viernes, 30 de octubre de 2015

El Laberinto: Símbolo del Alma


“En el laberinto, uno no se pierde, se encuentra
 En el laberinto, uno no encuentra al Minotauro,
se encuentra a sí mismo”.
(Hermann Kern)














Los laberintos se remontan a épocas muy antiguas. Se han encontrado representaciones de laberintos cuadrados y rectangulares en tumbas del Antiguo Egipto, mientras que los laberintos de forma circular surgieron a finales del siglo VII a.C.

En la época medieval aparecen nuevos laberintos en las catedrales con una diferencia con respecto a los laberintos clásicos y es que en los góticos hay un solo camino desde la entrada hasta la salida. Este laberinto se asocia con el duro camino hasta Dios desde el nacimiento (la salida) hasta llegar a Él (el centro) y está asociado a la idea de salvación.

La Finalidad de los Laberintos
La representación de los laberintos se ha convertido en un juego que aparece en muchas revistas infantiles. Los niños deben iniciar un trazo en la entrada del laberinto y continuar hasta encontrar la salida. Pero uno no deja de asombrarse cuando estudia la construcciones de laberintos (construcción arquitectónica sin aparente finalidad, de complicada estructura y de la cual, una vez en su interior, resulta complicado encontrar la salida).

En muchas catedrales el laberinto se dispone después de la entrada en el templo (lugar donde está la pila bautismal) y antes del acceso al altar (donde desciende la influencia espiritual). Todo esto es altamente significativo:

En general, el laberinto es un solo camino que converge en un centro. Los pueblos primitivos, cogidos de las manos en sus danzas alrededor del fuego, ya representaban complicados laberintos. Para los antiguos egipcios, el laberinto pudo significar el camino que seguían los muertos a través del inframundo, con Isis como guía y Osiris esperando en el centro para juzgarlos.

A lo largo de la prehistoria e historia, el ser humano ha construido viviendas para cobijarse y convivir, ha realizado monumentos y esculturas para representar sus grandes ideales, ha construido grandes templos y grandes centros megalíticos para ensalzar las divinidades. En la antigüedad, los laberintos se construían a modo de trampa  para que no se pudiera entrar o salir de un lugar con facilidad. Los laberintos medievales, por su parte, simbolizaban el camino del hombre hacia Dios. En los tiempos modernos, en cambio, los laberintos son creados por motivos paisajísticos o lúdicos.

Los laberintos, como parte de una geometría compleja, ejercen una fascinación universal en el ser humano. Su dibujo aparece en las cavernas del Neolítico. Fueron utilizados por los celtas en tiempos anteriores al cristianismo y también en la tradición hindú y tibetana. Para muchos de esos pueblos, el laberinto simboliza un viaje interior a la mente y al espíritu, hasta alcanzar la realidad esencial de la propia naturaleza.

Existen danzas rituales de coreografía laberíntica en Suecia e Inglaterra que se llevaban a cabo en laberintos hechos en el pasto y relacionados con el renacimiento.

Es sabido que algunos peregrinos no podían hacer las grandes peregrinaciones a Tierra Santa, entonces hacían un recorrido por el laberinto de la catedral de rodillas.

La finalidad de los laberintos en las catedrales podría ser, representar de forma sugestiva un camino de peregrinación a Jerusalén, accesible para aquellos que no tuvieran la posibilidad de viajar realmente a Tierra Santa. En ocasiones –ya fuera por penitencia o promesa-, el fiel podía acometer este viaje de rodillas, empleando alrededor de una hora y media en llevarlo a cabo, sin dejar de orar en ningún momento hasta alcanzar el centro, es decir, hasta llegar a Jerusalén; de hecho, algunos de los laberintos de las catedrales de la época, fueron conocidos, desde finales del siglo XVIII o principios del XIX, como “Chemins de Jhérusalem” (Caminos de Jerusalén).

Sin embargo, otros datos demuestran que no todos los laberintos conocidos cumplían ese supuesto objetivo penitencial, ya que, dadas las reducidas dimensiones de algunos de ellos, ni aun recorriéndolos de rodillas supondrían un verdadero esfuerzo, o penitencia, mientras que, por otra parte, también aparecen laberintos en iglesias anteriores a la tradición de los viajes a Tierra Santa.

El Mito de Teseo y el Laberinto del Minotauro
Pero si existe un mito famoso en torno a los laberintos es el de Teseo y el Minotauro.

Cuenta la historia que Minos -rey de Creta, pidió a Poseidón -rey del mar, una ofrenda para apaciguar a los dioses; Poseidón le envió un toro blanco muy hermoso y Minos le desobedeció dejándolo para sus rebaños; en castigo, Poseidón hizo que Pasifae, esposa de Minos, se enamorara locamente del toro, quedó embarazada y dio a luz un monstruo horrible, mitad humano, mitad animal: el Minotauro; resultó ser una bestia tan indomable, que Minos pidió a Dédalo que construyera un laberinto para encerrarlo.

Mientras tanto, los atenienses habían sido obligados por el rey cretense Minos, a enviar a Creta cada nueve años, siete de sus mejores hombres para ser ofrecidos en sacrificio; en esta ocasión serían enviados al Minotauro. Teseo, hijo de Egeo -rey de Atenas, convenció a su padre para permitirle ir a Creta; allí conoció a la hija del rey Minos, Ariadna, quien se enamoró de él y le entregó un ovillo de hilo antes de entrar al laberinto para que no perdiera el rastro. Teseo dio muerte al Minotauro, y con la ayuda del hilo de Ariadna logró salir del laberinto. Teseo regresó a Atenas y se convirtió en su nuevo rey.

A partir de esta historia, el laberinto Cretense se convirtió en un símbolo de la reclusión y la libertad, de la vida y la muerte, de la oscuridad y la luz, de la pérdida y del encuentro de sí mismo.

La cultura Griega nos enseña la mitología del Minotauro (símbolo de la naturaleza animal del hombre que debe ser derrotada) y Teseo, (el héroe solar, como principio crístico o espiritual) en el laberinto de Creta.

