección de colores caleidoscópicos con imágenes sugerentes al Islam y a los árabes, vi la ciudad de Granada en algún momento. Después se abrió un poco más y pude explorar mi pasado, mi niñez, etcétera. Fue muy interesante, pero después se utilizó el estroboscopio, que me llevo a otro nivel completamente diferente, Ya habían pasado como 3 o 4 horas y cuando la investigadora vino y ya era hora de hacer el experimento, ella me llevo a una sala con un sofá y me recosté.

Ella pegó los electrodos en mi cabeza y trajo un estroboscopio enorme y me pidió que cerrara los ojos, luego ella lo encendió y yo aunque tenía los ojos bien cerrados, veía luces de una intensidad y brillo que jamás había visto en mi vida, que ni siquiera imaginaba que existiesen. Fue como, sabes, cuando lees literatura mística y hablan de "Millones de soles". Así lo sentí yo: Como con la intensidad de la bomba de Hiroshima. Después mi conciencia salió catapultada fuera de mi cuerpo, y perdí conexión con los investigadores, con la clínica, con Praga, con el planeta entero. Y tuve esta maravillosa experiencia con mi conciencia, abrazando todo, transformándome en El Todo. Luego ya bajando, me volví el universo entero, viaje hasta el Big-Bang y tuve experiencias innombrables hasta que leí acerca de los hoyos negros, los hoyos blancos, púlsares... fue una increíble experiencia cósmica. Ya que estaba de vuelta estaba impresionado. Y esto fue lo que generó mi interés de toda la vida en estados de conciencia alterados. Así que en estos últimos 50 años me he dedicado casi completamente a cosas relacionadas con los estados de conciencia alterados. Se volvió mi vocación, mi profesión y mi pasión.

Edgar Morin
Edgar Morin se inicia en el campo de la matemática social en el terreno de la cinematografía, aproximándose al surrealismo, aunque todavía no abandonando el socialismo, del cual comparte ideas con Franco Fortini y Roberto Guiducci, así como de Herbert Marcuse y otros filósofos. Funda y dirige la revista Argumentos (1956-1962) al tiempo que vive una crisis interior y se manifiesta contra la guerra argelina (1954-1962).

Al iniciar la década de 1960, Morin inicia trabajos y expediciones por Lainoamérica y queda impresionado por su cultura. Posteriormente empieza a elaborar un pensamiento que haga complementar el desarrollo del sujeto. Ya en Poulhan, y en compañía de sus colaboradores, desarrolla una investigación de carácter experimental que culmina con la tesis de la transdisciplinariedad, que le genera mayores contradicciones con otros académicos.

Durante la revuelta estudiantil del mayo francés (1968), escribe artículos para Le Monde, en la cual descifra el significado y sentido de ese suceso.

Con el surgimiento de la revolución biogenética, estudia el pensamiento de las tres teorías que llevan a la organización de sus nuevas ideas (la cibernética, la teoría de sistemas y la teoría de la información). También se complementa en la teoría de la auto-organización de Heinz von Förster. Para 1977, elabora el concepto del conocimiento enciclopédico, del cual liga los conocimientos dispersos, proponiendo la epistemología de la complejidad.

Consciencia sin ciencia y ciencia sin consciencia son mutiladas y mutilantes
“Las ciencias humanas no tienen consciencia de los caracteres físicos y biológicos de los fenómenos humanos. Las ciencias humanas no tienen consciencia de su inscripción en una cultura, una sociedad, una historia. Las ciencias no tienen consciencia de su función en la sociedad. Las ciencias no tienen consciencia de los principios ocultos que gobiernan sus elucidaciones. Las ciencias no tienen consciencia de que les falta consciencia.

Pero de todas partes surge la necesidad de una ciencia con consciencia. Ha llegado el momento de tomar consciencia de la complejidad de toda realidad -física, biológica, humana, social, política- y de la realidad de la complejidad. Ha llegado el momento de tomar consciencia de que una ciencia carente de reflexión y una filosofía puramente especulativas son insuficientes. Consciencia sin ciencia y ciencia sin consciencia son mutiladas y mutilantes”.

(Extraído del libro de Edgar Morin, "Ciencia con Consciencia").

Edgar Morin, el impulsor de toda una corriente de Pensamiento Complejo, nos advierte de este punto ciego que ha tenido (y en parte todavía tiene) la indagación científica: la falta de autoconsciencia, de saberse limitada y condicionada por el tiempo y el marco cultural en el que se gesta, a la vez que la necesidad de saberse profundamente interrelacionada con otros conocimientos aparentemente alejados.

Ciencia y vida se codeterminan. Ninguna puede ser -en el caso de lo humano- ajena a la otra. Este reto de construir una nueva ciencia transmoderna, que parta de los grandes logros de la ciencia en la modernidad, pero que asuma de modo más humilde sus limitaciones, es el gran imperativo en el momento presente para quienes se dedican a incrementar y cuestionar críticamente el conocimiento. La multidisciplinariedad, la complementariedad entre las ciencias físicas, básicas y positivas y las ciencias sociales y humanidades son hoy más necesarias que nunca.

Sistema frente a reduccionismo
Edgar Morin, exitosa voz discordante, es sin duda uno de los pensadores vivos más importantes. Su insistencia en proclamarse ateo refleja un rechazo claro del teísmo, de la creencia en un dios personal, pero no logra disipar en el lector la impresión de que sus propuestas favorecen grandemente el reencantamiento de la naturaleza, la “panteización” del mundo.

La teoría de sistemas (von Bertalanffy, 1901-1972) fue, para Edgar Morin, un punto de partida, y la conocida frase de Aristóteles “El todo es más que la suma de las partes”, una clave esencial. Él constata, en efecto, como von Bertalanffy, que “entidades (de un cierto orden) integran entidades (de órdenes superiores)”. Sólo que para él hay más... La complejidad no es sólo la forma anidada en que se estructura el mundo, forma que la concepción sistémica percibía ya con claridad.

La realidad compleja, que se identifica con la realidad toda, cuenta además con otros rasgos característicos. Entre ellos los siguientes:

1. Toda entidad real –y, por eso mismo, compleja– es abierta, en el sentido de estar relacional y energéticamente integrada en un medio constituido por una intrincada red de otras entidades de su mismo nivel y de otros niveles, con el que establece un intercambio energético-entrópico e informacional permanente.

2. Al mismo tiempo, toda entidad es también cerrada, en el sentido de contar con una frontera o límite que define su campo espacial de existencia. No obstante, ningún límite es absoluto ni definitivo, aunque sí puede ser estable durante largo tiempo.

3. No es la linealidad sino la circularidad (o mejor, la recursividad) lo que suministra la clave de la Naturaleza. Con gran frecuencia las dinámicas circulares no son “viciosas” (vuelven estérilmente al punto de partida) sino que son “virtuosas”, creativas.

4. Toda entidad real y por tanto compleja despliega, en alguna medida, “apariencia de finalidad”, al menos en lo que a su automantenimiento se refiere. La teleonomía no es exclusiva de la vida orgánica, aunque sí se despliega en ella con expresividad máxima. La autoorganización, basada principalmente en dinámicas recursivas, en "feedbacks", es un fenómeno universal que, por lo demás, se asocia necesariamente a la eco-organización (ver punto 1).

5. Algo parecido a una “autoidentidad” rudimentaria parece vislumbrarse en las entidades naturales, a causa de su auto-eco-organización. Aunque parezca un tanto excesivo hablar de conciencia tratándose de entidades no vivas, lo cierto es que un modelo basado en el cierre auto-organizativo más la apertura informacional proporciona una base para que la misma pueda teóricamente esbozarse a un nivel muy elemental, incluso muy atrás (o muy abajo) en la “Gran Cadena de la Realidad Compleja”, inextricablemente solidaria, por otra parte, en tanto que red con nudos entitativos múltiples.

6. Las propiedades emergentes de las entidades que surgen en los niveles de integración superiores, que postula el sistemismo, son admitidas también por el enfoque de la complejidad, pero se tiene en cuenta que el “yo” también forma parte de la red de la realidad compleja, y que en las propiedades y cualidades de todo también él se encuentra, de algún modo, implicado. La “realidad-en-sí” está ciertamente ahí, pero un mundo sensible e inteligible sólo nace de la interacción entre dicha realidad y el sujeto, sólo nace en la "interface" de ambos, por lo que todo descubrimiento (por ejemplo, de propiedades emergentes) tiene algo de creación, y viceversa. No es de extrañar que los dibujos de Escher sean los iconos predilectos de Edgar Morin.

7. La naturaleza intrínsecamente compleja de la realidad no desemboca “hacia abajo” en un nivel básico simple. La complejidad existe en y desde la misma base, afirma con rotundidad Edgar Morin. Pero desde el momento en que la complejidad se define como “la imposibilidad de descomponer algo en partes absolutamente simples aplicando un algoritmo, aunque sea ilimitadamente largo”, cabe concluir que no existe, según Morin, ningún zócalo físico verdaderamente elemental al que todo puede ser reducido. La naturaleza se da en niveles múltiples, todos de la misma categoría ontológica, que son revelados por la conciencia, la cual es, a su vez, producto de esa misma naturaleza que ella contribuye a dar forma.

Mirar la naturaleza desde la complejidad y el holismo
La concepción de Edgar Morin de una naturaleza esencialmente compleja, le conduce al abandono del método de Descartes, que parte de supuestos ontológicos falsos y deforma nuestra relación mental, afectiva y práctica con la naturaleza, con nuestros semejantes y con nosotros mismos. Pero el nuevo Método no ha quedado ya establecido de una vez por todas. El “método de la complejidad” no es susceptible de ser formulado, como el cartesiano, de una manera simple y escueta; se diría que a dicho método sólo cabe aproximarse asintónicamente mediante tanteos. Sólo cabe aproximarse a él recursivamente, de una manera que recuerda el funcionamiento iterativo de muchos programas de ordenador. Hay que subrayar que el enfoque y método de la complejidad hace referencia explícita a su propia provisionalidad. Si toda teorización sobre lo real es un constructo que modeliza y formaliza algunos rasgos fenoménicos de una realidad incognoscible que, como en-sí, se hurta a todas las teorías, esto mismo hay que aplicarlo al enfoque basado en nuestra percepción de la complejidad cósmica. Y de hecho, así lo admite Edgar Morin. Pero ¿cómo superar una concepción tan universal y comprensiva? Es esta una pregunta que da para mucho, pero aun así algo es posible decir en muy pocas palabras… Un universo complejo presupone una realidad múltiple, contradictorio-complementaria, danzante y fluyente, una Naturaleza heraclitiana. Pero ¿quién puede asegurar que sigue siendo así en profundidad? ¿Es múltiple y compleja la raíz más honda de lo real? ¿Es múltiple y complejo lo "real-en-sí"? ¿Se equivocaron Parménides y los Upanishad? Personalmente, pienso que no se equivocaron. Todo apunta a que Edgar Morin está hoy suministrando una descripción magistral de lo que la tradición hindú de la Vedanta Advaita denomina Maya, la Gran Ilusión Cósmica. Pero lo real, lo simple, sigue oculto tras el velo. De esta forma, una de las corrientes sobresalientes del pensamiento contemporáneo ha conducido, en la línea de Bergson, Whitehead y el mismo Teilhard de Chardin, a la superación del racionalismo reduccionista de tradición cartesiana por un nuevo paradigma holístico, al que Edgar Morin ha contribuido desde el enfoque sistémico de la complejidad.




David Joseph Bohm
David Joseph Bohm (1917-1992) fue un físico americano, que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la filosofía y la neuropsicología, y además participó en el Proyecto Manhattan.

El Orden Implicado
"La mecánica cuántica y la relatividad han demostrado el fracaso del orden mecanicista y necesitan otro orden, que yo llamo implicado. Corre paralelo a lo que hemos observado en la mente, por lo que resulta posible establecer una relación entre estos dos ámbitos. El místico puede sentir la inmanencia o la trascendencia de la totalidad, (...) y encuentra muy difícil hablar de ambas, a no ser en términos poéticos  o simbólicos. Uno de estos enfoques es no decir nada, lo que contribuye poco a satisfacer la necesidad que tiene la humanidad de una nueva percepción. Así que si podemos hallar un lenguaje en el que la mente y materia se contemplen como pertenecientes al mismo orden, resultará posible examinar inteligentemente esta experiencia".

(David Bohm).

