lunes, 19 de marzo de 2012

¡Viva La Pepa!

"La proclamación de la Constitución de 1812"
(Viniegra, 1911)

A pesar de no encuadrarse en el enfoque del blog, ni de mis convicciones personales, hoy me he decidido a dejar un toque de historia y actualidad política española, ya que se celebra el bicentenario de la Constitución Española de 1812, conocida popularmente como "La Pepa", sobrenombre de procedencia imprecisa, pero que parece deberse a un recurso indirecto que se empleó para referirse a ella tras su derogación, ya que fue promulgada el 19 de marzo, día de San José, por las Corte Generales de España, reunidas extraordinariamente en Cádiz, y a la que se le ha otorgado una gran importancia histórica por tratarse de la primera constitución promulgada en España, además de por ser una de las más liberales de su tiempo.

Oficialmente estuvo en vigor sólo dos años, hasta su derogación en Valencia, el 4 de mayo de 1814, tras el regreso a España de Fernando VII . Posteriormente se volvió a aplicar durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836 a 1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837. Sin embargo, de hecho apenas si entró en vigor, puesto que en su período de gestación buena parte de España se encontraba en manos del gobierno pro-francés de José I de España, otra en mano de juntas interinas más preocupadas en organizar su oposición a José I y el resto de los territorios de la corona española (los virreinatos) se hallaban en un estado de confusión y vacío de poder causado por la invasión napoleónica.

La constitución establecía la soberanía en la Nación, la monarquía constitucional, la separación de poderes, la limitación de los del rey, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, entre otras cuestiones, por lo que no incorporó una tabla de derechos y libertades, pero sí recogió algunos derechos dispersos en su articulado. El texto consagraba a España como Estado confesional católico, no reconociendo ninguna libertad religiosa y el rey lo seguía siendo "por la gracia de Dios y la Constitución".

Se convirtió en el hito democrático en la primera mitad el siglo XIX que transcendió a varias constituciones europeas e impactó en los orígenes constitucionales y parlamentarios de la mayor parte de los estados americanos durante y tras su independencia. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones dedicadas a su estudio omiten o minusvaloran la influencia que la revolución liberal y burguesa española tuvo al transformar el imperio colonial español en provincias de un nuevo estado y convertir en nuevos ciudadanos a los antiguos súbditos del absolutismo y que incluía en su definición de ciudadanos españoles no sólo a los europeos, o sus descendientes americanos, sino también a las castas y a los indígenas de los territorios de América, lo que se tradujo, en tercer lugar, en su trascendencia para las nacientes legislaciones americanas.

"Alegoría de la Verdad, el Tiempo y la Historia"
(Francisco de Goya, 1797 - 1800)
Hoy, dos siglos después,  parece que los españoles retrocediésemos en el tiempo, volviendo a un régimen absolutista, en el que vemos como nuestros derechos constitucionales, principalmente en el ámbito económico y laboral, se ven reducidos progresiva y drásticamente tras decenas de años de lucha ciudadana y obrera para su obtención. Nos encontramos con una ley ya vigor que recorta nuestra capacidad de información de forma semejante a la S.O.P.A. estadounidense, con la diferencia que ésta última no ha  llegado a ver la luz y la española, conocida como Ley Sinde, sí; se nos recortan nuestros derechos en educación y en sanidad; se nos suben sistemáticamente los impuestos; se nos congelan los salarios y se permite a las empresas hasta su reducción en un 15 %; se recortan las pensiones y el subsidio de desempleo; se aprueba una legislación laboral que nos deja a los trabajadores totalmente indefensos y al libre albedrío de las empresas cuando nos encontramos con una tasa de desempleo próxima a los 6.000.000 de trabajadores. Mientras sucede esto y más, la banca, la gran empresa privada y los dirigentes políticos del país siguen enriqueciéndose a costa del sacrificio de los ciudadanos, cuando el país soporta un déficit económico altísimo; no se invierte en investigación y desarrollo; no se genera empleo, sino que sólo destruye y el despido libre se ve favorecido por el propio Gobierno dirigente; la pequeña y media empresa está asfixiada; no existe la posibilidad de ahorro de las familias cuando miles de ellas se enfrentan al desahucio y con todos sus miembros en edad de trabajar sin empleo, al igual que nuestros jóvenes, que no ven posibilidades de futuro, cuando su formación se recorta y limita en beneficio de una "educación de excelencia" que únicamente favorece a los más adinerados, cuando no tienen posibilidad de independizarse por no tener recursos económicos que les permitan el acceso a una vivienda y sin perspectivas de un futuro laboral; la población de clase media de más de cuarenta años también soporta un alto porcentaje de desempleo y sin alternativas de recolocación. Por primera vez en décadas, la salida de españoles al extranjero en busca de empleo supera a las entrada de inmigrantes procedentes de América Latina, el Norte de África y de los países del Este; la justicia se pierde cuando se condena a aquellos que abogan por la libertad y la igualdad, por la menospreciada "memoria histórica" de nuestro país, mientras los estafadores y corruptos son absueltos en juicios injustos. Así, pareciese que nos encontrásemos más en un régimen feudal que democrático, más propio de la Edad Media que del Siglo XXI y de un país donde hoy hace 200 años, se proclamó la primera constitución que reconocía por primera vez en la historia de España unos derechos civiles adelantados a su tiempo. Así, dos siglos después del  famoso ¡Viva La Pepa!, no es de extrañar el surgimiento de movimientos de "indignación" popular generalizada como el "15-M" que defienden y reivindican cuanto vamos perdiendo socialmente, mientras las fuerzas de orden público arremeten violentamente contra ellos, incluso contra menores de edad a las puertas de colegios, quedando impunes los responsables de estas agresiones policiales que van en aumento, como si nos encontrásemos en los momentos de represión de la Dictadura Franquista que ya forma parte de nuestra historia del siglo pasado y la política de este país ha adquirido una orientación con un significado muy diferente de decir que...




AnA Molina (Administrador del blog) 

FUENTES:
Constitución Española de 1812



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