La salida de Teseo del laberinto después de vencer al Minotauro sirviéndose del hilo de Ariadna, simboliza su renacimiento, su evasión de la muerte e inmortalidad. Por este motivo el laberinto tiene una asociación con la muerte y este es el motivo por el cual ha sido encontrado en tumbas.

Los Mandalas
En el mundo oriental esto esta asumido en el mandala, que combina los símbolos del centro, de la cruz y el círculo. En este caso en el centro en vez de haber un tesoro puede haber un loto, una figura de Budha, una llama o algo dedicado a la concentración. Ese centro del mandala se asocia con el centro Interior o Budha Interior.

Los mandalas están constituidos en muchas ocasiones como complejas formas geométricas destinadas a la meditación profunda. Así, meditando sobre el simbolismo del mandala, y acercándose mentalmente a su centro, el aspirante toma conciencia de profundos niveles de significación. Generalmente, la mayor parte de los mandalas están compuestos por cuadrados, círculos y triángulos, en una complicada combinación de formas que tienen extraordinarios efectos visuales y llevan al observador a profundos campos de energía y estados modificados de la mente y la consciencia.

El laberinto cretense parece ser una de las primeras formas conocidas de los laberintos; es un mandala que aparece grabado en monedas de alrededor del 100 al 500 a. C. halladas en la zona del Mediterráneo; es un laberinto clásico cuya leyenda proviene de la mitología griega.

Laberintos Famosos
Construcciones que aparentemente sólo sirven como decoración, pero que asombran por su belleza y sus misterios, como por ejemplo: El Laberinto Egipcio del Lago Moeris, El Laberinto de Cnosos en Creta, El Laberinto de la Isla de Lemnos, El Laberinto de la tumba de Pórsena, El Laberinto de la Isla del Sol…

Existen laberintos que congregan a miles de personas cada año en muchas partes del mundo; a continuación se presentan algunos de ellos:

Plantación de Piña Dole
Se trata del laberinto más largo del planeta, ubicado en la plantación de piña Dole, en Hawai. En su extensión se pueden apreciar más de 11.000 plantas nativas y tropicales, a lo largo de 4,82 Km. La compañía responsable de su creación, Dole, se dedica principalmente a la plantación de frutas.







Reignac-sur-Indre
Este laberinto francés, que ostenta el título del más grande del mundo diseñado enteramente con plantas, se sitúa en un campo de girasoles. Cada año, se siembran girasoles en el campo sobre el cual se erigen sus enigmáticos muros y durante la primavera florecen para crear un nuevo laberinto. Decenas de miles de personas lo visitan desde el año 1996.





Cherry Crest
En el Estado norteamericano de Pensilvania se encuentra el centro de ocio llamado Cherry Crest, la granja de la aventura, donde es posible recorrer un complicado laberinto de 3,2 Km. de extensión. Su diseño es tan difícil que dos guías lo recorren constantemente para asistir a los valientes turistas.

Serpientes y escaleras
Michael Blee, un emprendedor inglés de 62 años, pasó meses creando un impresionante laberinto, inspirando en el mítico juego de mesa Serpientes y escaleras, en la granja Gore, en el condado de Kent. En su caso, no se trata de la primera vez que se embarca en el diseño de una estructura de estas características, sino la décima. Su superficie cubre unas 6 hectáreas y sus muros son setos de casi 3 metros de altura.











Ashcombe
En este laberinto se encuentra uno de los jardines de mayor antigüedad de Australia, y lleva entreteniendo a sus visitantes desde hace más de tres décadas, permitiéndose, a su vez, crecer y evolucionar.




Hampton Court
Ubicado en Gran Bretaña, el laberinto Hampton Court fue creado en el año 1689 y se trata de uno de los más antiguos de la isla, aunque no sea tan grande como otros. Uno de los detalles que lo vuelve especialmente atractivo es que aparece en un gran número de novelas clásicas.







Etimología de Laberinto
La primera etimología de la palabra “Laberinto” del Egipcio “lapi ro hunt”, que significa "templo a la entrada del lago", hace referencia a un imponente laberinto situado al sur del Cairo, cerca del Lago Moeris que actualmente lleva el nombre de Birqkat Qarun (el estanque de Coré); este lago está al oeste del río Nilo y a 80 Km. al sur de la ciudad del Cairo.

Se dice que este laberinto era la mayor proeza de los egipcios en lugar de las pirámides. Es obra del faraón Amenenhat III de la XI Dinastía. El historiador griego Heródoto que lo vio en el siglo V A. de C. dice de él:


“Si se reunieran bajo un sólo aspecto todas las fortificaciones y construcciones de Grecia, tal conjunto parecería haber costado menos trabajo y gasto que el laberinto”.

De esta palabra egipcia deriva la palabra griega “labyrinthos” y más tarde el término latino “labyrinthus”.

La segunda etimología proviene de la lengua minoica donde Labrys significa “doble hoja” y está presente en muchos santuarios de Creta y está asociado al par de cuernos del Toro.
En el palacio de Cnosos, el Labrys se asocia al hacha doble que aparecía en muchas partes de ese palacio, cuya planta y estructura era laberíntica. El hacha doble es el símbolo de la potencia masculina y femenina, y representa la unión de los contrarios o la síntesis de los opuestos.

El tercer origen etimológico alude a Isidoro de Sevilla que, en la Edad Media donde aparecieron laberintos en las catedrales, lo deriva de “Labor” (trabajo) e “Intus” (interior o lugar cerrado). Entonces, si el laberinto era una prisión que  representaba el “trabajo para salir” y si había que entrar representaba la “protección para un tesoro”.

Fulcanelli nos dice acerca del laberinto:

La imagen del laberinto se nos presenta como un símbolo del trabajo en la Gran Obra, con sus dos mayores dificultades: la del camino que hay que seguir para llegar al centro donde se libra el duro combate entre las dos naturalezas. La del camino de salida con el hilo de Ariadna para no extraviarse en los Meandros de la Obra y verse incapaz de salir”.

Otro autor, Mircea Elíade, dice del laberinto:

El laberinto puede ser concebido como el nudo que debe ser desatado, empresa mítica llevada a cabo por Teseo o Alejandro (cuando desató el nudo Gordiano). El fin último en el ser humano parece ser el de liberarse de las ligaduras, por eso hay una asociación entre el hilo de los laberintos y los lazos o ligaduras”.