Bohm fue contemporáneo y admirador de Jiddu Krishnamurti en Inglaterra y fundó la Escuela de Krishnamurti Brockwood Park. Numerosas obras han surgido de esta relación y el diálogo entre el físico y el filósofo.

En este contexto, dentro de la plenitud de su trabajo y el orden implicado (el orden implícito es el lugar) se han tratado de abordar los problemas planteados por la física cuántica, con las definiciones de una nueva visión del mundo cuyas características son:

- Holístico
- Procesual
- No divisibilidad

Bohm se refiere explícitamente en su obra sobre la capacidad de comprender la teoría cuántica como una indicación de un nuevo orden. Este orden implicado de Bohm se compara con un holograma. Bohm lo llama holomovimiento. Tiempo y espacio son sustancias que se despliegan. Se modifica la idea de casualidad: no es una cadena de acontecimientos, sino una figura compleja donde se entretejen el efecto y la causa. Toda la ciencia está implicada en la materia y ésta es el despliegue de la conciencia.

Después de haberse negado a David Bohm, antes de que el Comité de S. U. diera información sobre posibles maniobras subversivas de simpatía con el comunismo, dejó los Estados Unidos en 1955 y se trasladó a Israel, donde pasó dos años en el Technion en Haifa. Allí conoció a su esposa Sarai, a saber, la influencia más importante en el desarrollo de la suya. Bohm 1957 se trasladó al Reino Unido. Desde entonces se ocupó de las implicaciones filosóficas de la mecánica cuántica, especialmente acerca de la paradoja de la no localidad.

Bohm espera la fusión de la ciencia y el arte en la confrontación con la realidad (la separación de arte y La ciencia es sólo una fase preliminar).

Opiniones sobre David Bohm
Einstein expresó acerca de Bohm: "él es el único que puede ir más allá de la mecánica cuántica". A través del tiempo, los libros de Bohn han ido ganando un estatus de culto, debido en parte al enfoque filosófico detrás de los mismos, que rehuye el positivismo típico de la interpretación de Copenhague.

El Futuro de la Humanidad
Krishnamurti y David Bohm investigan acerca de la división que ha creado el ser humano. ¿Hay una Acción que no esté tocada por el pensamiento?

El Futuro de la Humanidad es una de las más claras y asequibles introducciones al pensamiento del gran maestro espiritual J. Krishnamurti (1895-1986). Partiendo de sus incisivos diálogos con el físico David Bohm, este importante libro explora las perspectivas para la supervivencia de nuestro mundo, dadas las inmensas capacidades que tenemos para destruirnos a nosotros mismos.

En estas lúcidas discusiones, Krishnamurti y Bohm examinan antiquísimas e intrincadas cuestiones tales como el significado del tiempo, la trampa del condicionamiento social, la relación del yo con la comunidad y la naturaleza de la conciencia. Comenzando con la pregunta: "¿Cuál es el futuro de la humanidad?", ellos señalan que, mientras se culpa a menudo a la tecnología moderna por haber creado inmensos estragos en la estructura social, el problema fundamental ‑ las destructivas tendencias humanas - ha existido a lo largo de todo el tiempo que la historia ha registrado. Más adelante, ellos aseguran que el individuo posee la clave para prevenir el desastre.

Krishnamurti no propone respuestas. "La verdad es una tierra sin senderos", ha dicho, a la cual no puede llegarse a través de ningún dogma, credo o ritual. Antes bien, él revela en estos diálogos cómo los individuos pueden comenzar a comprender el propio pensar acerca de las cuestiones fundamentales que conciernen a la existencia humana.

Las conversaciones que se presentan aquí ejemplifican la esencia misma de la enseñanza de Krishnamurti ‑ que la verdad sólo puede descubrirse mediante la observación propia y el espejo de la relación. El Futuro de la Humanidad sugiere que podemos ir más allá de nuestro destructivo condicionamiento. Nos exhorta a cambiar desde ahora mismo los patrones de nuestra actividad egocéntrica, de modo tal que la humanidad pueda ser desviada de su presente curso maligno.

J. Krishnamurti fue un maestro espiritual mundialmente renombrado que consagró su vida a guiar a los seres humanos. Por más de cincuenta años, Krishnamurti fue una figura pública que viajó por todo el mundo compartiendo un mensaje con personas de todas las edades. David Bohm es Profesor Emérito de Física en la Universidad de Londres. Sus libros incluyen: La teoría de los cuantos, Causalidad y azar en la Física moderna y La totalidad y el orden implicado. Diálogos previos entre Krishnamurti y Bohm fueron publicados en Más Allá del Tiempo. Y, anteriores a éstos, en La Conciencia Fragmentada, La Verdad y la Realidad y La Totalidad de la Vida.




Ken Wilber
Ken Wilber, nacido el 31 de enero de 1949 en Oklahoma City, es un filósofo estadounidense cuyos intereses versan principalmente sobre psicología, religiones comparadas, historia, ecología y misticismo.

Wilber describe sus logros académicos como "una licenciatura en bioquímica y un doctorado (sin tesis) en bioquímica y biofísica, con una especialización en el mecanismo de los procesos ópticos", pero pronto se decantaría por el abordaje filosófico. Aunque con frecuencia se lo describe como un escritor New Age, su obra es severamente crítica con este movimiento.

Practicante de distintas técnicas budistas de meditación (en especial zazen) e incluso reconociendo su posición filosófica ampliamente influenciada por Nāgārjuna, Wilber no se identifica como budista.

Filosofía perenne
Su trabajo se centra principalmente en distintos estudios sobre la evolución del ser humano y en su interés por promover una integración de la ciencia y la religión, según experiencias de meditadores y místicos, analizando los elementos comunes a las tradiciones místicas de oriente y occidente. En su obra articula distintos aspectos de la psicoterapia y la espiritualidad.

Sus libros tratan sobre filosofía, psicología, antropología, sociología y religión principalmente. Su pensamiento está influido por pensadores como Nāgārjuna, Huston Smith, Ramana Maharshi, Jürgen Habermas, Jean Gebser y Teilhard de Chardin (con quien comparte la intención de crear una teoría que unifique a la ciencia, el arte y la moral), Platón, Hegel y el budismo.

Durante sus primeras épocas como autor (fines de los 70 hasta mediados de los 80) contribuyó al desarrollo de la psicología transpersonal aunque luego se diferenció de esta corriente por considerar que gran parte de sus referentes caían en lo que denominó "falacia pre-trans". Desde hace más de una década, comenzó a desarrollar una teoría integral, donde articula de forma transdiciplinaria gran cantidad de perspectivas para abordar el fenómeno humano utilizando el modelo AQAL. Para promover y avanzar con esta propuesta, en 1998 fundó el Instituto Integral, un centro de estudio para investigar las distintas aplicaciones de lo que denomina enfoque integral.

Wilber establece una jerarquización de los distintos ámbitos de la realidad, incluyendo sociedades, visiones del mundo, niveles de conciencia, modelos políticos, etc., desplegándose en cuatro cuadrantes (el interior-individual, el interior-colectivo, el exterior-individual, y el exterior-colectivo). En los últimos años ha relacionado su teoría integral con el modelo de la dinámica espiral, desarrollada por Don Beck y Christopher Cowan, denominando "vMemes" (memes de valor) a los distintos niveles de desarrollo, asignándoles un color diferente a cada uno.

Debido a los profundos cambios en su pensamiento a través de los años y las múltiples derivas inesperadas que condujo su obra, se suele referir cada momento de la misma a una fase específica. Hasta el momento se consideran al menos cinco fases en su recorrido. En orden cronológico:

- El espectro de la conciencia. w1.
- La conciencia sin fronteras. w1.
- El Proyecto Atman. w2.
- Después del Edén. w2.
- El paradigma holográfico. w2
- Un dios sociable. w2.
- Los tres ojos del conocimiento. w2.
- Cuestiones cuánticas. w2.
- Psicología integral (Transformations of Consciousness). w3.
- Gracia y Coraje (junto a Treya Wilber). w3.
- Sexo, ecología y espiritualidad. w4.
- Breve historia de todas las cosas. w4.
- El ojo del espíritu. w4.
- Ciencia y religión. w4.
- Diario. w4.
- Antología. w4.
- Una visión integral de la psicología. w4.
- Una teoría de todo. w4.
- Boomeritis (novela). w4.
- Espiritualidad integral. w5.
- La visión integral. w5.

Entrevista con Ken Wilber
La Filosofía Perenne es esa visión del mundo que comparten la mayor parte de los principales maestros espirituales, filósofos, pensadores e incluso científicos del mundo entero. Se la denomina “perenne” o “universal” porque aparece implícitamente en todas las culturas del planeta y en todas las épocas. Los mismo lo encontramos en India, México, China, Japón y Mesopotamia, que en Egipto, el Tíbet, Alemania o Grecia. Y dondequiera que la hallamos presenta siempre los mismos rasgos fundamentales: es un acuerdo universal en lo esencial.
Para nosotros, los hombres contemporáneos, que somos prácticamente incapaces de ponernos de acuerdo en nada, esto es algo que se nos hace difícil de creer. Como lo resumió Alan Watts: “Apenas somos conscientes de la extraordinaria singularidad de nuestra propia postura, de modo que nos resulta muy difícil de admitir el hecho evidente de que haya existido un consenso filosófico único, de amplitud universal, que ha sido sostenido por muchos (hombres y mujeres) que han compartido las mismas experiencias y han transmitido esencialmente la mismas enseñanzas, hoy o hace seis mil años, y desde Nuevo México en el Lejano Oeste hasta Japón en el Lejano Oriente".

Esto es realmente muy notable. Creo que estas verdades de naturaleza universal constituyen fundamentalmente el legado de la experiencia universal del conjunto de la humanidad, que en todo tiempo y lugar ha llegado a un acuerdo sobre ciertas profundas verdades referidas a la condición humana y sobre cómo acceder a lo trascendente Esta es una forma de describir lo que es la Philosophia perennis.

TKW: Dices que la filosofía perenne es esencialmente la misma en culturas muy diversas. Pero modernamente se afirma que es el lenguaje y la cultura lo que modela todo nuestro conocimiento. En caso de ser esto cierto, y dado que las diversas culturas y lenguajes son muy diferentes entre si, cabría la posibilidad de que apareciera alguna verdad universal o colectiva sobre la condición humana. Desde este punto de vista no existe una condición humana, como tal, sino tan sólo historia humana; y esa historia es muy diferente en cada caso ¿Qué opinas respecto de toda esta noción de relatividad cultural?

KW: Hay mucha verdad en ello. Existen , sin duda, una diversidad de culturas que poseen un diferente “conocimiento local”, y la investigación de esas diferencias constituye un actividad muy interesante. Pero si bien es cierta la existencia de una relatividad cultural, ello no es toda la verdad.

Además de las diferencias culturales evidentes, como son el tipo de alimentación, las estructuras lingüísticas o las costumbres de apareamiento, por ejemplo, existen también muchos otros fenómenos en la existencia humana que son, en gran medida, universales o colectivos. El cuerpo humano, tiene por ejemplo doscientos ocho huesos, un corazón y dos riñones, tanto si se trata de un habitante de New York como de Mozambique, y tanto hoy día como hace miles de años. Estas características universales constituyen lo que se denomina “estructuras profundas” porque son esencialmente las mismas en todas partes.
Sin embargo, para que las diversas culturas utilicen esas estructuras profundas de maneras muy diversas, como los chinos que vendaban los pies de sus mujeres o los de Ubangi que estiraban sus labios, o bien el uso de tatuajes y de prendas de verter, los juegos, el sexo y el parto, todo lo cual varía considerablemente de una cultura a otra. Todas estas variables reciben el nombre de “estructuras superficiales”, porque son locales en vez de universales.

Esto mismo ocurre también en el ámbito de la mente humana. La mente humana posee estructuras superficiales que varían entre las distintas culturas, y estructuras profundas que permanecen esencialmente idénticas independientemente de la cultura considerada. Aparezca donde aparezca, la mente humana tiene la capacidad de formar imágenes, símbolos, conceptos y reglas. Las imágenes y símbolos particulares pueden variar de una cultura a otra, pero lo cierto es que la capacidad de formar esas estructuras mentales y lingüísticas, y las propias estructuras en sí, es esencialmente las misma en todas partes. Del mismo modo que el cuerpo humano produce pelo, la mente humana produce símbolos. Las estructuras mentales superficiales varían considerablemente entre sí, pero las estructuras mentales profundas son, por su parte, extraordinariamente similares.