El Misterio de los Laberintos
Todo laberinto, hasta el que se traza como un pasatiempo infantil, tiene una cualidad hipnotizador. Algo abismal arrastra la mirada hacia su interior y basta un descuido para quedar atrapado en sus meandros.

Mirar la propia vida en retrospectiva puede ser una experiencia semejante. Uno se percata de las vueltas y revueltas que se han tenido que producir para finalmente estar en este lugar preciso.

Y si bien este es uno de los significados del laberinto, el símbolo, complejo como su estructura, guarda en su interior otros varios sentidos que abarcan también el del viaje al más allá.

Son muchas las expresiones del laberinto en las culturas antiguas, donde nos enseñan el misterio trascendental que siempre ha preocupado al ser humano: cómo resolver el misterio de la vida y la muerte.

La filosofía Neoplatónica representa en el laberinto el estado de perdición, la pérdida del espíritu en la creación o caída y la consiguiente necesidad de encontrar el “centro” para retornar a él, al espíritu.

Cada bifurcación del laberinto representa en ese sentido las opciones en la vida, una hacia el centro (espiritual) y otra hacia el exterior (hacia la creación, lo exterior, los sentidos).

También representa lo condicionado de la conciencia humana, que se halla atrapada en un espacio pequeño y limitado, y no es capaz de ver lo que está fuera del laberinto. Es necesario por lo tanto, aprender a ver la vida desde fuera, sin identificarnos con ella.

Existe también una asociación muy interesante con otro símbolo, el “centro”.

El regreso al centro es un símbolo del Paraíso reconquistado, es alcanzar y restablecer la perfección original de la que se disfrutaba antes de la caída, donde dioses, hombres y bestias hablaban el mismo idioma. Pero el camino al centro está lleno de escollos y duras pruebas.

Los laberintos son herramientas simbólicas de meditación que ayudan a aquietar y centrar la mente y el espíritu creando experiencias de paz interior y renovación que facilitan moverse con agilidad en la complejidad de la vida cotidiana. Representan generalmente el universo en su mundo exterior e interior, siendo una imagen arquetípica y metafórica de los movimientos del alma humana y de la unidad representada en el círculo.

En un laberinto, el camino de ida puede representar la humildad, la sencillez, la confianza de llegar al centro. El centro es un lugar que invita a la oración, la meditación e iluminación. El camino de vuelta evoca la integración, la unión, la creatividad y la fortaleza. El recorrido puede permitir una experiencia de autenticidad, una vivencia de contacto con el movimiento paradójico de la vida, un "darse cuenta" de que llegar al centro tiene sentido en función del retorno. Esto permite utilizar el laberinto como instrumento de transformación. La mejor manera de comprender un laberinto es recorrerlo varias veces, abiertos y receptivos a los mensajes de la intuición y del corazón.

Los Astros y el Laberinto
Algunos laberintos prehistóricos han sido interpretados como diagramas del cielo. Imágenes del movimiento aparente de los astros.

El laberinto de la tierra, se asume, reproducía al laberinto celeste. La idea no contradice la noción del laberinto como estructura iniciática. El espíritu caído en la confusión del mundo, debía encontrar el centro para poder retornar a la armonía.
Los laberintos podían cumplir con un doble propósito; tanto el de mantener a un enemigo alejado como el de atraparlo. No solamente funcionaba para seres de carne y hueso, los demonios eran uno de sus principales objetivos, como es el caso del mito del Minotauro.
El Laberinto en la Edad Media
Durante el medioevo los arquitectos utilizaron el emblema del laberinto trazándolo en los suelos de diversas catedrales. Los fieles lo recorrían simulando la peregrinación hacia Tierra Santa. El acto escondía otro simbolismo tras el aparente: el recorrido equivalía a la búsqueda de Dios experimentada por el alma.


Los Muertos y su Camino Laberíntico
A decir de Joseph Campbell existe un mito en la isla melanesia de Malekula, en las Nuevas Hébridas, que describe la importancia de los laberintos.
Cuando una persona muere, su alma es transportada más allá de las aguas de la muerte hacia la entrada del mundo subterráneo. Conforme se acerca el alma del muerto, alcanza a distinguir la figura de una mujer que agachada sobre la tierra traza un dibujo. Ella es la guardiana del umbral y lo que dibuja es un laberinto. Pero cuando el alma está lo suficientemente cerca, borra una mitad de lo trazado. El alma entonces, para poder ingresar a la Tierra de los Muertos deberá completar el laberinto. Si falla será devorada por la guardiana. Para poder superar el reto las personas deben estudiar el secreto del laberinto antes de morir. Comprenderlo es su pase de entrada a la inmortalidad.
Laberintos como Tumbas
En la antigua Creta y Babilonia, se asociaba a los laberintos con la anatomía humana. Los constructores de tumbas debían elaborar estructuras que se asemejaran lo más posible al cuerpo de la madre, porque para encontrar el otro mundo el alma debía volver a nacer. El alma, como el héroe, debía superar las dificultades del camino y demostrar que era digna de la nueva vida.


Jorge Luis Borges y la Figura del Laberinto
Una de las constantes obsesiones del gran escritor argentino Jorge Luis Borges fueron los laberintos. En su literatura, los cuentos y poemas dedicados a este motivo son quizá la única letra escrita que logra retratar con fidelidad sus misterios.








LABERINTO

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
              
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
              
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
              
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.

(Jorge Luis Borges)


Los Misterios de la Catedral de Chartres


La catedral de Chartres, muy cerca de París, se considera, por su belleza y su importancia arquitectónica, la "acrópolis francesa". El edificio es sobre todo un lugar con un toque alquimista, en el que el cielo y la tierra se unen en una vibración extraordinaria. Se halla sobre una línea geomántica que une la ciudad de Reims con Bretaña.

Debajo del centro del coro, los zahoríes han detectado hasta 14 corrientes de agua subterráneas, que hacen de este lugar un cúmulo de ondas electromagnéticas. Ya desde antaño se reconoce la importancia de esta catedral, cuyas líneas nítidas destacan claramente en el horizonte como una "antena cósmica".

La catedral de Chartres, al igual que otras muchas posteriores, se planeó y construyó con unas dimensiones tan colosales y audaces que hoy en día sigue siendo toda una experiencia inolvidable entrar en esta iglesia obispal, ante cuya grandeza el mundo de los humanos parece reducirse casi a la nada.

Chartres, la primera de estas iglesias, proporcionaba a los fieles una idea de otro mundo. En el Apocalipsis de San Juan, habían oído hablar de "la Jerusalén del Cielo", con sus portales de piedras preciosas y perlas, sus casas y callejuelas de oro puro, transparente como cristal. Pero esta visión sólo se había hecho realidad aparentemente. Su pobreza les recordaba demasiado a su existencia humana en la tierra.

Mucho antes del nacimiento de Jesucristo, según la leyenda, un ángel anunció a un druida, en los alrededores de Chartres, que una virgen daría a luz a un dios. Los bardos itinerantes se ocuparon de propagar el mensaje por toda Galia. A raíz de ello, verdaderas muchedumbres de peregrinos empezaron a acudir al lugar, que en el siglo X se hizo famoso por las curaciones milagrosas que allí se producían. Los enfermos se alojaban en la cripta de la catedral, donde tenían que permanecer durante nueve días en acto de recogimiento, unido a un estricto ayuno.

También la catedral de Notre-Dame de París se halla sobre el cruce de dos ejes magnéticos, cuya interacción energética le confieren una fuerza radiante. Uno no visita la catedral, sino que la vive desde su profundo interior como un lugar de meditación.

De acuerdo con cierta tradición, todas las personas que participaron en la construcción de este monumento acercaron la materia a la luz. De este modo, a los posteriores visitantes les resultaría más fácil alcanzar una forma de conciencia superior. Y efectivamente, cuando se entra en esta catedral se tiene esta impresión, e incluso los historiadores del arte hablan, a la vista de los espacios de la catedral gótica, de "luz edificada".

Por otra parte, el templo ofrece una singularidad y es el hecho de que está orientado al Norte, mientras que la mayor parte de las iglesias se orientaban al Este, es decir, hacia Palestina, la cuna del cristianismo. Esta característica podría explicarse por la necesidad de los constructores de adaptarse a los cimientos del templo romano sobre el que fue construido, pero, se considera, asimismo, que esta orientación –al eje del solsticio de verano–, es la de la mayor parte de las iglesias en las cuales se halla una Virgen Negra, como es el caso de la catedral de Chartres.

Pero además, existen aquí otras particularidades que resultan bien extrañas en el entorno del cristianismo. Es el caso del gran número de símbolos, como peces y rostros extraños que aparecen tallados en las piedras, o incluso los signos del Zodíaco –también en vidrio–, mientras que otros elementos específicos del culto cristiano, no aparecen.

Menos dudas existen sobre un elemento que fue muy sugestivo para los fieles, ya desde finales el siglo IX. Nos referimos a la llamada “Sainte Chemise” (Santa Camisa); prenda considerada como el manto o parte del manto de la Virgen María que ella llevaría puesta durante el nacimiento de Cristo, traída de Palestina por Charles Le Chauve, en 876, quien la donó a la catedral, contribuyendo así al auge de las cuatro fiestas principales dedicadas a María: Anunciación, Natividad, Purificación y Asunción. La leyenda también dice sobre la reliquia que el Obispo Gentelme hizo frente a los ejércitos de Rollon, en 911, con la reliquia extendida y que, a su vista, las fuerzas normandas huyeron abandonando el asedio.

Con todo, no es, ni mucho menos, el menor de los atractivos de la Catedral de Chartres, su ornamentación, y más especialmente, sus luminosas vidrieras –de las que hay 176, ocupando 2.600 metros cuadrados de superficie– que, desde el interior, ofrecen una belleza artística acorde con su aspecto exterior, delicado y poderoso a la vez, con sus nueve portadas magníficamente labradas, así como sus vidrieras y rosetones.

Aunque quedan muchos elementos artísticos, en vidrio o piedra; constructivos, históricos y otras muchas curiosidades que destacar en este gran templo, parece interesante recordar, por el momento, que –de acuerdo con la teoría de Louis Charpentier, en “Les Mystères de la Cathédrale de Chartres”-, en el norte de Francia hay un grupo de catedrales de los siglos XII y XIII, como la de Chartres, todas ellas dedicadas a Nuestra Señora, cuya disposición concuerda con la de las estrellas de la Constelación de Virgo, tal como debía aparecer en la época del nacimiento de Jesús.

Buena parte de lo que se sabe de la Catedral de Chartres, especialmente, en sus orígenes, aparece mezclado con la leyenda. Si bien, la primera catedral se data a finales del siglo IV, la leyenda atribuye ya construcciones a siglos anteriores. Se decía en el siglo X, que S. Saviniano y S. Potenciano evangelizaron la zona de Chartres durante el siglo II y que el magistrado romano Quirino fue quien ordenó las primeras ejecuciones de cristianos, entre ellos, la de su propia hija, Modeste, cuyos cuerpos serían depositados en el pozo de la cripta, llamada de los Saints-Forts (Santos Fuertes).

En la “Antigua Crónica”, de 1389 dice que dicha Iglesia se fundó antes del nacimiento de Cristo, en honor de la Virgen, que debía ser su madre,Virgini Pariturae, aunque estaba administrada por sacerdotes idólatras. Cuando San Altin y San Edoaldo fueron enviados desde Sens por San Saviniano y San Potenciano, hacia el año 67, a evangelizar Chartres, reconocieron que la mujer así honrada era María y levantaron en el mismo lugar una iglesia cristiana en su honor. Hasta el siglo XVI no se empezó a hablar de una gruta druídica.

Tras un incendio accidental en el año 1020, la construcción del siglo IX fue inmediatamente reconstruida por el Obispo Fulbert, sobre un plano que envolvía el edificio anterior. Su cripta, la más grande de Francia, estaba casi terminada en el año 1024 y Fulbert murió en 1028, por lo que la dedicación del templo fue celebrada por su sucesor, Thierry, el 17 de octubre de 1037.