Ahora bien, al igual que el cuerpo humano produce universalmente pelo y que la mente produce universalmente ideas, el espíritu humano también produce universalmente intuiciones sobre lo divino. Y esas intuiciones y vislumbres configuran el núcleo de las grandes tradiciones espirituales del mundo entero. Y una vez más, aunque las estructuras superficiales de las grandes tradiciones de sabiduría sean, desde luego, muy diferentes entre si, sus estructuras profundas, por el contrario, son muy similares y algunas veces idénticas.

La filosofía perenne se ocupa fundamentalmente de las estructuras profundas del encuentro humano con lo divino. Porque aquellas verdades sobre las cuales los hindúes, los cristianos, los budistas, los taoístas y los sufíes se hallan en completo acuerdo, suelen referirse a algo profundamente importante, algo que nos habla de verdades universales y de significados últimos, algo que toca la esencia fundamental de la condición humana.

TKW: A primera vista, resulta difícil ver en que podrían estar de acuerdo el budismo y el cristianismo. ¿Cuáles son, pues, los principios fundamentales de la filosofía perenne? ¿Podrías postular sus tópicos fundamentales? ¿Cuántas son esas verdades profundas y esos puntos de acuerdo fundamentales?

KW: Son muchos, pero veamos los siete que considero más importantes:

1º El espíritu existe.
2º El espíritu está dentro de nosotros.
3º A pesar de ello, la mayor parte de nosotros vivimos en un mundo de ignorancia, separación y dualidad, en un estado de caída ilusorio, y no nos percatamos de ese espíritu interno.
4º Hay una salida para ese estado de caída, de error o de ilusión; hay un camino que conduce a la liberación.
5º Si seguimos ese camino hasta el final llegaremos a un renacimiento, a una liberación suprema.
6º Esa experiencia marca el final de la ignorancia básica y el sufrimiento.
7º El final del sufrimiento conduce a una acción social amorosa y compasiva hacia todos los seres sensibles.

TKW: ¡Has dicho muchas cosas! Vayamos paso a paso. Dices que el espíritu existe.

KW: El espíritu existe, Dios existe, existe una realidad suprema, ya sea que se le de el nombre de Brahman, Dharmakaya, Yahwel, Atón, Kether, Tao, Allah, Shiva, “muchos son los nombres que recibe lo Uno”.

TKW: Pero ¿Cómo sabes que el espíritu existe? Los místicos dicen que existe pero ¿en que basan esa afirmación?

KW: En la experiencia directa. Sus afirmaciones no se basan en meras creencias, ideas, teorías o dogmas, sino en la experiencia directa, en la experiencia espiritual real. Esto es lo que diferencia a los verdaderos místicos de los religiosos dogmáticos.

TKW: Pero ¿qué hay del argumento de la experiencia mística no es un conocimiento válido porque es inefable y por consiguiente incomunicable?

KW: Ciertamente la experiencia mística es inefable y no puede traducirse enteramente en palabras, pero lo mismo ocurre con cualquier otra experiencia, ya se trate de una puesta de sol, el sabor de un trozo de tarta o la armonía de una fuga de Bach.

En cualquiera de estos casos debemos haber tenido la experiencia real para saber de que se trata. Pero no por ello se debe concluir que la puesta de sol, la tarta o la música no existen o son experiencias no válidas. Además, aunque la experiencia mística sea, en gran medida, inefable, puede ser comunicada o transmitida. Así, por ejemplo, de la misma manera que la danza se puede enseñar aunque no se pueda transmitir con palabras, también es posible aprender una determinada práctica espiritual bajo la tutela de un determinado maestro espiritual.

TKW: Pero esa experiencia mística que tan verdadera le parece al místico bien podría estar equivocada. Los místicos pueden afirmar que están fundiéndose con Dios pero ésa no es ninguna garantía de que lo que dicen es lo que ocurre en realidad. Ningún conocimiento es absolutamente seguro.

KW: Estoy de acuerdo en que la experiencia mística no es más cierta que cualquier otra experiencia directa. Pero ese argumento, lejos de echar por tierra las afirmaciones de los místicos, los eleva, en realidad, al mismo estatus que yo definitivamente acepto. En otras palabras, el mismo argumento que se puede aducir en contra del conocimiento místico puede aplicarse, en realidad, a cualquier otra forma de conocimiento basado en la experiencia evidente, incluida la experiencia empírica. Creo que estoy mirando la luna, pero bien pudiera estar errado; los físicos creen en la existencia de los electrones, pero podrían estar equivocados; los críticos consideran que Hamlet fue escrito por un personaje histórico llamado Shakespeare, pero podrían estar en un error, etc.

¿Cómo podemos estar seguros de la veracidad de nuestras afirmaciones?

Mediante más experiencias.

Pues bien, eso es precisamente lo que han estado haciendo históricamente los místicos a lo largo de décadas, siglos y milenios: comprobar y refinar sus experiencias, un récord de constancia histórica que hace palidecer incluso a la ciencia moderna. El hecho de que este argumento, lejos de echar por tierra las afirmaciones de los místicos, lo que hace es conferirles de una manera sumamente adecuada –a mi juicio– el estatus de auténticos expertos e informados sobre su especialidad y, por consiguiente, los únicos verdaderamente capacitados para establecer aseveraciones al respecto.

TKW: Muy bien. Pero a menudo he escuchado que la visión mística bien podría tratarse de una patología esquizofrénica ¿Cómo contestarías a esa acusación?

KW: No creo que nadie ponga en duda que ciertos místicos presentan rasgos esquizofrénicos y aun que haya esquizofrénicos que experimentan intuiciones místicas. Pero desconozco a cualquier autoridad en la materia que crea que las experiencias místicas son básicas y primordialmente alucinaciones esquizofrénicas.

Está claro que también conozco a muchas personas no cualificadas que así lo piensan, y que resultaría difícil convencerlas de lo contrario en el breve espacio de este entrevista. Diré, tan solo, que las prácticas espirituales y contemplativas utilizadas por los místicos, como la oración contemplativa o la meditación, pueden ser muy poderosas pero no lo suficiente como para atraer a un montón de hombres y mujeres normales, sanos y adultos y, en el curso de unos pocos años, convertirlos en esquizofrénicos delirantes. El Maestro de Zen Hakuin transmitió su enseñanza a ochenta y tres discípulos que se encargaron de revitalizar y organizar el Zen japonés. Ochenta y tres esquizofrénicos alucinados no podrían ponerse de acuerdo ni siquiera para ir al baño...¿Qué habría pasado con el Zen japonés si éste hubiera sido el caso?

TKW: Una última objeción ¿No es acaso posible que la noción de “ser uno con el espíritu” no sea más que un mecanismo de defensa regresivo para proteger a una persona contra el pánico ante la muerte y lo impermanente?

KW: Si la “unidad con el espíritu” fuese simplemente algo más en lo que uno cree y se tratara, por lo tanto, de una idea o una esperanza, entonces ciertamente suele formar parte de la “proyección de inmortalidad” de una persona, es decir, de un sistema de defensa diseñado, como he intentado explicar en mis libros “Después del Edén” y “Un Dios Sociable”, para protegerse mágica o regresivamente de la muerte bajo la promesa de una prolongación o continuación de la vida.

Pero la experiencia de unidad atemporal con el espíritu no es una idea o un deseo; es una aprehensión directa. Y sólo podemos considerar esa experiencia directa de tres maneras diferentes:

-  Afirmar que se trata de una alucinación, a lo cual acabo de responder.
-  Asegurar que es un error, cosa que también he rebatido.
- Aceptarla como lo que dice ser: una experiencia directa de nuestro ser espiritual.

TKW: Por lo que dices, el misticismo genuino, a diferencia de la religión dogmática, es científico, porque se basa en la evidencia y la comprobación experimental directa ¿Es así?

KW: Efectivamente. Los místicos te piden que no creas absolutamente en nada y te ofrecen un conjunto de experimentos para que los verifiques en tu propia conciencia.

El laboratorio del místico es su propia mente y el experimento es la meditación. Tú mismo puedes verificar y comparar los resultados de tu experiencia con los resultados de otros que también hayan llevado a cabo el mismo experimento.

A partir de ese conjunto de conocimiento experimental, consensualmente validado, llegas a ciertas leyes del espíritu, o a ciertas “verdades profundas” si prefieres llamarlo así.

TKW: Y esto nos lleva de nuevo a la filosofía perenne, a la filosofía mística y a sus siete grandes principios. El segundo principio era: el espíritu está dentro de ti.

KW: El espíritu está dentro de ti, hay todo un universo en tu interior. El asombroso mensaje de los místicos es que en el centro mismo de tu ser, tú vives la divinidad. Estrictamente hablando, Dios no está dentro ni fuera, ya que el espíritu trasciende toda dualidad, pero uno lo descubre buscando fuertemente adentro, hasta que ese “adentro” termina convirtiéndose en “más allá”. El Chandogya Upanishad nos ofrece la formulación más conocida de esta verdad inmortal cuando dice.

En la misma esencia de tu ser no percibes la Verdad, pero en realidad está ahí. En eso, que es la esencia sutil de tu propio ser, todo lo que existe Es. Esa esencia invisible es el Espíritu del universo entero. Eso es lo Verdadero, eso es el Ser. ¿Y tú ? Eso eres tú”.

Tat Tuam así, tú eres "Eso". Es innecesario decir que el “” que es “Eso”, el "" que es Dios, no es tu identidad individual y separada, el ego, ésta o aquella identidad, el señor o la señora de tal. De hecho, el yo individual o ego es precisamente lo que impide que tomemos conciencia de tu Identidad Suprema.

Ese “”, por el contrario, es nuestra esencia más profunda, o si lo preferimos, nuestro aspecto más elevado, la esencia sutil, como lo describe el Upanishad- que trasciende nuestro ego mortal y participa directamente de lo divino. En el judaísmo se le llama el Ruach, el espíritu divino y supraindividualidad que se halla en cada uno de nosotros, y que se diferencia del Nefesh, el ego individual.
En el cristianismo, por su parte, es el Pneuma, el espíritu que mora en nosotros y que es de la misma naturaleza que Dios, y no la psique o alma individual que, en el mejor de los casos, solo puede adorar a Dios. Como dijo Coomaraswamy, la distinción entre el espíritu inmortal y eterno de una persona y su alma individual y mortal (el ego) constituye un principio fundamental de la filosofía perenne.

TKW: San Pablo dijo: “Vivo. Pero no soy yo, sino Cristo, quien vive en mí”. ¿Estás diciendo que San Pablo descubrió su verdadera Identidad, que era uno con Cristo y que éste sustituyó a su antiguo y pequeño ego, su alma o psique individual?

KW: Así es. Tu ruach o fundamento es la realidad suprema, no tu nefesh, tu ego. Si crees que tu ego individual es Dios estás evidentemente en un gran aprieto. De hecho, estarías padeciendo una psicosis, una esquizofrenia paranoide. No es eso, por cierto, lo que conciben los más grandes filósofos y sabios del mundo.

TKW: Pero entonces ¿por qué no hay más gente que sea consciente de eso? Si el espíritu está realmente en nuestro interior ¿por qué no es evidente para todo el mundo?.

KW: Muy bien. Entremos ahora en el tercer punto. Si realmente soy uno con Dios ¿por qué no me doy cuenta? Algo me está separando del espíritu ¿Por qué esta caída? ¿Cuál ha sido el error?

Las diferentes tradiciones dan diferentes respuestas a este asunto, pero todas ellas concluyen fundamentalmente en lo siguiente:

no puedo percibir mi verdadera Identidad, mi unión con el espíritu, porque mi conciencia está obnubilada y obstruida por alguna actividad; aunque recibe muchos nombres diferentes, es simplemente la actividad de contraer y centrar la conciencia en mi yo individual, en mi ego personal. Mi conciencia no se halla abierta, relajada y centrada en Dios, sino cerrada, contraída y centrada en mí mismo. Y es precisamente la identificación con esa contracción en mi mismo y la consiguiente exclusión de todo lo demás lo que me impide encontrar o descubrir mi identidad anterior, mi verdadera identidad con el Todo”. Mi naturaleza individual “el hombre natural” ha caído y vive en el error, separado y alienado del espíritu y del resto del mundo. Estoy separado y aislado del mundo de “ahí afuera”, un mundo que percibo como si fuera completamente externo, ajeno y hostil a mi propio ser. En cuanto a mi propio ser en sí, desde luego que no parece ser uno con el Todo, con todo lo que existe, uno con el espíritu Infinito, sino que, por el contrario, permanece encerrado y aprisionado dentro de las paredes limitadoras de este cuerpo mortal.