En 1134, un incendio en la ciudad, permitió reanudar, sobre el espacio que quedó libre ante la catedral romana, la construcción de dos torres y del Pórtico Real.. La Torre Sur sería cubierta con una flecha en 1180, pero otro incendio, producido el 10 de junio de 1194, sólo dejó en pie la fachada, las torres y la cripta, a partir de las cuales, se puede datar la construcción de la actual catedral gótica.

Desde el momento en que se declaró el incendio, los clérigos se refugiaron bajo el coro, en la cripta de Saint–Lubin, llevando consigo la Sainte Chemise. Tras dos o tres días de desescombro, se hallaron todos indemnes, junto con la reliquia. El Obispo y los canónigos cedieron parte de sus bienes a favor de los obreros que tan bien conocían su trabajo y la reconstrucción fue emprendida con gran entusiasmo, quedando la obra prácticamente terminada a finales de 1220.

Una vez colocadas las vidrieras, sólo faltaba tallar las últimas esculturas de los porches; se celebró la dedicación en octubre de 1260, y empezó a pasar el tiempo en espera de levantar las nueve torres proyectadas.

Un nuevo incendio en 1836 destruyó la techumbre, denominada el bosque, que fue sustituida por carpintería metálica recubierta de cobre.

La Catedral de Chartres salió prácticamente indemne de las Guerras de Religión y del período revolucionario. En 1918 los vitrales fueron desmontados y depositados en lugar seguro, al igual que en 1939, por lo que no sufrieron daños en ninguna de las dos grandes guerras.

Hoy, a pesar de los permanentes cuidados de restauración, se puede admirar en su práctica integridad esta construcción que, por sí misma, constituye una enciclopedia casi exhaustiva del arte cristiano y su evolución. En 1979 fue inscrita por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

La catedral mide 130,20 m. de largo construido y sus bóvedas descienden hasta 37 m. por debajo del suelo. El ancho de la nave principal es de 16,40 m. en su eje; pero alcanza 32,80 m. con la obra exterior, que a ambos lados del coro alcanza los 46 m. Contando con los porches y el transepto mide 76,80 m. Finalmente, los campanarios; nuevo y viejo, miden respectivamente 103 y 112 m.

Enigmas de La catedral de Chartres
Es un templo que, junto a su emplazamiento, esconde multitud de enigmas. La misma ubicación de la catedral no parece casual, ya que antes de erigirse este templo en el lugar existían unos dólmenes junto a un pozo sagrado de unos 33 metros de profundidad. 

Desde el año 360 varios templos se fueron construyendo en el lugar, hasta que a principios del siglo XIII se iniciaron las obras del actual templo gótico, terminando su construcción en el año 1260 y conservando del templo anterior románico la cripta en la cual se encuentra enclavado el antiguo pozo sagrado, además de la fachada oeste con el Pórtico Real.

Fue este un curioso período en la historia de Francia, ya que a finales del siglo XII con la construcción de la Basílica de Saint-Denis en París, se inició el sorprendente arte gótico, que hacía que los templos ganasen en esbeltez además de llenar de luz el interior de estas catedrales, luz procedente de las hermosas vidrieras. El simbolismo es una parte importante de las catedrales góticas y más concretamente de un conjunto de ellas, a la cual pertenece la catedral de Chartres, ya que en el condado de Champagne se erigieron un conjunto de catedrales cuya disposición sobre el mapa recrea la forma del rombo central de la constelación de Virgo. ¿Casualidad?, desde luego que no, ya que la Catedral de Chartres correspondería a la estrella Spica; la de Reims, a la estrella Zeta Virginis; la de Amiens, a la estrella Delta Virginis; la de Bayeaux, a la estrella Gamma Virginis y la de Evreux a la estrella Teta Virginis.

Una característica única de esta catedral son sus dos torres de la fachada principal, diferentes en altura y en estilo. Una de ellas mide 106 metros y es de estilo románico, y la otra mide 115 metros y es de estilo gótico.

La catedral de Chartres por sus proporciones, orientación, y simbolismos parece haber sido construida con la secreta intención de iluminar y elevar el alma humana. La ley del Número de Oro o Número Áureo, de la geometría sagrada, rige las proporciones y todas las distancias entre los pilares y longitudes de la nave de la catedral, y los cruceros son múltiplos de este misterioso número algebraico (1,6180...).

En la portada central de la fachada sur el escultor creo una escena general que inspira compasión divina, ya que Cristo es representado en el tímpano con rasgos amables, siendo conocida esta figura como el “Beau Dieu” (Hermoso Dios).

En la fachada norte el pórtico central muestra la imagen de la Virgen con figuras de santos, además de estar rodeados de ángeles y de una arquería que simboliza el palacio celeste. En la fachada sur, al igual que en las otras fachadas de la catedral, luce un hermoso rosetón, símbolo característico de la arquitectura gótica, que representa por un lado al sol y por otro a la rosa.

Los rosetones de las catedrales góticas son diagramas que representan simbólicamente el microcosmos y el macrocosmos.

Las vidrieras de la catedral de Chartres iluminan y llenan de color el interior, además, el número de figuras o de formas abstractas representadas en ellas es simbólico, ya que los cuadrados simbolizan al mundo terrenal o a los cuatro elementos, y los círculos representan la vida eterna.

La nave central de la Catedral es una de las obras maestras del gótico, ya que se suprimen por primera vez las tribunas y se articula el muro en tres niveles, correspondiendo el inferior a las arcadas que separan las naves, el central al triforio y el superior a la galería de ventanas, donde la vidriera sustituye al muro para dar mayor luminosidad y ligereza al edificio.

Algo realmente sorprendente ocurre todos los años en la catedral de Chartres, más concretamente el 21 de Junio, primer día del solsticio de verano. A las 12.00 en punto de este día, el primer rayo de sol del mediodía atraviesa un pequeño orificio circular practicado en el vitral de San Apolinar iluminando una baldosa del enlosado diferente al resto, dando en una pequeña marca que se encuentra en uno de los laterales de dicha losa, un prodigioso y mágico espectáculo de luz del que fue testigo el escritor Louis Charpentier y que le sirvió para escribir su magnífico libro "El Enigma de la Catedral de Chartres".