TKW: Esta situación suele llamarse “dualismo” ¿no es así?

KW: Así es. Me divido a mí mismo en un “sujeto” separado del mundo de los “objetos” ubicados ahí fuera y, a partir de ese dualismo original, sigo dividiendo el mundo en todo tipo de opuestos en conflicto: placer y dolor, bien y mal, verdad y mentira, etc. Según la filosofía perenne, la conciencia que se halla dominada por el dualismo sujeto-objeto, no puede percibir la realidad tal como es, la realidad en su totalidad, la realidad como Identidad Suprema. En otras palabras: el error es la contracción de uno mismo, la sensación de identidad separada, el ego. El error no descansa en algo que hace el pequeño yo, sino en algo que es.

Y aún más. Ese ser contraído, ese sujeto aislado “aquí dentro”, al no reconocer su verdadera identidad con el Todo experimenta una aguda sensación de carencia, de privación, de fragmentación. En otras palabras: la sensación de estar separado, de ser un individuo separado, da nacimiento al sufrimiento, da nacimiento a la “caída”.

El sufrimiento no es algo que ocurre al estar separado, sino que es algo inherente a esa condición. “Pecado”, “sufrimiento” y “yo” no son sino diferentes nombres para un mismo proceso que consiste en la contracción y fragmentación de la conciencia.

Por eso es imposible rescatar al ego del sufrimiento. Como dijo Gautama el Buda, "para poner fin al sufrimiento debes abandonar al pequeño yo o ego; pues ambas cosas nacen y mueren al mismo tiempo".

TKW: Así que este mundo dualista es el mundo de la caída y el pecado original, es la contracción del ser, la autocontracción en cada uno de nosotros. ¿Y estás diciendo que no son sólo los místicos orientales sino también los occidentales quienes definen el pecado y el Infierno como algo inherente al estado de identidad separada?

KW: Al yo separado y a su codicia, deseo y huída carentes de amor. Si, desde luego. Es cierto que Oriente- y en especial el budismo y el hinduismo- hacen mucho hincapié en equiparar al Infierno, o Samsara, con el ego separado e individualista. Pero en los escritos de los místicos católicos, de los gnósticos, de los cuáqueros, de los cabalistas y de los místicos islámicos también nos encontramos con los mismos tópicos. Al respecto, mi escrito favorito pertenece al extraordinario William Law, un místico cristiano inglés del siglo XVIII. Te lo leeré “He aquí la verdad resumida. Todo pecado, toda muerte, toda condenación y todo infierno no son sino el reino del yo, del ego. Las diversas actividades del narcisismo, del amor propio y del egoísmo que separan el alma de Dios y abocan a la muerte y al infierno eterno”. O las palabras del sufí Abi l-Khayr, “No hay Infierno sino individualidad, no hay paraíso sino altruismo”. También encontramos este mismo tipo de declaraciones entre los místicos cristianos, como nos lo demuestra la afirmación de la Theología germánica de que “lo único que arde en el infierno es el ego”.

TKW: Sí, entiendo. Así que la trascendencia del “pequeño yo” conduce al descubrimiento del “gran yo”.

KW: En efecto. En sánscrito, este “pequeño yo” o alma individual se denomina "ahamkara", que significa “nudo” o “contracción”; y es este "ahamkara", esta contracción dualista o egocéntrica de la conciencia, lo que constituye la raíz misma del estado de caída.

Llegamos así al cuarto gran principio de la filosofía perenne: hay una forma de superar la caída, una forma de cambiar este estado de cosas, una forma de desatar el nudo de la ilusión y el error básico.

TKW: Tirar al tacho al ego individualista.

KW: Así es. Rendirse o morir a esa sensación de ser una identidad separada, al pequeño yo, a la contracción sobre uno mismo. Si queremos descubrir nuestra identidad con el Todo debemos abandonar nuestra identificación errónea con el ego aislado. Pero esta caída se puede revestir instantáneamente comprendiendo que, en realidad, nunca ha tenido lugar, ya que solo existe Dios y, por consiguiente, el yo separado nunca ha sido más que una ilusión. Sin embargo, para la mayor parte de nosotros, esa situación debe ser superada gradualmente paso a paso.

En otras palabras, el cuarto principio de la filosofía perenne afirma que existe un Camino y que, si lo seguimos hasta el final, terminará conduciéndonos desde el estado de caída hasta el estado de iluminación, desde el Samsara hasta el Nirvana, desde el Infierno hasta el Cielo .

TKW: ¿Es la meditación ese camino?

KW: Bien. Podríamos decir que hay diversos “caminos” que constituyen lo que estoy llamando genéricamente el "camino" y nuevamente se trata de diferentes estructuras superficiales que comparten todas ellas la misma estructura profunda. En el hinduismo, por ejemplo, se dice que hay cinco grandes caminos o yogas. “Yoga” significa sencillamente “unión”, la unión del alma con la divinidad. La palabra inglesa "yoke", la castellana "yugo", la hitita "yugan", la latina "jugum", la griega "zugon" y muchas otras proceden de la misma raíz. En este sentido, cuando Cristo dice: “Mi yugo es leve”, está queriendo decir “Mi yoga es fácil”. Pero quizá podamos simplificar todo esto diciendo que todos esos caminos, ya sean hinduistas o provenientes de cualquier otra tradición de sabiduría, se dividen en dos grandes caminos.

A este respecto se me ocurre otra cita para ilustrar este punto. Es de Swami Ramdas: “Hay dos caminos, uno de ellos consiste en expandir tu ego hasta el infinito y el segundo en reducirlo a la nada”; el primero es una vía de conocimiento mientras que el segundo, por el contrario, es una vía devocional. Un Jnani (sabio hindú) dice: "“Yo soy Dios, la verdad universal”. Un devoto, por su parte, dice: “Yo no soy nada ¡Oh Dios! Tú lo eres todo”. En ambos casos desaparece la sensación de identidad separada”.

La clave del asunto es que cualquiera de estos dos casos el individuo que recorre el camino trasciende o muere al pequeño yo y redescubre, o resucita, a su Identidad suprema con el espíritu universal. Y eso nos lleva al quinto gran principio de la filosofía perenne, es decir, el del Renacimiento, la resurrección o la Iluminación. El pequeño yo debe morir para que dentro de nuestro ser pueda resucitar el gran yo.

Las distintas tradiciones describen esa muerte y nuevo renacimiento con nombres muy diversos. Así, por ejemplo, en el cristianismo recibe los nombres de Adán, a quien los místicos llaman el “Hombre Viejo” u “Hombre Externo” y del que se dice que abrió las puertas del Infierno, y de Jesús, el “Hombre Nuevo” u “Hombre Interno” que abre las puertas del Paraíso. En opinión de los místicos, la muerte y resurrección de Jesús constituye el arquetipo de la muerte del yo separado y la resurrección a un destino nuevo y eterno dentro de la corriente de la conciencia, a saber, el ser divino o crístico y su ascensión. Como dijo San Agustín, “Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera hacerse Dios”.

En el cristianismo, este proceso de retorno desde la condición “humana” a la condición “divina”, de la persona externa a la persona interna, se denomina “Metanoia”, una palabra que significa tanto “arrepentimiento” como “transformación”. En tal caso, nos arrepentimos del pequeño yo (el ego individualista) y nos transformamos en el Ser (o Cristo), de modo que, como afirmaba San Pablo, “no soy yo sino Cristo quien vive en mí”. De manera similar, el Islam denomina "tawbah" ( que significa “arrepentimiento”) y también "galb" (que significa “transformación”) a esa muerte y resurrección que Al-Bistami resume del siguiente modo:”Olvidarse de si es recordar a Dios”.

Tanto en el hinduismo como en el budismo se describe esta muerte y resurrección siempre como la muerte del alma individual (Jivatman) y el despertar a esa verdadera naturaleza de la persona que los hindúes describen metafóricamente como "totalidad del ser" (Brahman) y los budistas describen como "apertura pura" (Shunyata). El momento en que tiene lugar esa ruptura o renacimiento se denomina "iluminación" o "liberación" (Moksha o Kaivalya). El Lankavatara Sutra describe la experiencia de la iluminación como “una transformación completa en la misma esencia de la conciencia”. Esta “transformación” consiste simplemente en desactivar la tendencia habitual a crear un yo separado y substancial donde, de hecho, sólo existe una conciencia clara, abierta y amplia. El Zen denomina Satori o Kensho a esta transformación o Metanoia. “Ken” significa verdadera naturaleza y “sho” significa “ver directamente”.

Ver directamente nuestra verdadera naturaleza es convertirse en un ser totalmente autorrealizado. Y como dijo el Maestro Ekhart, “En esta transformación he descubierto que Dios y yo somos lo mismo”.

TKW: ¿La iluminación se experimenta realmente como una muerte real o esto no es más que una metáfora?

KW: En realidad esto se refiere a la muerte del ego individualista.

Los relatos de esa experiencia, que pueden ser muy dramáticos pero también muy sencillos y nada espectaculares; afirman claramente que de repente te despiertas y descubres que, entre otras cosas, y por más extraño que pueda parecer, tu verdadero ser es todo lo que has estado mirando hasta ese momento, que literalmente eres uno con todo lo manifestado, uno con el universo y que, en realidad, no te vuelves uno con Dios y el todo, sino que entonces tomas conciencia de que eternamente has sido esa unidad sin haberte percatado antes de ello. Pero junto a ese sentimiento, junto al descubrimiento del ser que todo lo impregna, se experimenta también la sensación muy concreta de que tu pequeño ego ha muerto, que ha muerto de verdad. El Zen llama al Satorila Gran Muerte”. Eckhart era igual de categórico. “El alma -dijo- debe darse a sí misma”. Coomaraswamy dice “sólo cuando nuestro ego muere comprendemos finalmente que no hay nada con lo que podamos identificarnos y entonces podemos transformarnos realmente en lo que ya somos”.

TKW: ¿Al trascenderse el pequeño ego se descubre la eternidad?

KW: Sí, siempre que no consideremos que la eternidad es un tiempo que no acaba nunca sino un momento sin tiempo, el presente eterno, el ahora atemporal.

El ser no mora para siempre en el tiempo sino en el presente atemporal previo al tiempo, previo a la historia, al cambio, a la sucesión.  El espíritu, el ser, está presente en el sentido de ser pura presencia, no en el de estar en un ahora interminable que es una noción más bien espantosa.

En cualquiera de los casos, el sexto gran principio fundamental de la filosofía perenne afirma que la iluminación o liberación pone fin al sufrimiento.

Lo que causa el sufrimiento es el apego y el deseo de nuestra identidad separada; y lo que pone fin al sufrimiento es el camino meditativo que trasciende al pequeño yo y al deseo y el apego. El sufrimiento es inherente a ese nudo o contracción llamado ego y la única forma de acabar con el sufrimiento es trascender el ego.

No se trata que después de la iluminación, o después de la práctica espiritual en general, ya no sientas dolor, angustia, miedo o daño. Todavía sientes eso, si. Lo que simplemente ocurre es que esos sentimientos ya no amenazan tu existencia y, por tanto, dejan de constituir un problema para ti. Ya no te identificas con ellos, ya no los dramatizas, ya no tienen energía, ya no te resultan amenazadores. Por una parte, ya no hay ningún ego fragmentado que pueda sentirse amenazado y, por otra, nada puede amenazar a ese gran Yo del Ser original y auténtico, puesto que, siendo el todo, no hay nada ajeno a él que pueda hacerle daño. Esta situación produce una profunda relajación y distensión del corazón. Por más sufrimiento que experimente ahora el individuo, su verdadero Yo no se siente amenazado. El sufrimiento puede presentarse y puede desaparecer, pero ahora la persona está firmemente asentada y segura en “la paz que sobrepasa el entendimiento”. El sabio experimenta el sufrimiento, pero éste no le hace “daño”. Y como es consciente del sufrimiento, se siente motivado por la compasión y el deseo de ayudar a quienes sufren y creen en la realidad del sufrimiento.

TKW: Lo cual nos lleva al séptimo punto, la motivación del iluminado.

KW: Sí. Se dice que la verdadera iluminación deriva en una acción social inspirada por la misericordia y la compasión, en un intento de ayudar a todos los seres humanos a alcanzar la liberación suprema. La actividad iluminada no es más que un servicio desinteresado. Como todos somos uno en el mismo ser, entonces, al servir a los demás estoy sirviendo a mi propio ser.



Alan Watts
Nació el 6 de enero de 1915 y falleció el 16 de noviembre de 1973. Fue un filósofo británico; también editor, sacerdote anglicano, locutor, decano, escritor, conferenciante y experto en religión. Se le conoce sobre todo por su labor como intérprete y popularizador de las filosofías asiáticas para la audiencia occidental.

Escribió más de veinticinco libros y numerosos artículos sobre temas como la identidad personal, la verdadera naturaleza de la realidad, la elevación de la conciencia y la búsqueda de la felicidad, relacionando su experiencia con el conocimiento científico y con la enseñanza de las religiones y filosofías orientales y occidentales (budismo zen, taoísmo, cristianismo, hinduismo, etc.).

Alan Watts fue un conocido autodidacta. Becado por la Universidad de Harvard y la Fundación Bollingen, obtuvo un máster en Teología por el Seminario Teológico Sudbury-Western y un doctorado honoris causa por la Universidad de Vermont, en reconocimiento a su contribución al campo de las religiones comparadas.

Filosofía, Ciencia y Religiones comparadas
"Aparece cada vez más que no estamos situados en mundo segmentado. Las groseras divisiones entre espíritu y naturaleza, alma y cuerpo, sujeto y objeto, son considerados cada vez más como odiosas convenciones del lenguaje. Son términos vacíos que no se aplican a un universo donde todo es interdependencia, un universo donde todo se halla en interdependencia, un universo que se presenta como un vasto complejo de relaciones sutilmente equilibradas".

"La naturaleza tiene un carácter integralmente relacional y una interferencia en un punto desencadena imprevisibles reacciones en cadena".

"Al centro de esta nueva manera de encarar las cosas, encontramos la idea de un mundo unitario sin la menor atadura, tejido de interacciones mutuas, donde una cosas no se entiende solo en la medida que se entienda otra y recíprocamente. Es imposible, en esta perspectiva de considerar el hombre aisladamente en la naturaleza".

"En esta nueva manera de pensar, espíritu y materia se resuelven en procesos, mientras que las cosas se hallan transformadas en acontecimientos".

"El descubrimiento de nuestra total imbricación con la naturaleza es de una tal magnitud que la comprensión del nudo de las relaciones revela una importancia primordial, que implicaría comprender la naturaleza del interior".

"La conciencia de una solidaridad indisoluble del hombre con la naturaleza puede ser acablante o evidente para algunos. Pero aparece como humillante a una civilización donde el hombre siempre ha sido considerado como el coronamiento de la creación y su amo y poseedor".

"Occidente profesa una filosofía volcada hacia el futuro, pero su actitud efectiva es una contradicción con este ideal. Su mirada no llega más allá de mañana puesto que explota los recursos terrestres (y modifica el medioambiente) con un conocimiento muy fragmentario de la red de relaciones ahora desequilibrada por su obra".

(Alan Watts, "Conversaciones con uno Mismo").


Fritjof Capra
Fritjof Capra, nacido en Viena el 1 de febrero de 1939, es un reconocido físico austriaco. Doctor en Física teórica por la Universidad de Viena en 1966, Fritjof Capra ha trabajado como investigador en física subatómica en la Universidad de París, en la Universidad de California en Santa Cruz, en el Acelerador Lineal de Londres y en el Laboratorio Lawrence Berkeley de la Universidad de California. También ha sido profesor en la Universidad de California en Santa Cruz, en Berkeley y en la Universidad de San Francisco.

El Tao de la Física
"Estaba sentado una noche al borde del océano una noche de verano, mirando desfilar las olas y sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando tome de repente conciencia de todo mi medio ambiente como estando implicado en una gigantesca danza cósmica".

"Siendo físico, sabía que la arena, las rocas, el agua, el aire alrededor de mí estaba compuesto de moléculas vibrantes y de átomos, consistiendo en partículas que crean y destruyen otra por interacción. Yo sabía también que la atmósfera de la Tierra estaba continuamente bombardeada por las lluvias de rayos cósmicos, partículas de alta energía sometidas a múltiples colisiones cuando penetran el aire. Todo esto me era familiar por mi investigación en física sobre altas energías, pero hasta ahí, solo lo había experimentado a través de gráficos, de diagramas, y de teorías matemáticas. Mientras quedaba en la playa, mis experimentos teóricos pasados se volvieron vivientes. Vi cascadas de energía bajar del espacio en cuyo seno las partículas estaban creadas y destruidas según las pulsaciones rítmicas. Vi los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participar a esta danza cósmica de la energía. Sentía los ritmos y entendía los sonidos, y a ese momento preciso, supe que era la danza de Shiva, el señor de la danza adorada por los hindúes".

(Fritjof Capra , prefacio de "El Tao de la Física").

En paralelo a sus actividades de investigación y enseñanza, desde hace más de 30 años Capra ha estudiado en profundidad las consecuencias filosóficas y sociales de la ciencia moderna. Sobre este tema imparte seminarios y conferencias, con relativa frecuencia, en diversos países.

Su producción literaria se inició con la publicación de un icono moderno: "El Tao de la Física", best-seller que supuso el punto de partida de numerosas publicaciones sobre la interrelación entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental.

Sus trabajos de investigación y divulgación siguientes incluyen estudios en que los postulados aportados por su primer libro se extienden a otras áreas, como la biología y la ecología, enfatizando en todos ellos la necesidad de alcanzar una nueva comprensión del universo que nos rodea como un todo en el que, para comprender sus partes, es necesario estudiar su interrelación con el resto de los fenómenos, pues su visión está basada en que la naturaleza de la realidad es un proceso creativo e interconectado en el que nada puede ser entendido por sí mismo, sino por su pertenencia a la infinita y extensa danza de la creación.

La ciencia física es la base de una vida sostenible
Permite comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida

La física tiene mucho que aportar a una vida sostenible, afirma en la siguiente entrevista el físico y teórico de sistemas Fritjof Capra. La ecología, considera, no es propia sólo de la biología, sino también de otras muchas ciencias, incluyendo la termodinámica y otras ramas de la física. Sin embargo, para contribuir significativamente al gran desafío de generar un futuro sostenible, los físicos necesitarán reconocer que su ciencia jamás dará lugar a una “teoría de todas las cosas”, sino que es tan sólo una de las muchas disciplinas científicas necesarias para comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida.

Fritjof Capra es un físico y un especialista en teoría de sistemas que consagró 20 años a la física de partículas antes de centrar su interés en otras ramas de investigación, a mediados de los 80. Célebre escritor, es autor de "Las Conexiones Invisibles".


Uno de los muchos ponentes influyentes del Festival de la Ciencia de Génova (uno de los eventos más atendidos por los medios europeos de comunicación científica, cuyo objetivo es crear un punto de encuentro de personas e ideas),  de 2006 fue Fritjof Capra, donde dio una conferencia titulada "Leonardo da Vinci: la Unidad de Ciencia y Arte".

Capra, que se describe a sí mismo como un educador y un ecologista militante, es director fundador del Center for Ecoliteray de Berkeley (California), que promueve la reflexión sobre la ecología y los sistemas en la enseñanza primaria y secundaria. En esta entrevista, Capra expresa sus conceptos sobre física moderna y sobre “la educación para una vida duradera”.

- Usted comenzó su carrera como investigador de la física de partículas y se hizo famoso por su popular libro "El Tao de la Física", publicado en 1975, y en el que se relacionaba la física del siglo XX con las tradiciones místicas. ¿Esperaba usted tener tanto éxito con su obra cuando la escribió?

- A finales de la década de los 60, advertí algunos llamativos paralelismos entre los conceptos de la física moderna y las ideas fundamentales de las tradiciones místicas orientales. En ese momento, intuí con fuerza que estos paralelismos algún día serían de dominio público y que debía escribir un libro sobre ellos. El éxito posterior de la obra superó todas mis expectativas.

Recientemente, me ha resultado muy gratificante enterarme de que mi trabajo como escritor ha sido reconocido por el CERN. El CERN recibió hace unos años el regalo de una estatua de Shiva Nataraja, Señor de la Danza, del gobierno hindú, para celebrar la relación a largo plazo entre la organización y la India. Allí se instaló una placa especial que explica la conexión entre la metáfora de la danza cósmica de Shiva y la “danza” de las partículas subatómicas, tomando varias citas del Tao de la Física.

- La física de partículas puede verse como un método reduccionista, pero usted aboga por la visión de los sistemas como un todo. ¿Cuándo comenzó a profundizar en la teoría de sistemas y qué dirigió sus propias ideas?

- En el epílogo de "El Tao de la Física", argumenté que “la visión del mundo derivada de la física moderna es incoherente con nuestra sociedad actual, que no refleja la interrelación armoniosa que observamos en la naturaleza”. Para conectar los cambios conceptuales en la ciencia con el profundo cambio en la cosmovisión y en los valores de la sociedad, tuve que ir más allá de la física y buscar un marco conceptual más amplio. Entonces, me di cuenta de que las cuestiones sociales principales –salud, educación, derechos humanos, justicia social, poder político, protección del medioambiente, gestión empresarial, economía, etc.- todas tenían que ver con los sistemas vivos: con los seres humanos individuales, con los sistemas sociales y con los ecosistemas. A partir de esta comprensión, mi interés investigador cambió y, a mediados de los '80, abandoné las investigaciones en la física de partículas.

- Ahora esta interpretación se ha hecho popular, porque hay un aumento del interés por las ideas sobre la complejidad. ¿Le gusta ver cómo se está desarrollando la complejidad?

- Sí. Creo que el desarrollo de la dinámica no-lineal, conocida popularmente como teoría de la complejidad, en los años '70 y '80 marcan un cambio en nuestra comprensión de los sistemas vivos. Los conceptos clave de este nuevo lenguaje –caos, atractores, fractales, bifurcaciones, etc- no existían hace 25 años. Ahora sabemos qué tipo de preguntas hacer cuando tratamos con sistemas no lineales. Esto ha producido algunos descubrimientos significativos en nuestra comprensión de la vida. En mi propio trabajo, he desarrollado un marco conceptual que integra tres dimensiones de la vida: la biológica, la cognitiva, y la social. Presenté este marco en mi libro "Las Conexiones Ocultas".

- ¿Cómo se involucró en el Center for Ecoliteracy de Berkeley?

- Durante los pasados 30 años, he trabajado como científico y divulgador, y también como educador y activista medioambiental. En 1995, algunos colegas y yo fundamos este centro para promover la ecología y la filosofía de sistemas en las escuelas públicas. Durante los últimos 10 años, hemos desarrollado una pedagogía especial, la “educación para una vida sostenible”. Crear comunidades humanas sostenibles significa, en primer lugar, comprender la habilidad inherente a la naturaleza de sustentar la vida, para después rediseñar nuestras estructuras físicas, tecnológicas y las instituciones sociales en concordancia con esa comprensión. Eso es lo que queremos decir con “ecológicamente culto”.

- ¿Qué éxito atribuye a sus proyectos y cómo mide ese éxito?

- Me siento feliz de poder decir que nuestro trabajo ha recibido una gran respuesta por parte de los educadores. Hay un intenso debate sobre los estándares y las reformas educativos, pero basado en la creencia de que el objetivo de la educación es preparar a los jóvenes sólo para competir en el entorno de la economía global. El hecho de que esta economía no sirve para preservar la vida sino para destruirla se ignora normalmente, y ahí el verdadero desafío educativo de nuestro tiempo: comprender el contexto ecológico de nuestras vidas, apreciar sus escalas y límites, reconocer los efectos de la acción humana y, sobre todo, “conectar los puntos”.

Nuestra pedagogía, “la educación para una vida sostenible” es experimental, sistémica y multidisciplinar. Convierte los colegios en comunidades de aprendizaje, a los jóvenes en ecológicamente cultos y les aporta una visión ética del mundo y de las posibilidades de vivir como personas completas.

- De lo que usted conoce sobre educación a ambos lados del Atlántico, ¿cree que hay grandes diferencias entre los sistemas educativos de Europa y USA, y cree que pueden aprender unos de otros?

- Los educadores que asisten a nuestros seminarios proceden de muchas partes del mundo. Las conversaciones con ellos nos han permitido darnos cuenta de que, aunque nuestra pedagogía haya inspirado a gente de muchos países (de Europa, Latinoamérica, África y Asia), no puede ser aplicada como modelo en dichas naciones de manera directa.