Otro elemento simbólico que caracteriza a la catedral de Chartres es su laberinto, una composición de dieciséis metros de diámetro y 264 metros de recorrido a través de once círculos concéntricos grabado en el suelo, similar al que había en otras catedrales de la época como en Amines y Reims, quedando en la actualidad muy pocos ejemplos, como son los laberintos de las catedral de Bayeux y Mirepoix. Una de sus múltiples curiosidades es la circunferencia del laberinto de 131 pies, casi exactamente el mismo tamaño que el de la vidriera del lado Oeste. La función del laberinto simboliza la búsqueda interior, que nos llevará al mismo centro, lugar donde se encuentra la esencia divina.

La catedral de Chartres como muchas otras catedrales góticas nos puede servir como vehículo al templo interior simbólico de cada uno, ese templo interior donde como escribía Louis Gillet, "El hombre se olvida por vez primera, se arranca de sí mismo, lo abandona todo para seguir sus voces, confundirse con la ola inmensa que la arrastra. Se pierde y encuentra el Universo".

En la obra de Louis Carpentier, “El Enigma de la Catedral de Chartres“, publicado en España en 1969, se comenta la curiosa disposición arquitectónica de la catedral, coincidente en ciertos aspectos con el desaparecido templo de Salomón y con las grandes construcciones egipcias. Todos estos conocimientos se habrían aprendido al encontrar durante la excavación los libros de Toth, que desvelaban secretos ancestrales de los egipcios. Por otra parte, en el interior de la gran pirámide concretamente en la cámara del rey, se puede ver hoy en día un sarcófago de granito del cual los historiadores dudan mucho que fuese el recipiente de la momia del faraón Keops, pero que sí, sorprendentemente tiene las medidas interiores exactas a las del Arca de la Alianza, que Yavhé mandó construir a Moisés, quien sin duda había sido formado en la corte de los faraones, y participe de las ciencias y secretos más ocultos de esta antigua y enigmática civilización. Ya que según las sagradas escrituras fue educado como hijo de faraones. Por otro lado, Louis Carpentier, continúa diciendo que en Chartres hay una losa rectangular, cuya blancura resalta sobre el color grisáceo del enlosado, y que está marcada por una espiga de metal brillante, ligeramente dorado. Pues bien, nos dice que cada año, el 21 de Junio, un rayo de sol cae exactamente sobre la blanca piedra, para algunos esta piedra podría esconder el arca.

El Legado de los Templarios
La magnífica catedral del siglo XII de la ciudad de Chartres, al norte de Francia, es un antiguo enigma. Aún en épocas precristianas, los druidas (sacerdotes celtas de Galia y Britania) fundaron en Chartres una universidad para difundir sus enseñanzas. Obedeciendo a una visión profética, esculpieron en madera la estatua de una virgen y un niño, a la que llamaron la “Vírgen bajo la Tierra”. Descubierta por los cristianos en el siglo III, la veneraron como la “Virgen Negra”, pues se había oscurecido con el tiempo. Se inició así la tradición de erigir en ese lugar sagrado iglesias en honor de Nuestra Señora; la obra maestra gótica que conocemos es la culminación de todas ellas. Abundan las teorías sobre la inspiración de la catedral. Según la leyenda, los caballeros templarios originales obtuvieron en Oriente avanzados conocimientos arquitectónicos, con los que fue posible construir el templo. Persuadidos por Bernardo de Clairvaux, fundador de la orden monástica cisterciense, nueve caballeros franceses abandonaron sus posesiones materiales para ir en busca de los “secretos” supuestamente ocultos en el Sagrado Santuario bajo las ruinas del templo de Salomón, en Jerusalén. Durante su búsqueda de 10 años se sospechó que los caballeros se habían iniciado en el ocultismo. A su vuelta a Francia en 1128, se rumoreó que habían encontrado el arca de la Alianza, cofre que contenía los secretos de la ley divina referentes a números, pesas y medidas, entre ellos el Número Dorado (1,618). La escala 1:1,618, Sección o Proporción Dorada, era considerada de especial valor estético y rigió en gran medida el arte y la arquitectura del Renacimiento, así como las de períodos posteriores. El retorno de los caballeros coincidió con el florecimiento de la arquitectura gótica en Europa, de modo que la construcción de la primera catedral de Chartres comenzó seis años más tarde. En tres décadas, mamposteros, vidrieros, escultores, geómetras, astrónomos y otros artesanos crearon un templo inmenso, cuyas proporciones, orientación, posición y simbolismo han estimulado desde entonces la imaginación de sus visitantes, y confortado su espíritu. El “centro sagrado” de la catedral descansa entre el segundo y el tercer vano del coro. Allí se alzaba originalmente el altar. A unos 37 m. debajo se sitúa el nivel del agua en el pozo de los druidas. El pináculo de la bóveda gótica de la catedral se levanta exactamente a la misma distancia sobre el centro sagrado. A partir del año 1130, en Europa irrumpe el estilo gótico. El gótico no es una evolución del románico, aparece de repente y casi siempre en las abadías cistercienses. Si el románico llega a su plenitud después de múltiples mejoramientos a partir del estilo romano y bizantino, el gótico surge de golpe, completo y total. Aparece después de la primera cruzada y especialmente tras el retorno de los Caballeros Templarios con su secreto. ¿Un secreto concerniente a la utilización sagrada, y por así decirlo mágica, de la arquitectura.

Ya hemos mencionado antes lo que contenían las Piedras de la Ley. La misma clave numérica que fue utilizada en la construcción de la Gran Pirámide y del Templo de Salomón. No hace falta recordar que Moisés vino de Egipto. Toda la cultura egipcia estaba concentrada en los sacerdotes y él era uno de ellos, así que fue instruido en toda la ciencia de los faraones. En la Europa medieval, y durante aproximadamente ciento cincuenta años, la aplicación de este conocimiento arquitectónico va a manifestarse en la construcción de las grandes catedrales. Y es en una de ellas, Chartres, donde encontramos una nueva referencia al Arca de la Alianza. Ni que decir tiene que la catedral de Chartres es de estilo gótico, y de origen evidentemente templario.