Los principios de la ecología son los mismos en todas partes, pero los ecosistemas en que se practica el aprendizaje experimental son distintos, así como los contextos culturales y políticos de la educación en los diversos países. Esto supone que la educación para la sostenibilidad necesita una re-invención continua.

- ¿Puede contribuir la física a la visión de la vida sostenible?

- Absolutamente. La ecología es intrínsecamente multidisciplinar porque los ecosistemas conectan el mundo vivo con el inorgánico. La ecología, por tanto, no es propia sólo de la biología, sino también de otras muchas ciencias, incluyendo la termodinámica y otras ramas de la física.

El flujo energético, en particular, es un importante principio de la ecología y el desafío de pasar de utilizar combustibles fósiles a fuentes de energías renovables es un campo en el que los físicos pueden hacer contribuciones muy significativas. No es casual que uno de los mayores expertos mundiales en energía, Amory Lovins, director del Rocky Mountain Institute, sea un físico.

- Actualmente, usted trabaja en un nuevo libro sobre la ciencia de Leonardo da Vinci. En su seminario en el Festival de Ciencia de Génova usted explicó que lo que necesitamos hoy es exactamente el tipo de ciencia que Da Vinci anticipó. ¿Cómo cree que la física debe –o puede– evolucionar en el futuro? ¿Hay, en su opinión, un futuro para la física?

- Bien, usted me pregunta varias cuestiones en una, todas ellas muy sustanciosas. No estoy seguro de si podré hacerles justicia de manera breve. Ciertamente, podemos aprender mucho de la ciencia de Leonardo. Dado que nuestras ciencias y tecnologías se han ido estrechando cada vez más en sus enfoques, no se pueden comprender los problemas de nuestro tiempo desde una perspectiva interdisciplinar, dominados como estamos por compañías con escaso interés por el bienestar de los seres humanos. Urgentemente, por tanto, necesitamos una ciencia que honre y respete la unidad de todas la formas de vida, reconozca la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos humanos y nos reconecte con la tierra viva. Ésta es exactamente la ciencia que Leonardo da Vinci anticipó y esbozó hace 500 años.

Los físicos tienen mucho que aportar al desarrollo de este nuevo paradigma científico. En la ciencia moderna, la interdependencia fundamental de todos los fenómenos naturales fue por primera vez reconocida en la teoría cuántica, y diversas ramas de la física resultan esenciales para la comprensión completa de la ecología.

Sin embargo, para contribuir significativamente al gran desafío de generar un futuro sostenible, los físicos necesitarán reconocer que su ciencia jamás dará lugar a una “teoría de todas las cosas”, sino que es tan sólo una de las muchas disciplinas científicas necesarias para comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida.


El Crecimiento de Nuestro Planeta según Fritjof Capra

Fritjof Capra, nacido en Viena el 1 de febrero de 1939, es un reconocido físico austriaco. Doctor en Física teórica por la Universidad de Viena en 1966, Fritjof Capra ha trabajado como investigador en física subatómica en la Universidad de París, en la Universidad de California en Santa Cruz, en el Acelerador Lineal de Londres y en el Laboratorio Lawrence Berkeley de la Universidad de California. También ha sido profesor en la Universidad de California en Santa Cruz, en Berkeley y en la Universidad de San Francisco.

En este video Capra  afirma que:

Un crecimiento económico cuantitativo ilimitado,
dentro de un planeta finito,
¡NO PUEDE SOSTENERSE!



martes, 17 de julio de 2012

Estigmatizados como "Bichos Raros"


“Si alguien no marcha a igual paso que sus compañeros,
puede que eso se deba a que escuche un tambor diferente.
Que camine al ritmo de la música que oye, aunque sea lenta y remota.”
(Henry Thoreau)








Como todas las mañanas, se vio frente al espejo al levantarse y ¿qué es lo que vio? Lo mismo de todos los días, lo mismo que ve la gran mayoría de las personas cuando se miran ante el espejo, aunque no vean su reflejo real.

Tenía dos ojos, una boca, dos manos al final de sus brazos, dos pies que soportaban su esqueleto y le permitían caminar... Entonces, ¿qué diferencia podía existir en él respecto al resto de los mortales "no mutilados"?, se preguntaba contemplando un gran respeto por quienes podían sufrir cualquier tipo de minusvalía física, psíquica, cognitiva o sensorial. Le supuso años de reflexión, auto-estudio y auto-crítica hallar la respuesta, poder llegar a afirmar con seguridad, pero sin arrogancia, que en él sí existía una gran diferencia: era único, era inimitable, era irrepetible, era inigualable, porque como él no había, no hubo, ni habrá dos iguales. Ya que todos somos únicos, justamente aquello que le hacía distinto de los demás, era precisamente lo que le igualaba al resto. ¡Curiosa paradoja!


Pero él veía en sí mismo algo más que pocos podían apreciar en él: su autenticidad y todo cuanto esta palabra pueda llevar implícita: inteligencia, personalidad, inquietudes, comportamiento, indumentaria, expresiones, aficiones y un sinfín de elementos más que le resultaba imposible enumerar a bote pronto.

Como cada día, salió a la calle e hizo el trayecto hacia su trabajo en el autobús donde habitualmente se dedicaba a observar con silenciosa discreción los comportamientos de otros viajeros: uno dormía, otro se desgastaba los dedos pulsando incesantemente el teclado de su teléfono móvil; una chica con auriculares escuchaba música mientras canturreaba en voz alta con rítmicos movimientos de su cuerpo; una mujer leía las últimas páginas de un libro de Lou Marinoff cuyo título le provocó una sonrisa ciertamente maliciosa: "Más Platón y Menos Prozac"; un hombre maduro mantenía con el conductor una enfervorizada conversación sobre los resultados del partido de la liga de fútbol que la noche anterior habían retransmitido en televisión; otro molestaba a su compañero de asiento cada vez que invadía su espacio personal al pasar las páginas de su diario deportivo; dos mujeres "despellejaban viva" a una ¿amiga? ausente y, al fondo, una joven oteaba con la mirada ausente cuanto iba apareciendo en el exterior, al otro lado del cristal de la ventanilla en el que figuraba el letrero "Rómpase en caso de emergencia". Así, sucesivamente, cada uno se encontraba inmerso en su mundo, ajeno a lo que sucedía a su alrededor.

Una vez más volvía a preguntarse "¿en qué me diferencio yo de toda esta gente?". No le gustaba el fútbol por considerarlo, entre otras cosas, un deporte de masas al cual, los medios de comunicación, otorgaban demasiada notoriedad para desviar la atención de temas candentes de mayor trascendencia; así no era de extrañar que no gastase un céntimo en diarios deportivos, mucho menos se enzarzaría jamás en una discusión por un asunto tan banal e insustancial; no entendía el proceso de mutación sufrido por muchas personas al transformase en la prolongación de un aparato electrónico con un teclado y una pequeña pantalla que aparecía como una protuberancia en sus orejas o entre sus manos; siempre le gustó la discreción y manifestar respeto, no molestando a nadie con sus actos; detestaba juzgar a los demás y hablar mal de personas ausentes. No era dado a las comparaciones, tampoco a compararse con otros, máxime si se sabía diferente a ellos. No obstante, si le hubiesen obligado a tener que decantarse por alguno de sus compañeros de viaje por encontrar alguna similitud entre él y el resto de pasajeros, sin duda alguna, habría escogido a la lectora de Marinoff y, en todo caso, a la muchacha de mirada perdida. Con su "deformación" de analizarlo todo, ese entorno le creaba una ambivalencia, una dualidad ya familiar en él; por un lado se sentía bien, porque, al ir todos inmersos en sus propios y pequeños mundos, no sentían la necesidad de reparar en él, así podía pasar desapercibido sin que le observasen como a alguien diferente a ellos y podía sentirse él mismo en libertad; sin embargo, y por otra parte, le producía un sentimiento de vacío y soledad por saberse distinto a todos, por no tener una forma de pensar y actuar tan convencional como la manifestada por el resto. Pensaba que, indiscutiblemente, a este mundo le hace falta leer más a Platón para poder tomar menos Prozac.

Bajó del autobús en la misma parada de siempre y anduvo hasta a la oficina, mientras sentía en la cara el rigor del frío invierno. Poco antes de llegar a su destino, se cruzó con un hombre elegantemente vestido con un impecable traje gris marengo que se dejaba ver bajo su abrigo negro de buena calidad, con relucientes zapatos casi a estrenar. Hasta aquí no había nada que pudiese parecer extravagante a ojos ajenos, si no fuese por la gorra de béisbol roja que conjuntaba en color con una gran bufanda de lana gruesa con pompones en sus extremos, posiblemente tejida a mano con el cariño de una madre. Le sorprendió gratamente apreciar como este hombre caminaba con paso firme y seguro de sí mismo, sin manifestar ningún sentimiento de ridículo, cuando su atuendo habría provocado la risa en más de uno y en más de dos.

Tras sus pasos, el hombre se alejaba tarateando una alegre cancioncilla, mientras al frente, a nuestro protagonista, le esperaban horas de burla, incomprensión, críticas, indiferencia e incomunicación por su peculiar personalidad, por sentirse continuamente catalogado como "el rarito de la ofi", lo cual le llevaba a sentir inseguridad y pérdida de autoestima; a tener que mantener un elevado nivel de auto-control para poder sobrellevar con serenidad y estoicismo esa incómoda situación durante jornadas interminables, durante meses, años, tal vez toda una vida... Situaciones que, en sí mismas, mermaban cotidiana y paulatinamente los mecanismos necesarios para que pudiese interactuar con su entorno social y que podían llegar a incapacitarle para hacerlo eficazmente.

En este hábitat que llamamos "sociedad", donde la socialización parece una cualidad en decadencia; en esta "jungla" en la que vivimos, en la que nos comportamos con más violencia y agresividad que la especie animal más feroz, el protagonista de esta historia tenía que enfrentarse, día a día, a un monstruo por el que temía ser devorado cada vez que tomaba el autobús, al ir a la panadería, durante su horario de trabajo, en una reunión de la comunidad de vecinos, al dar un paseo en solitario, inclusive en la convivencia con algunos miembros de su propia familia, es decir, siempre que interactuaba con otras personas con las que no encontraba afinidad alguna.

Mantener su autenticidad le pasaba una costosa factura cuando se mezclaba con otros seres únicos como él, pero también opuestos diametralmente a su percepción de las cosas; seres que, a diferencia de él, no poseían unos valores humanos fundamentales: la tolerancia, la comprensión y, por tanto, el respeto. Mientras él seguía con sus eternos interrogantes: "¿Qué hay de diferente en mí?", "¿Qué es lo que tengo que cambiar?", "¿Cómo puedo lograr integrarme?", tras los cuales resurgía su imperecedera satisfacción por ser tal y como era sin maquillaje, ni artificios; en resumen, la permanente contradicción que no sabía a qué o a quién achacar.
¿Por qué...?

¡Quién lo sabe!

Posiblemente la responsabilidad fuese compartida por su propia complejidad, la cual le impedía ser más básico de lo esperado, y por cuantos componían su entorno social, quienes, llevados por su simplicidad se habían dejado arrastrar por la fuerza de una sociedad que premia la discriminación de las personas que, por una u otra razón, no cumplen con todos los requisitos que ésta impone para legitimar una membresía cualificada y han de conformarse con ser, simplemente, catalogados como "bichos raros".

Esa era su realidad, esa era una de sus cualidades fundamentales, con ella tenía que convivir en un continuo conflicto interno, en un bucle infinito de dudas y emociones negativas que le impedían disfrutar de su vida con serenidad...

Sólo por poner algunos claros y sencillos ejemplos, basta con ser tímido, introvertido, reservado, carecer de ciertas habilidades sociales, mostrar una "vena mística" o espiritual, no ser agraciado físicamente, tener un insólito "leitmotiv", llamarse como un rey godo o vestir de manera inusual, para convertirse en motivo de chanza de un colectivo que no muestra ningún miramiento hacia las cualidades ajenas y, con ello, evidencian su carencia de valores humanos y éticos, el hecho de estar limitados por lo meramente estético y acomodaticio que les simplifica y facilita su trivial esencia y existencia.

¿Por qué "rarito"? ¿Por qué influir negativamente en el ánimo de una persona haciéndola sentir "la oveja negra" en un "rebaño de merinas"? ¿Por no ser convencional? ¿Por tener una identidad propia que no se adapta a ciertos cánones sociales admitidos y elogiados? ¿Por qué...?

Las personas con un nivel de conciencia más desarrollado que la media suelen no encajar bien en su entorno, por lo que padecen un marcado sentimiento de inadecuación que mella su estabilidad emocional siempre que no aprendan a superarlo o, al menos, a manejarlo convenientemente. Estas personas suelen ser muy intuitivas, sensibles y sensitivas, de modo que, perciben con mayor facilidad que el resto, las actitudes ajenas como si de receptores de vibraciones externas se tratase. Tienen una vida interior muy rica, la cual no les impide tener grandes inquietudes que les llevan permanentemente a cuestionar una realidad a la que no encuentran un sentido lógico y razonable. No aceptan de forma natural quedarse con la percepción de superficialidad de la vida, de ahí que, al no ser fácil encontrarlo -por no decir imposible-, suelen manifestar un cierto grado de frustración, viéndose permanentemente forzados a desarrollar unas habilidades que no se adaptan a su naturaleza, pero que les permitan integrarse en un grupo con el que, como piezas de otro rompecabezas, nunca podrán encajar por completo, a pesar de sus esfuerzos por refrenar e incluso rechazar su condición natural. Viven la compasión como algo natural y buscan dónde ejercerla, aman la belleza y los vínculos afectivos. Todo ello les lleva a poner en práctica sus mejores valores e intentan superarse a diario a sí mismos. Las personas con estas características y que sufren este sentimiento de "no encajar en el mundo" son las que padecen aquello que, en Psicología Transpersonal, se ha dado en llamar "Complejo de Inadecuación Esencial".

Nuestra identidad es el conjunto de rasgos que nos hace ser diferentes a los demás, expresa quién y cómo somos. Con ella marcamos un estilo propio, original e individual, que si no encaja con las normas mayoritariamente aceptadas, provoca recelo en quienes miran la vida desde el prisma de la simplicidad y, como no alcanzan a comprender la complejidad de otro carácter diferente al suyo, temen que éste les pueda perjudicar de algún modo "siniestro" que se escape a su control e incluso les haga perder su rol de superioridad aparente. Así, para ocultar el miedo que su propia debilidad e inseguridad les provoca, contraatacan con el único medio que su elemental personalidad les permite: el desprestigio mediante la mofa, sin reparar en las graves consecuencias que puede suponer para la persona que es víctima de este "acoso burlesco y difamatorio". En contrapartida, si teniendo una personalidad compleja, compuesta por cualidades, ideas, emociones o tendencias diferentes y muy marcadas, renunciamos a nuestra propia esencia, literalmente, estaremos renunciando a nosotros mismos para pasar a vivir permanentemente bajo una falsa apariencia, tras una máscara que, tarde o temprano, acabará por caer dejando al descubierto nuestra verdadera personalidad totalmente desprovista de recursos para la adecuación social.

No hay que ser cautivos de uno mismo, del "ser", de sentir la vida de acuerdo a unas etiquetas que rijan todos nuestros actos de forma inamovible, ya que, de este modo, nos estaremos privando del desarrollo y de la evolución personal. No conviene ser rehenes del "estar", resignándonos indefinidamente a lo conocido por temor a asumir los riesgos y la incertidumbre que la vida lleva implícitos. Como tampoco hay que  ser prisioneros del "parecer", basando nuestras vidas en la simple apariencia, en el puro e insignificante convencionalismo, sin aventurarnos a sumergirnos en la maravillosa profundidad de la existencia. La cuestión es trabajar para aprender a ser libres y espontáneos en cualquier lugar y situación, tarea nada fácil, dicho sea de paso. 


Yo, personalmente, me siento marcada por el estigma de ser frecuentemente considerada como un "bicho raro", pero prefiero pertenecer a Venus que a Marte y sentirme satisfecha y orgullosa de ser un unicornio, azul, al ser posible, antes que formar parte de un rebaño de ovejas churras o merinas, tanto da, en el que todas son iguales y en poco se diferencian, reses incapaces de moverse por sí mismas si no son guiadas por un perro pastor que las conduzca al redil.


La razón de preferir ser de Venus, la abordaré en una próxima ocasión, pero el motivo por el cual opto por ser un unicornio, como Shawn Achor siendo niño hizo creer a  su hermana Amy, se puede encontrar en el siguiente video. Y de color azul porque si me pierdo en mi universo interior, sé que alguien en el exterior me añorará, buscará mi regreso, respetando y valorando mis cualidades únicas. Sólo así seguiré siendo fiel a mi singularidad y a cuantos me une un lazo afectivo. 


Y tú ¿Quién deseas ser?

¿Quién eres realmente?



“Si uno es diferente se ve condenado a la soledad”.
(Aldous Huxley)

AnA Molina (Administrador del blog)


Escapando del Culto a la Media


"Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno,
pero una mentiras a medias, de ningún modo es una media verdad."
(Jean Cocteau)
En esta ágil y amena conferencia en TEDxBloomington (programa de organización de eventos), el psicólogo Shawn Achor hace una interesante reflexión sobre la aportación que la Psicología Positiva puede ofrecer a las personas "diferentes" que, por el mero hecho de sobresalir de la media, pueden tener dificultades para "encajar" en su entorno, induciéndolas a la infelicidad, mientras que la valoración positiva de estos "atípicos puntos rojos de la gráfica", mediante la readaptación cerebral que les permitiá percibir la realidad desde una perspectiva optimista, fomenta su bienestar psicológico y emocional, lo cual redundará, satisfactoriamente, tanto en su eficacia y en el alcance exitoso de sus objetivos, como en los resultados educativos y empresariales.

A continuación del video, y para facilitar la comprensión a los hispanohablantes que no dominen la lengua inglesa, se presenta la trascripción al castellano de la conferencia:




"Cuando yo tenía siete años y mi hermana sólo cinco, jugábamos en la cama superior de la litera. Entonces, tenía dos años más que mi hermana. Bueno, ahora sigo siendo dos años mayor. En ese momento significaba que tenía que hacer lo que yo quisiera y yo quería jugar a la guerra. Estábamos en la cama de arriba. Y a un lado yo tenía todos mis soldados y mi armamento. Y al otro lado estaban todos los caballitos de mi hermana listos para una batalla de caballería.

Hay varias versiones de lo que sucedió esa tarde, pero ya que ella no está hoy aquí, voy a contarles la verdadera historia que trata de que mi hermana era un poco torpe. De alguna manera, sin ninguna intervención de su hermano, de pronto Amy desapareció de la cama superior y aterrizó en el suelo. Yo, muy nervioso, me asomé para ver lo que había sucedido a mi hermana. Y la vi sobre sus manos y rodillas en el suelo.

Me puse nervioso porque mis padres me habían encomendado que jugáramos lo más seguros y silenciosos posible. Recordaba cómo Amy se había roto el brazo por accidente sólo una semana antes, cuando heroicamente la había empujado para evitar una bala de un francotirador imaginario, por lo cual ni me dieron las gracias. Yo hice todo lo posible, ella ni siquiera la vio venir. Yo me esforzaba mucho en portarme bien.
Y en la cara de mi hermana vi un gemido de dolor y sufrimiento en su sorpresa, a punto de estallar, despertara a mis padres de su larga siesta. Entonces hice lo único que mi loca cabeza de siete años pudo pensar temiendo una tragedia. Si Uds. tienen hijos, habrán visto esto cientos de veces. Le dije: "Amy, Amy, espera. No llores.¿Viste como caíste? Ningún humano cae así, a cuatro patas. Amy, eso quiere decir que eres un unicornio".

Era una trampa porque lo que ella más quería era, en lugar de ser Amy, la hermanita lesionada de cinco años, ser Amy, el unicornio especial .Esta opción le habría parecido imposible un momento antes. Si hubieran visto a mi pobre hermana manipulada ante el conflicto de prestar atención al sufrimiento, dolor y sorpresa que estaba padeciendo, o contemplar su nueva identidad como unicornio. Y venció esto último. En lugar de llorar o de suspender el juego, en lugar de despertar a mis padres, con todo lo que me habría caído encima, una sonrisa iluminó su cara y se arrastró ahí mismo a la litera con toda la gracia de un bebé unicornio con una pierna fracturada.

Lo que nos encontramos a esta tierna edad de sólo cinco y siete años -ni lo sabíamos entonces- fue algo que iba a estar al frente de una revolución científica dos décadas después, sobre la manera en que vemos el cerebro humano. Lo que vimos es algo llamado Psicología Positiva, que es la razón por la que estoy hoy aquí y por la que me levanto cada mañana.

Cuando empecé a hablar de esta investigación fuera del mundo académico, en empresas y escuelas, lo primero que me dijeron es que nunca comenzara una charla con una gráfica. Y lo primero que haré será comenzar con una gráfica. Esta gráfica parece aburrida, pero es la razón por la que ilusionado me levanto por las mañanas. Pero no significa nada lo que aquí se ve; son datos falsos.

Me encantaría que estos datos vinieran de Uds., de esta audiencia, porque habría una clara tendencia de lo que sucede y eso querría decir que lo puedo publicar, que es lo único que importa. El punto extraviado, el rojo, significa que hay un tipo raro en el salón. Sé quién eres, ya te vi antes; pero no importa. Como todos saben, puedo simplemente borrar ese punto. Y puedo porque es claramente un error de medición. Y sé que es un error de medición porque está estropeando mis datos.

Una de las primeras cosas que enseñamos en los cursos de estadística, negocios y psicología, es cómo eliminar a los raros de manera estadísticamente válida. Y ¿cómo eliminamos a esos atípicos para encontrar la línea de mejor ajuste? Es fantástico si estoy tratando de encontrar cuántos Advil (1) debe tomar una persona promedio: dos. Pero si estoy interesado en su potencial, o en la felicidad, o en la productividad, o en la energía, o en la creatividad, estamos creando un culto científico a los promedios.

Si preguntara "¿Qué tan rápido aprende un niño a leer?", los científicos la cambiarían a: "¿Qué tan rápido el niño promedio aprende a leer?", para luego ajustar la clase justo al promedio. Y si estás fuera del promedio de la curva, los psicólogos se emocionan porque eso quiere decir que o estás deprimido o tienes un problema, o, con suerte, ambas. Queremos que sean ambas porque nuestro modelo del negocio dice que si vienes a terapia con un problema, nos aseguremos que salgas con diez, para que sigas viniendo. Volveremos a tu niñez, si es necesario, pero lo que queremos es volverte normal. Pero normal es lo mismo que promedio.

Lo que propongo con la Psicología Positiva es que si estudiamos lo que es apenas promedio, nos quedaremos en lo escasamente promedio. Y en lugar de borrar esos atípicos positivos, lo que hago es venir a un grupo como éste y preguntar: ¿por qué? ¿Por qué algunos de Uds. están tan encima de la curva en su habilidad intelectual, atlética, musical, creativa, sus niveles de energía, su capacidad para asumir retos o su sentido del humor? Lo que sea, en lugar de borrarte, prefiero estudiarte. Porque quizás descubriremos la manera, no de mover a la gente hacia el promedio, sino de elevar los promedios de las empresas y de las escuelas de todo el mundo.

La importancia de esta gráfica es que cuando conecto las noticias, parece que casi toda la información es negativa, no positiva. La mayoría es sobre crimen, corrupción, enfermedades, desastres. Y rápidamente mi cabeza empieza a pensar que esa es la proporción real de lo negativo en el mundo. Lo que sucede es que se crea el llamado síndrome del estudiante. Si Uds. conocen a alguien que estudie medicina, sabrán que en el primer año, cuando leen la lista de todos los síntomas y enfermedades que puede haber, de pronto se dan cuenta de que las tiene todas.

Tengo un cuñado llamado Bobo -eso es otro cuento-. Bobo se casó con Amy, el unicornio. Bobo me llamó por teléfono desde la escuela de medicina de Yale y me dijo: "Shawn, tengo lepra". Lo cual, aun en Yale, es bastante raro. Yo no tenía ni idea de cómo consolarlo porque él acababa de salir de una semana de menopausia.

Estamos descubriendo que no es que la realidad nos transforme, sino que la lente con la que vemos el mundo transforma nuestra realidad. Y si cambiamos la lente, no sólo cambia el grado de felicidad, sino también los resultados educativos y empresariales.