En la catedral de Chartres se encuentra una referencia al Arca de la Alianza, de estilo gótico, evidentemente de origen templario con curiosas disposiciones arquitectónicas coincidentes con ciertos aspectos del Templo de Salomón y de la pirámide de Keops. Su pórtico norte se llama “pórtico de los iniciados”. En él se hallan dos columnas esculpidas. En una de ellas se observa un arca transportada por una carreta de bueyes con la leyenda “Archa Cediers” que se traduce como “obraras por el arca” y en la otra un hombre cubre el arca con un velo, rodeado por un montón de cadáveres entre los que se destaca un caballero en cota de malla, con la leyenda “Hic Amititur Archa Cediers”. Las dos columnas, justo debajo de las representaciones, conforman una controvertida leyenda “Hic Amititur Archa cederos”, porque la expresión tal y como está grabada no existe en latín, lo cual es realmente extraño, pero sorprendentemente el único texto plausible, que sería “Hic Amititur Archa foederis”, se traduce como “En este lugar se oculta el arca de la alianza”.


El Laberinto de la Catedral de Chartres


"La vida es un laberinto.
Pero los iluminados conocen la salida".
(José Narosky)













En la nave mayor de la catedral de Chartres aparece trazado su célebre “laberinto”, circular, cuyos 13 m. de diámetro lo convierten en el mayor de los conservados para la época gótica. Es quizá uno de los más famosos y uno de los pocos que sobrevivieron al paso de los siglos, y es objeto de visitas y admiración por peregrinos, místicos e historiadores del mundo.

A diferencia de los laberintos de la Antigüedad (empezando por el del Minotauro en Creta), el de Chartres sólo ofrece una ruta posible a través de una línea continua trazada a lo largo de 262 m. y 11 círculos concéntricos desde su comienzo hasta la rosa central (parece ser que es imposible crear un recorrido más largo sobre este espacio), donde, según algunas informaciones, hubo hasta 1828 una escena del héroe Teseo luchando contra el Minotauro. Se cree que la placa fue retirada en 1792 y fundida para fabricar cañones. La referencia al mito de Knossos implica destrucción y muerte, elementos que, en este caso, se transformarían en conceptos de renacimiento o resurrección. Sobre la losa donde se hallaba la placa, hoy sólo quedan unos remaches muy gastados.



El contorno de este laberinto queda enmarcado dentro de un circulo formado por piedras negras de las Ardenas, que con sus 113 dientes, rodea entre 268 y 274 piedras claras que constituyen un camino perfecto y preciso, que discurre a lo largo de 261,5 metros hasta su centro, es decir, hasta el círculo en el que se hallaban Teseo y el Minotauro, al que rodean seis losas en forma de pétalo, también de piedra oscura.


Las medidas relativas al laberinto proporcionan una idea importante de su aspecto real.

Su tamaño exterior, o diámetro, se ha calculado durante años entre 12,2 y 13 m., pero, en realidad no es del todo un círculo preciso, sino una elipse que mediría 12,887 x 12,993, si bien, la pequeña diferencia parece que más que a los constructores, se debería a ligeros desplazamientos producidos por el peso de los pilares de la nave, a lo largo de ocho siglos.

Con respecto a la longitud del recorrido, también se han barajado cifras que van desde 137 a 294 m., ofreciéndose también la medida de 203 m., todas ellas, basadas en cálculos estimados. Parece, sin embargo, que la medida más precisa es la que se ha establecido entre los ya mencionados 261,5 y 262,4 m.

En cuanto al ancho del pasillo a recorrer, se ofrece como definitiva la cifra de 34 cm. Se extiende a lo largo de 32 tramos, con sucesivos giros por los que se pasa de uno a otro, cambiando de orientación y de distancia continuamente, con respecto al centro. Las bandas están apenas separadas entre sí por 7,5 cm. de ancho.


De nuevo varían las apreciaciones cuando nos referimos al número de piedras que forman el camino a recorrer, en este caso, entre 270-72 y 268-64. La diferencia podría deberse al hecho de que algunas losas estén partidas o hayan sido sustituidas.

Las citadas lunaciones que circundan el laberinto forman 112 cúspides, que serían 114 si dos de ellas no hubieran sido omitidas para ceder su espacio a la entrada del recorrido. Para explicar esta cifra se propone su división en cuatro, lo que daría sendos bloques de 28 semicírculos cada uno, es decir, los días correspondientes al mes lunar, lo que hace pensar que posiblemente se emplearon como un calendario que permitiría fijar la fecha de la Pascua.

El cálculo, aunque aproximativo, tampoco resulta del todo preciso, dada la pequeña, pero notable diferencia con el promedio lunar de 29,5306 días.

Todavía falta, pues, deducir si la finalidad penitencial fue el objetivo del laberinto desde el principio, o la idea, dada la época de la construcción de la catedral, procedía de alguna tradición anterior cuyo propósito desconocemos, ya que no existe ninguna referencia documental sobre su significado y nadie sabe qué pretendieron representar con él sus constructores. Es posible que los peregrinos lo utilizaran antiguamente de vía de consagración, recorriéndolo mientras rezaban y cantaban, a menudo de rodillas. Al hacerlo, muchos experimentaban fuertes reacciones corporales, como temblores o incluso calambres, llegando incluso a entrar en trance o en alteraciones del estado de conciencia, mientras daban gran cantidad de giros hasta llegar al centro.

Hace unos 800 años, en el siglo XIII, los cristianos de Europa acostumbraban peregrinar a Tierra Santa, símbolo de lo que era vivir el camino de la “Jerusalén Celestial” en busca de salud física y espiritual. La pobreza y el temor por la guerra de las Cruzadas fueron un obstáculo que no permitió a muchos realizar ese viaje. Así surgió el diseño del laberinto como recurso simbólico y místico en algunas catedrales, cuyo recorrido reemplazaba la peregrinación.

Es un mandala cosmológico y calendario de base lunar que tiene su fundamento en la geometría sagrada, ese antiguo arte que otorga serenidad y equilibrio a las emociones y la mente.