Cuando solicité admisión en Harvard, me arriesgué. No esperaba ser admitido y mi familia no podía pagarlo. Dos semanas después conseguí una beca militar y me admitieron. Algo que ni siquiera era una posibilidad, se hizo realidad. Ya estando allá, supuse que todos lo verían como un privilegio, que estarían muy emocionados. Aun en una clase llena de personas más listas que tú, eres feliz de estar ahí. Así me sentía. Pero descubrí que, aunque algunas personas así lo sienten, cuando me gradué, en cuatro años, y los ocho que seguí viviendo en la residencia de estudiantes...Harvard me lo pidió. Yo no soy así. Como funcionario asesoraba a estudiantes esos 4 difíciles años. Y lo que descubrí, en mi investigación y en mis clases, es que esos estudiantes, aparte de la felicidad que sentían por haber entrado en la universidad, dos semanas después pensaban no en la suerte de estar ahí, ni en la Filosofía o la Física, sino en la competencia, en la carga académica, en las dificultades, la presión, las quejas.


Cuando entré, fui al comedor de los de primero, con mis amigos de Waco, Texas, donde yo crecí...Supongo que a algunos les suena. Cuando venían a visitarme, miraban alrededor y decían: "Este comedor parece salido de Hogwart, de la película de Harry Potter", lo cual es cierto. Este es el de Hogwart de la película y este es el de Harvard. Veían esto y decían: "Shawn, ¿por qué pierdes el tiempo estudiando la felicidad en Harvard? En serio, ¿qué puede tener un estudiante de Harvard para sentirse infeliz?".


Implícito en esta pregunta está la clave de la ciencia de la felicidad. Porque lo que se asume con esa pregunta es que por el mundo exterior se puede predecir tu felicidad, cuando en realidad, si conozco tu mundo exterior, puedo predecir el 10% de tu felicidad a largo plazo. El otro 90% proviene no del exterior, sino de la manera en que procesas lo externo. Y si cambiamos la fórmula de la felicidad y del éxito, cambiará la manera en que afectan la realidad. Encontramos que solo el 25% del éxito es predecible por el coeficiente de inteligencia. El 75% del éxito se puede predecir por los niveles de optimismo, por el apoyo social y por percibir la presión como reto en vez de amenaza.

Hablé en un internado de New England, quizás el más prestigioso, y me decían: "Ya lo sabemos. Por eso cada año, además de las clases, tenemos una semana de bienestar. Es emocionante. El lunes traemos al principal experto del mundo que viene a hablar sobre la depresión en adolescentes. El martes es sobre violencia y acoso en la escuela. El miércoles es sobre problemas alimenticios. El jueves es cómo evitar las drogas. Y el viernes estamos entre sexo riesgoso y felicidad". Anoté: "Como los viernes de todo el mundo...". Me alegro de que les guste; a ellos no les gustó nada. Silencio total. En medio del silencio, dije: "Me encantaría hablar aquí, pero esa no es una semana de bienestar, sino de malestar. Han recorrido todo lo negativo que puede suceder, pero no han hablado de lo positivo".

La ausencia de enfermedad no es salud. Para llegar a la salud tenemos que invertir la fórmula de la felicidad y del éxito. En los últimos tres años he viajado a 45 países, trabajando con escuelas y empresas en medio de la depresión económica. Vi que en la mayoría siguen esta fórmula:"Si trabajo más duro, tendré más éxito. Si tengo más éxito, seré más feliz". Así solemos actuar como padres o administradores. Así motivamos el comportamiento.

Pero científicamente está mal, es regresivo, por dos razones. Primero, cada vez que tienes un éxito, la meta cambia, la forma del éxito. Sacaste buenas notas, ahora debes obtener mejores, ingresaste a una buena escuela, luego hay que ir a una mejor, conseguiste un buen empleo, hay que obtener uno mejor, alcanzaste tu meta de ventas, vamos a cambiarla. Y si la felicidad viene después, nunca la vas a alcanzar. Lo que hemos hecho es empujar la felicidad más allá del horizonte cognitivo. Pensamos que hay que tener éxito y luego ser felices.

Pero el cerebro trabaja en sentido opuesto. Si hoy elevas el nivel de positivismo de alguien, entonces sentirá lo que llamamos una ventaja de felicidad, o sea que el cerebro en positivo funciona mucho mejor que cuando está negativo, neutro o estresado. Se eleva la inteligencia, la creatividad, los niveles de energía. Lo que descubrimos es que se mejoran todos los resultados económicos. El cerebro positivo es un 31% más productivo que si está negativo, neutro o bajo presión. Trabajamos un 37% mejor en ventas. Los doctores son un 19% más rápidos, más precisos y más correctos en sus diagnósticos, si están positivos, que si están negativos, neutros o presionados. Lo cual indica que se puede invertir la fórmula. Si encontramos una manera de volvernos positivos en el presente lograremos aún mayores éxitos al poder trabajar más duro, más rápido y con más inteligencia.

Necesitamos aprender a invertir la fórmula para ver lo capaz que es el cerebro. La dopamina, que irriga el sistema cuando somos positivos, tiene dos funciones. No sólo te hace sentir más feliz, sino que también activa los centros de aprendizaje permitiéndote adaptarte al mundo de manera diferente.

Hemos encontrado maneras de entrenar el cerebro para que se vuelva más positivo. En lapsos de sólo dos minutos, durante 21 días, podemos readaptar el cerebro, permitiendo así que funcione con más optimismo y mayor éxito. Hicimos esta investigación en las empresas con que he trabajado haciendo que escriban tres motivos de gratitud durante 21 días seguidos, tres cosas nuevas cada día. Y al final sus cerebros empiezan a retener un patrón de buscar en el mundo no lo negativo, sino primero lo positivo.

Al anotar una experiencia positiva del día anterior le das fuerzas al cerebro. Aprendes a darle importancia al comportamiento. La meditación ayuda a superar el TDAH (2) que hemos creado, al tratar de hacer muchas cosas a la vez y ayuda a concentrarse en una sola tarea.  finalmente, los actos aleatorios de bondad son actos conscientes. Hacemos que la gente, al abrir su buzón de correo, escriban un mensaje positivo elogiando o agradeciendo a alguien en la red social.

Y al hacer estas actividades, al entrenar el cerebro, igual que se entrena el cuerpo, notamos que se puede invertir la fórmula de la felicidad y el éxito y al hacerlo, no sólo se crean olas de positivismo, sino que se genera una verdadera revolución.

Muchas gracias."

Notas:
(1) - Advil es una marca de ibuprofeno, un antiinflamatorio no estoroideo, fabricado por la farmacéutica Pfizer desde 1984.
(2) - TDAH corresponde a las siglas del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Fuente:
Shawn Achor: El Feliz Secreto para Trabajar Mejor


Los Espejos Gritan





Cuesta mirarlos. Cuesta admitirlos. Pero sobre todo, cuesta empezar a cambiar la situación que reflejan. La verdad es que pocas escuelas enseñan esa otra realidad del mundo que tanto avergüenza. Pocos padres muestran a sus hijos qué se esconde debajo de la alfombra que pisa la sociedad global. Esa sociedad "civilizada" y "desarrollada" sólo para algunas cosas. Quizá por eso, nos cuesta tanto.


En el fondo lo sabemos, la mayoría de nosotros fuimos educados y formados a medias. No hablo de geografía, gramática o econometría. Sino de saber en qué mundo vivimos. Qué ocurre en este lugar que habitamos y lo más importante, por qué ocurre. Desde pequeños aprendemos mucha teoría o conocimiento "estándar" y nos preparamos para tratar de hacernos un hueco en la sociedad. Es decir, para ser alguien típicamente importante. Todo esto lo aprendemos en esos ordenados pasos que la sociedad nos empuja a ir siguiendo en las diferentes etapas de nuestra vida. Y sin pararnos a pensar: ¿Es esto lo que quiero? ¿Dónde me lleva este camino previamente marcado?

Se podría considerar raro, muy poco habitual o mejor dicho: es extrañísimo, que recibamos una formación en la que se nos enseñe a encontrar nuestro lugar en el mundo, pero sin que ello genere daño, injusticia o sufrimiento para los demás. Esa es una de las razones que explican por qué cuando el mundo se muestra tal y como es, no queremos mirarlo ni vernos reflejados; aunque los espejos de la realidad muestren la injusticia en estado puro y griten con todas sus fuerzas qué nos está ocurriendo.

Cuesta afrontar la realidad de un mundo cada día más al revés. Cuesta asimilarla, asumirla. Pero hay que dar ese paso. Y es algo que antes o después tendremos que hacer. Todo está relacionado y conectado, aunque no nos demos cuenta o no lo queramos admitir: lo que le ocurre al mundo nos afecta a todos. No podemos ignorarlo o vivir de espaldas a una humanidad visiblemente deshumanizada. Es posible que al mirar para otro lado sintamos cierta tranquilidad temporal, pero entramos en una dinámica de posponer y amontonar problemas, hasta que un mal día nos salten todos a la vez.

Estamos ante la mayor oportunidad de darle la vuelta a las cosas. La realidad es como es, no como nos gustaría que fuera. Aceptémosla. Y empecemos a cambiarla, transformarla, rehacerla. Creerlo es crearlo, crearlo es cambiarlo. Hagámoslo posible. Hoy.

Por Alfonso Basco

FUENTE:



lunes, 16 de julio de 2012

Si Quieres Manzanas, Planta y Cuida el Árbol



Johan Cruyff, cuando era jugador del F. C. Barcelona, dijo una cosa que me impresionó: "El fútbol, es el deporte más complicado: se hace con el pie, en un campo irregular y grande, y los once contrarios te quieren quitar el balón. Hay que usar el cerebro a una gran velocidad para poder calcular por dónde se mueven los contrarios. Hay leyes que conocemos los que estamos dentro: si buscas marcar un gol, no lo marcarás; si juegas como debes, marcarás" .

Este concepto es importantísimo. No conseguiremos resultados si buscamos sólo resultados, si centramos nuestro esfuerzo únicamente en los resultados. Los resultados se consiguen cuando trabajamos el proceso previo que acaba en resultados.

A las personas les cuestas tomar decisiones porque no controlan el final del proceso. Tenemos miedo a no conseguir los resultados que buscamos, tenemos miedo al fracaso.

Pero es mucho más sencillo controlar el inicio, la búsqueda de opciones.

Mi amiga Inés estaba desesperada. Era una prestigiosa profesional, muy reconocida en su trabajo, al que se había dedicado en cuerpo y alma en los últimos veinte años. Su trabajo era su vida. Al cumplir 45 años tuvo una crisis y se dio cuenta de que necesitaba también tener una pareja. Así que decidió buscarla al precio que fuera. Comenzó a salir por las noches, a frecuentar bares, discotecas, fiestas, con la única obsesión de encontrar pareja. Pero lo que encontraba eran relaciones esporádicas, ligues de una noche, que la dejaban todavía más hundida.
Cuando me contó lo que le pasaba le dije que dejara de hacer eso. Le expliqué que no iba a encontrar la pareja adecuada en bares a los que acudían personas tan frustradas como ella. "La pareja anhelada sólo la vas a encontrar si la buscas en tu vida cotidiana" —le dije— "Tú te relacionas con muchas personas, tienes una gran vida social y profesional. Sólo tienes que abrir la puerta a la posibilidad de encontrar una pareja en tus actividades diarias, en tu trabajo, cuando haces deporte, cuando quedas con unas amigas para tomar un café. Hasta ahora has tenido los ojos cerrados. Simplemente ábrelos y mira lo que tienes a tu alrededor".
Inés abrió los ojos y encontró al hombre de sus sueños en un compañero al que conocía desde los tiempos de la Universidad y en el que nunca se había fijado como posible pareja.

El gol es el resultado de todo un proceso, que se consigue cuando se juega bien. Una vez leí unas declaraciones de un futbolista brasileño: "A veces, cuando estoy muy concentrado, paro el tiempo. En décimas de segundo analizo la situación con el tiempo parado, veo cuáles son las posibilidades de mis rivales, dónde están situados mis compañeros, cuáles son mis opciones y elijo la mejor. Generalmente, cuando hago esto, la jugada acaba en gol".
¿Quieres conseguir algo? Centra, entonces, tus esfuerzos en el proceso. Ahora que estamos empezando el año y todos nos proponemos conseguir metas, no te esfuerces en los resultados, esfuérzate en el proceso y llegarás a las metas sin darte cuenta.


Por: Ricardo Ros (Psicólogo)