El círculo es universalmente reconocido como símbolo de totalidad y unidad; la espiral, de transformación y crecimiento. El Laberinto de Chartres es un circuito de once vueltas y de una sola vía que conduce siempre hacia el centro, sin caminos falsos ni riesgo de perderse, y retorna hacia la salida.

El camino hacia adentro facilita la limpieza y aquietamiento de la mente; el espacio central es un lugar de meditación y contemplación para permanecer receptivos a las bendiciones del silencio; el camino hacia afuera, conduce a la integración de la creatividad y el poder amoroso del alma en el mundo.

Existe la creencia de que si se recorre con la mente y el corazón abiertos, el mandala se convierte en un espejo que responde a las preguntas acerca de quiénes somos y dónde estamos en nuestra vida. Al compartir la peregrinación con otros exploradores de la conciencia, nuestra existencia individual se ilumina con el sabor de lo universal y eterno.

Es una metáfora del camino espiritual y de la vida misma; tiene un origen, un camino de ida, un centro en lo más interno y un camino de vuelta; el laberinto tiene ciclos, es impredecible, tiene dudas, giros, retrocesos, acercamientos y alejamientos que finalmente llevan al gozo de encontrar el centro y retornar al origen. Su recorrido ayuda a “ver” con los ojos del corazón, a ir más allá de la mente racional-lineal para entrar en las profundidades del mundo intuitivo-espiritual e integrarlo en un todo, como símbolo de la unidad.

Se ha dicho asimismo, que la imagen del recorrido, con sus vueltas y revueltas, constituiría una metáfora de las debilidades humanas que es preciso superar para llegar al centro o eje, es decir, a la presencia divina, pero también se ha interpretado su diseño como un mensaje secreto de los constructores; como un símbolo alquímico o, incluso, como una especie de camino iniciático hacia la verdadera iluminación.

Lo cierto es que sólo por similitud, este elemento es llamado laberinto, puesto que su recorrido no presenta la menor dificultad; ni salidas falsas, ni caídas en pozos, ni caminos cortados, ni detenciones inesperadas, etc., porque su objetivo no era hacer que nadie se perdiera, sino sencillamente, que alcanzara su objetivo, realizando, sobre un espacio dado, el recorrido lo más largo posible.

Las excavaciones arqueológicas muestran que bajo la Catedral de Chartres existen cimientos de un edificio romano, pero en cuanto a la fecha de construcción, no se conoce con exactitud, algunos autores proponen entre 1200 y 1240, aunque estudios más recientes hablan sólo de los primeros años de la primera década del siglo XIII. Su trazado encaja perfectamente en el diseño general del templo y su colocación debió realizarse como la última parte de las obras, puesto que sus piedras no pudieron ordenarse antes de retirar los imprescindibles andamios, ni antes de afirmar las bases de las columnas de su entorno.

En todo caso, los laberintos, que aparecieron en Italia durante el siglo XII, se cree que se extendieron por el norte de Francia en la última década de ese siglo; aunque tampoco el dato es del todo seguro, sí se sabe que el de Chartres fue uno de los primeros que se construyeron.

El laberinto, no deja de ser un extraño elemento para figurar en el piso de la nave central de un templo cristiano y, mucho más lo es el hecho de que aparecieran Teseo y el Minotauro en su centro.

Otra de las creencias legendarias que durante mucho tiempo se han tenido como ciertas, es la de que el rosetón occidental es una especie de réplica del laberinto y que encaja exactamente con su diámetro, pero, aunque aparentemente podría dar esa sensación, y ello constituiría un verdadero encanto para la fantasía, siempre unida a la historia de los múltiples significados simbólicos ligados a la construcción de las catedrales, en realidad, el rosetón mide 11,9 m. de diámetro y 13,6 si se mide su marco; entre ambas medidas, pues, se encontraría la del laberinto; 12,9 m. Dado que la diferencia no es perceptible a simple vista, resulta lógica la asimilación entre ambos elementos.

Lo cierto, en definitiva, es que no existe documentación que explique el origen y el destino de este laberinto, ni tampoco –en caso de que estuviera pensado para un fin concreto-, si éste fue de carácter religioso o festivo, lo cual nos crea una mayor perplejidad, ya que es difícil pensar que se trate de un simple elemento decorativo. El canónigo Souchet, fallecido en 1654, se sorprendía de que se conservara un laberinto en el que sólo veía una tonta diversión en la cual, aquellos que no tienen nada que hacer, pierden el tiempo en recorrerlo, yendo y viniendo.

En el borde de la vidriera de S. Apollinaire fueron reemplazadas algunas piezas por una placa metálica en cuyo centro hay un agujero cerrado con un vidrio transparente, por el cual –de acuerdo con un experimento llevado a cabo a principios del siglo XVIII-, entra un preciso rayo de luz que ilumina un clavo colocado en una losa del piso, el día 24 de junio, a la hora en que el sol alcanza su zénit. En la actualidad, las condiciones horarias y climáticas han cambiado y se habla, más bien, del agujero de San Juan.

En su libro "El misterio de las Catedrales" de Fulcanelli escribe unas líneas que pueden aplicarse a esta preciosa catedral:

"Santuario de la tradición, de la ciencia y el arte, la catedral gótica no debe ser considerada como un trabajo dedicado únicamente a la gloria del Cristianismo, sino más bien como una vasta concreción de ideas, de tendencias, de fe populares, un todo perfecto, ya que se trata de penetrar el pensamiento de los ancestros, sea cual fuere, el campo religioso, laico, filosófico o social".

Actualmente, el laberinto está casi siempre tapado por los bancos de la iglesia para evitar la repetición de los antiguos rituales. Desde hace algún tiempo se retiran las sillas que habitualmente ocupan la nave central, para permitir que los fieles recorran, o al menos contemplen, el laberinto, en especial, durante el día de San Juan, es decir, el 24 de junio, cuando, curiosamente, se puede observar el llamado Trou de Saint–Jean.

En el siguiente video se puede apreciar el recorrido completo del laberinto de la catedral de Chartres.



FUENTES: