miércoles, 13 de enero de 2010

El discípulo aburrido


Era un discípulo que se dejaba ganar muy a menudo por el tedio y el desánimo. Se sentía víctima de la rutina cotidiana y experimentaba angustiado lo condicionantes que eran los acontecimientos vulgares y repetidos. Insatisfecho y desalentado, visitó a su mentor para decirle:




- Maestro, si nos vestimos y comemos todos los días ¿cómo podemos escapar de la monotonía de tener que ponernos la ropa e ingerir los alimentos?
- Nos vestimos; comemos –repuso apaciblemente el maestro.
El discípulo asombrado protestó:
- No puedo seguir tu razonamiento; no comprendo.
 Y el maestro respondió:
- Si no comprendes, vístete y come.


Cuento anónimo.


lunes, 11 de enero de 2010

La Meditación. Un camino hacia la paz interior


La observación es el primer estado de consciencia
asociado al presente en el que, sin esfuerzo,
se asiste a lo que está aconteciendo aquí y ahora.
(Sesha).


La palabra “meditación” proviene del latín “meditatio”, que originalmente indica un tipo de ejercicio intelectual. Suele hacer referencia a diversas prácticas de recogimiento interior o contemplación propias del yoga y otras filosofías orientales. Contrariamente a la vulgarización que se ha hecho en Occidente sobre el término cuando se habla de ella haciendo referencia a aquellos momentos en que enfocamos nuestra atención sobre un asunto o problema concreto para darle solución. Sin embargo, esta creencia es radicalmente opuesta a lo que en realidad es la meditación oriental, pues no hay que confundirla con “preocupación” o “reflexión”. La meditación es un camino de introspección, un ejercicio mental cuya intención es apaciguar el pensamiento consciente de forma que podamos percibir la información de forma más sutil.

La meditación está presente en la práctica totalidad de culturas y religiones: taoismo, budismo, chamanismo, zen, el camino sufí en el Islam, la contemplación en el cristianismo; incluso es el eje de actividades como yoga, artes marciales o Tai Chi. En todas ellas se considera como el proceso mental individual que puede transmitir estabilidad al individuo.

La meditación describe la práctica de un estado de atención sobre un objeto externo, un pensamiento, la propia consciencia, o el propio estado de concentración sobre la realidad del momento presente que nos envuelve. En este estado, la atención se libera de sus actividades y la mente se focaliza para quedar libre de los propios pensamientos, con el único objetivo de percibir todo aquello que cotidianamente nos pasa desapercibido, por ejemplo la respiración, las sensaciones que recibimos permanentemente en nuestro cuerpo, o la capacidad de desvincularnos de pensamientos automáticos y repetitivos que condicionan negativamente nuestro modo de actuación habitual, que, por tanto, limitan nuestra mente, nuestro estado de libertad y serenidad interior. No se trata de anular nuestra mente, sino de apaciguarla y de ser nosotros quienes la controlemos y no a la inversa, como sucede con tanta frecuencia en nuestro entorno social y cultural actual.

También de forma errónea, suele asociarse a creencias religiosas e incluso esotéricas, sin embargo no tiene que estar necesariamente asociada a creencia alguna, aunque ciertas filosofías, principalmente las orientales, se apoyen en ella para lograr ese estado de satisfacción física y espiritual. Sin embargo, las técnicas de meditación, una vez desvinculadas de todo ropaje religioso, van dirigidas a la armonización y a la obtención del equilibrio de nuestra naturaleza en su totalidad, es decir, sobre las partes que configuran al ser humano: cuerpo, mente y espíritu, con el objeto de mantener un estado saludable y unificado de todas ellas a través de la mera observación y de la toma de consciencia plena de todo lo que acontece para alcanzar una mayor comprensión de nosotros mismos y de la realidad, logrando el auto-conocimiento, la estabilidad, la armonía y la serenidad interior.

Estudios científicos han demostrado que algunas técnicas de meditación pueden ayudar a mejorar los sistemas inmunológico, cardiovascular, nervioso y cerebral, fomentando la concentración y la memoria, elevando el coeficiente intelectual y modificando algunas estructuras neuronales que se encontraban indebidamente alteradas (a través de ejercicios de meditación se ha apreciado un incremento de la actividad del lóbulo frontal izquierdo, donde se desarrollan las emociones positivas, al tiempo que se reduce el funcionamiento de la región derecha, que ha logrado un equilibrio entre ambos hemisferios reduciendo el miedo y la cólera). Asimismo, mediante electroencefalogramas, se han realizado análisis de la actividad cerebral durante la meditación , apreciando que ésta pasa de ondas beta, aquellas en las que se desarrolla nuestra actividad normal, consciente y alerta que oscilan entre los 15 y los 30 Hz., a ondas alfa o de relajación, calma, creatividad, que van de los 9 a los 4 Hz. Meditaciones más profundas han llevado a registrar ondas theta (de relajación profunda, solución de problemas, de entre 4 y 8 Hz. de frecuencia) y en meditadores avanzados se puede detectar la presencia de ondas delta (de un sueño profundo sin dormir, de 1 a 3 Hz.).

La Psicología, la Psiquiatría y la Neurología actuales han estudiado diferentes técnicas de meditación. Multitud de terapeutas las recomiendan e, incluso, han desarrollado sus propios métodos inspirados en los tradicionales, para aplicarlos en sus consultas, principalmente los que emplean la respiración como medio de relajación y nexo de unión entre el cuerpo y el estado anímico.

Dado que trabaja con la respiración y con la postura corporal, es muy recomendable en cuadros de estrés o ansiedad, como también en casos de elevada presión sanguínea, ya que meditar ayuda a ordenar la mente, calmar pensamientos automáticos y distorsiones cognitivas, logrando un estado de tranquilidad que equilibra el carácter, que favorece la comprensión de comportamientos, objetivos y motivaciones. Igualmente, puede ayudar a eliminar traumas y bloqueos emocionales que dificultan la vida del individuo.

Un hallazgo científico importante con relación a la meditación es que los niveles de cortisol, adrenalina y noradrenalida de los practicantes de la meditación son muchas veces menores. Y hay que tener en consideración que estas hormonas elevan el nivel de azúcar en la sangre y agravan la condición de las personas que padecen diabetes, además de producirse en grandes cantidades en periodos de estrés, que, de permanecer en nuestro cuerpo durante periodos prolongados, pueden causar numerosos daños. Del mismo modo, las personas que meditan son capaces de producir hasta un 50 % más de anticuerpos que tras recibir una vacuna contra la gripe.

Otro estudio reciente evidenció que la práctica diaria de la meditación hace más densos el córtex cerebral, responsable de la toma decisiones, la atención y la memoria. Sara Lazar, científica investigadora en el Hospital General de Massachussets, mostró unos resultados preliminares que demostraban que la materia gris de 20 hombres y mujeres que meditaban durante 40 minutos al día, era más densa que la de aquellas personas que no lo hacían. Al contrario que en estudios previos, que se centraban en monjes budistas, los sujetos en esta ocasión eran trabajadores del área de Boston que practicaban un estilo occidental de meditación llamado atención, o meditación interior. “Hemos demostrado por primera vez que no necesitas hacerlo durante todo el día para lograr estos resultados”, dijo Lazar. Y lo que es más, sus resultados sugieren que la meditación podría ralentizar el adelgazamiento natural que esa sección del córtex sufre con el paso del tiempo.

Según Deepak Chopra, conocido médico y escritor norteamericano de origen hindú:

“El estado fisiológico de los practicantes de la meditación experimenta cambios definitivos hacia un mejor funcionamiento. Cientos de hallazgos muestran una reducción en la respiración, un menor consumo de oxígeno, y una reducida tasa metabólica. En términos del envejecimiento la conclusión más significativa es que el desajuste hormonal asociado al estrés - que se sabe acelera el envejecimiento - se revierte. Esto a su vez desacelera, e incluso revierte, el proceso de envejecimiento... Mi experiencia con estudios llevados a cabo con personas que practican la Meditación Trascendental deja establecido que las personas que han practicado la meditación durante un buen número de años pueden tener una edad biológica de entre cinco y doce años menos que su edad cronológica”.

Resulta difícil describir todas las técnicas, dado que cada filosofía y cada terapeuta emplea las suyas propias, pero para todas es una “herramienta” orientada a la consecución de un mismo objetivo y que Ramiro Calle describe así “el adiestramiento del cuerpo, la mente y el comportamiento para estar más armonizados y lograr pensar, hablar y actuar con mayor equilibrio y ecuanimidad”.

Para iniciarse en la práctica de la meditación es suficiente con seguir nuestra respiración y dejarnos llevar. Para ello se sugiere:

- Una postura corporal estable, con la espalda recta y con la cabeza erguida. Lo principal es encontrarse cómodo y relajado, para que fluya la energía, pero evitando dormirse, pues entonces sólo estaremos consiguiendo relajarnos, pero no conseguiremos ningún estado de meditación, es decir, se requiere una postura que nos permita mantenernos relajados a la vez que atentos.
- Moverse lo menos posible y hacerlo con lentitud y consciencia cuando sea inevitable.
- Respirar pausadamente y a ser posible por la nariz.
- Hacer un esfuerzo consciente con la motivación adecuada y bien dirigido hacia nuestra atención. Adoptando una actitud pasiva y receptiva, pero sin forzarnos a concentrarnos o mantener nuestro foco de atención.
- Mantener la atención consciente, disciplinadamente dirigida hacia el soporte de la meditación., así como una actitud de ecuanimidad.
- Regularidad, pues creando la rutina se aprende a meditar, de modo que nuestra mente se ejercita en ella y cada vez resulta más fácil, así aprendemos progresivamente a controlar nuestra mente.
- El tiempo a emplear irá en función de la motivación de cada cual, pero se recomienda que no sea inferior a 10 ó 15 minutos, para alcanzar un buen grado de relajación y atención.
- Puede realizarse en cualquier momento y lugar, por ruidoso y estridente que éste resulte, pero, para quienes no estén ejercitados en su práctica, es conveniente realizarla en un sitio tranquilo y agradable, con una iluminación cálida, un entorno alejado de distracciones superfluas, que invite al sosiego e induzca a la relajación.

Y, ésta se puede hacer con técnicas entre las que se incluyen:

- Las propias meditaciones guiadas, adecuadas para quienes se inician.
- La observación de la respiración y las sensaciones corporales.
- La visualización de pensamientos o imágenes positivas e inspiradoras.
- El enfoque de la vista en algún objeto en el que concentrar nuestra atención.
- La repetición de “mantras” o frases repetititvas sobre las que centramos nuestra atención liberando nuestra mente de pensamientos que la confunden.
- ... ... ...

Durante su realización conviene:

- Desprenderse de la tensión mental y emocional, procurando la relajación de la musculatura física.
- Evitar la dispersión.
- Dejar fluir las imágenes mentales y los pensamientos que surgen automáticamente de manera repetitiva, sin recrearse ni intervenir en ellos, simplemente dejándolos pasar o, en su caso, frenándolos (descartándolos tranquilamente), en cuanto tomemos consciencia de ellos.




Como dice Thich Nhat Hank en su libro “Lograr el milagro de estar atento”:

“Si realmente estamos inmersos en la atención mental mientras caminamos a lo largo del sendero que conduce al pueblo y consideramos cada paso que damos como una maravilla infinita, la alegría se abrirá en nuestro corazón como una flor, permitiéndonos entrar al mundo de la realidad”.

Intentemos, pues, prestar más atención a nuestra atención.


© AnA Molina (Administrador del blog).

Fuentes:
- Ramiro Calle. (2004). “Yoga mental y meditación”. Ed. Librería Argentina.
- Thich Nhat Hanh (2005). “Lograr el milagro de estar atento”. Ed. Librería Argentina.


domingo, 10 de enero de 2010

Sobre el amor

En "Palabras a mí mismo", Hugh Prather, en "su lucha por convertirse en persona", escribió:




El amor une las partes con el todo.
El amor me unifica y me liga al mundo.
Amar podría ser la tarea de mi vida.
El amor es todo el universo.
El desamor es el universo dividido.
El desamor me separa de mí mismo y de los otros.
La mirada amorosa puede ver
La pluralidad como unidad
y la unidad como pluralidad
“yo y mi padre somos una persona”.
¿Existe sólo una realidad y una verdad?
El amor me muestra el lugar donde todas las mentes y las esencias se unen.

¿Cómo obtener amor? Lo tengo.
Tengo que abandonar mis definiciones de amor.
Amar no es decir cosas agradables a la gente,
ni sonreírle, ni realizar buenas obras.
Amor es amor. No luches por él. Vívelo.

Yo amo porque amo.


Por: Hugh Prather (Escritor)


Una travesura de duendes

Un cuento en imágenes, para pensar:













Sucede...


Sucede que la vida es un camino lleno de sorpresas, unas buenas otras no tanto, pero todas forman parte de nosotros mismos, nos ayudan a avanzar; aun sin darnos cuenta, consiguen que evolucionemos. Lo importante es desear vivir y sentirlas con toda su fuerza.

Lo cotidiano y las obligaciones distraen, separan, es más, hacen que todo vaya perdiendo progresivamente su valor por el cansancio, por la rutina, por la seguridad de creer seguro lo que ya tenemos, sin tener que esforzarnos en trabajarlo, cuidarlo y mimarlo. Esto, desde mi punto de vista, es un error, porque sin reparar en ello, en un instante, podemos perderlas de igual forma que las alcanzamos, dejando paso al interrogante “¿Por qué a mí... ?”. No hay que caer en el desánimo; hay que seguir poniendo el énfasis en que nada, ni nadie, se pierda, hacer que lo cotidiano, nuestras obligaciones, muchas veces tediosas y molestas, además de nuestros afectos se impregnen del deseo de realizarlas, del reencuentro y evitar que distraernos de lo que realmente queremos, concediéndoles la atención que realmente merecen aunque sea concentrando el tiempo.

Nadie es igual a nadie, afortunadamente –“en la variedad está el gusto”–. Nuestra única alma gemela es nuestra sombra que nunca se separa de nuestro cuerpo y nos acompaña incondicionalmente en la luz y en la oscuridad. En los demás podemos encontrar mucho, no creo ni espero que todo, pero no veo posible no encontrar nada, aunque no hallemos aquello que pretendíamos, a pesar de no conceder gran valor a lo que hemos percibido o incluso si esto nos desagrada. Nuestra identidad es única, auténtica y genuina, no admite imitaciones, aunque algunos lo pretendan. Afinidades, pueden y deben existir, para acercarnos a los demás y crear relaciones soportadas en puntos comunes, pero jamás una réplica exacta, es imposible e inevitable, pues de llegar a hacerse realidad esta “clonación”, no tendría ningún aliciente, encanto, misterio o sorpresa; no quedaría nada nuevo que intuir, buscar, descubrir. No existirían cualidades de la otra persona con la que enriquecernos y valorar en positivo o en negativo, por tanto, tampoco tendríamos nada que aportar, ni existiría el interés para darnos a conocer, porque todo estaría descubierto, todo sería “más de lo mismo”. Todo quedaría vacío de sentido y valor, desaparecerían nuestras esperanzas, no habría ilusiones ni deseos, no existirían puntos que pasasen desapercibidos y por ende, la posibilidad de descubrirlos... sería todo muy aburrido.

Una sintonía se compone de notas diferentes que se encuentran pero que no tienen, obligatoriamente, que nacer parejas, pueden ir juntándose en el pentagrama, componiendo la melodía que desemboca en una preciosa sinfonía o, por el contrario, dan lugar a un desatino. Todo está en descubrirlo... en apreciar la emoción y la ilusión cuando las notas van componiendo acordes melódicos que motivan a seguir componiendo o si, por su estridencia se prefiere, comenzar una nueva partitura.

El mundo físico es lo material, lo tangible; el romántico e ideal está en nuestro interior, en nuestro espíritu y nuestra mente, es lo intangible, pero ambos son reales, ambos se interrelacionan, se complementan y se necesitan... se equilibran. Sin los sueños, la ilusión y la imaginación, sin el deseo, ni la pasión que habitan en nuestro mundo interior, el físico no resistiría, se desmoronaría al no tener donde soportarse ni encontrar fuerza para avanzar, nos volveríamos locos sin la desconexión o vía de escape que nos aporta el romanticismo de nuestra imaginación y que al mismo tiempo nos enriquece y nos satisface. Sin la racionalidad y cotidianeidad del mundo físico se perdería el sentido de lo bucólico y sentimental, caería en lo superfluo y aburrido, incluso en lo vulgar... en lo empalagoso e insustancial; viviríamos al margen de nuestra consciencia, de nuestra identidad, salvo que conociésemos otra realidad, otro universo al que trasladarnos a nuestro antojo, pero esto no es el Edén, no es ningún Paraíso Terrenal, no podemos alimentarnos exclusivamente de sueños de amor, pero... no sólo de pan vive el hombre... Son los polos opuestos que se atraen y que son imprescindibles para la transmisión de nuestra energía vital, la que nos impulsa a continuar. Hay que caminar, con la mirada puesta al frente para no caer (en la realidad), pero levantando la cabeza al cielo para no perder la magnífica vista que ofrece y llegar a percibir las sensaciones de soñar que volamos acariciando las nubes (en los sueños e ideales).

No creo que se deba separar el querer del desear. Deseamos porque queremos y queremos porque deseamos, lo uno nos lleva a lo otro, a través del más puro concepto de lo que es la pasión controlada. Otra cosa es lo que esperemos y creamos necesitar y por eso lo transformamos en deseo o falso amor, pero el tiempo trae las respuestas y con ellas los aciertos y el error.

Las personas somos un todo y, aunque seamos como puzzles, no podemos descomponernos en pequeñas piezas que se compran a discreción en hipermercados envueltas y por separado. Hay que aceptar y respetar a quien tenemos al lado, en función de nuestra capacidad de entrega, exigencias, expectativas, anhelos y necesidades, comunicando y transmitiendo sentimientos que conformen la complicidad necesaria para ayudar a abrir las puertas para “cultivar” los puntos que queremos y deseamos desarrollar. Si no existen deseo, aceptación y respeto, es mejor no engañarse, ni engañar a nadie, pues al final se confirmará el fracaso, es mejor aceptar la realidad, dar y darnos la libertad suficiente para poder “renunciar” y comenzar de nuevo en otro lugar, con otras personas.

Sucede que la vida es un cambio constante, aunque éste nos pase desapercibido. Cada paso que damos en la vida se convierte en presente y el anterior ya es pasado. Si queremos avanzar hacia el futuro para estar algo más cerca de nuestra felicidad, debemos caminar, no renunciando a nada que se nos presente, interese y apetezca libremente, sin anclarnos al pasado y valorando que hay que aprender a decir “NO” a algunas cosas para decir “SÍ” a otras, aceptar las despedidas para ofrecer bienvenidas, pero con análisis y reflexión, seguridad y convencimiento y mucha, mucha ilusión y mucho, mucho deseo, pero, fundamentalmente, asumiendo las consecuencias... luego no valen los arrepentimientos.

Y sucede que yo soy yo y así quiero seguir. Sucede que son muchos años conviviendo conmigo misma y muchos los que espero que me resten para seguir haciéndolo. ¿No me gusto, no me acepto? Como todos, quizá. De ahí que trabaje arduamente por mejorar, pero me siento satisfecha conmigo, con mi forma de pensar, vivir y soñar. Orgullosa y nada arrepentida de ninguna de mis experiencias, por dolorosas o frustrantes que hayan sido, ya que todas forman parte de mí y con ellas he crecido; por mis triunfos y mis derrotas, con los que he aprendido y me he ido definiendo; por mi capacidad de amar, amar a las personas, a la vida y a las cosas, por mi desarrollo personal. Y sucede que tú eres tú, al igual que yo, y así debes seguir, siendo tú mismo, con tu autenticidad y con las características inherentes a tu personalidad.

Si coincidimos ¡Qué hermoso! Si no, también, pues habré tenido la maravillosa oportunidad de haberte conocido, haber compartido una etapa de mi camino y porque ya formarás parte de mi vida, de mi experiencia, de mi historia. Habré crecido sólo por haber compartido, por haberme abierto y mostrado tal cual soy, te habré permitido conocer mis cualidades y mis imperfecciones. Y tú, desde tu libertad y con mi respeto a tu identidad personal, igualmente habrás podido expresarte como yo. Me sentiré satisfecha por sentir y por vivir un día más al lado de alguien de calidad, alguien tan especial como lo somos todos.

Y sucede que busco un camino común en el que coincidan y confluyan dos caminos sustentados en el respeto, la libertad, el deseo y el afecto. Dos caminos: el tuyo, contigo y con tus cosas... tu persona; el mío, igual que el tuyo, conmigo y con mis cosas... mi persona. Y así, entre ambos, crear un pequeño mundo compuesto por nosotros y para nosotros, con todo aquello que compartimos gustosos.

Y ahora me pregunto ¿Sucede que a pesar de nuestros puntos comunes, en lo profundo, en el límite, no coincidimos?... Es algo ambiguo, aún así, estamos aquí.


© AnA Molina (Administrador del blog).



jueves, 7 de enero de 2010

Y tras Navidad ¿Qué...?


Como cada año, las fiestas navideñas llegan y se van cargadas de las mismas cosas y de idénticos sentimientos bondadosos. Como cada año por estas fechas nos reunimos con familia y amigos, brindamos con compañeros de trabajo, disfrutamos de unas cortas y merecidas vacaciones, ofrecemos y recibimos regalos... Disfrutamos y sufrimos las consecuencias de las grandes comilonas, la diversión, las indigestiones, las resacas y el sueño trasnochado... Brindamos, felicitamos, regalamos buenos deseos, besos, abrazos, reencuentros y paquetes voluminosos. Llenamos estos días de risas, aunque las lágrimas queden ocultas tras la máscara del cotillón de año nuevo... Pero ¿qué ocurre con toda la alegría y felicidad que derramamos y repartimos sin reparos en Navidad, cuando volvemos a nuestra cotidianeidad y pasaron “estos días tan señalados”?

Ya enviamos las felicitaciones a todas aquellas personas de quienes no sabíamos nada desde las pasadas fiestas, es decir, desde hace un año o, al menos, desde hacía muchos meses. Nos creemos mejores personas y consideramos que hemos cumplido escribiendo esos “christmas” que tan generosamente compramos para colaborar con una ONG, incluso el juguetito de turno para ayudar a los niños más necesitados. También reenviamos todas esas presentaciones y videos que recibimos, cargados de mensajes positivos y esperanzadores, a través de nuestros correos electrónicos. Veremos incrementada nuestra próxima factura de telefonía móvil por tantos y tantos mensajes como enviamos y, en el mejor de los casos, de tantas llamadas como realizamos. Pero ¿tendrá que pasar otro año para volver a contactar con esas personas a las que tan cordialmente deseamos “Feliz Navidad y Próspero año nuevo”?

Al regreso de estas fiestas volvemos a nuestros puestos de trabajo y nos reencontraremos con las mismas personas a quienes días atrás ofrecimos nuestros mejores deseos con un par de besos o un abrazo, pero tras el reencuentro, retomaremos la nefasta costumbre de juzgar y criticar sus actitudes y aptitudes, pisando, en nuestro afán competitivo y de superioridad, su labor profesional. Seguiremos sin ofrecerles nuestra ayuda cuando se encuentren en un apuro y nos iremos al final de la jornada sin despedirnos de ellos, cuando tengan que quedarse a hacer horas extraordinarias porque no han completado su tarea en el horario laboral. Pero ¿tendrá que pasar otro año para volver a entablar una relación cordial de unos minutos con esas personas para desearles “Feliz Navidad y Próspero año nuevo”?

Un año más nos reencontramos en cenas y comidas con esos familiares a los que ignoramos durante el resto del año y para quienes no nos queda un minuto para telefonearles y preguntar cómo se encuentran, ignorando sus penas y alegrías, para hacerles partícipes de las nuestras. Pero ¿tendrá que pasar otro año para volver a ofrecer o recibir una nueva invitación a compartir nuestros hogares, otra comida u otra cena cuando no haya que desear “Feliz Navidad y Próspero año nuevo”?

Y así, sucesivamente. ¿Cuántos días y acontecimientos tendrán que suceder, a cuántas personas y circunstancias ajenas ignoraremos hasta volver a desear “Feliz Navidad y Próspero año nuevo” sin considerar que un año consta de 365 días y no sólo de unas horas o de apenas las dos semanas que dura tanta supuesta “prosperidad”?

Ya pasaron los días de los excesos y de los sentimientos tan buenos como fugaces, que se mantienen únicamente durante las navidades, durante los días de “Cava y Muérdago” y un año más volvemos a volcarnos en “Las Rebajas”, dilatando no el espíritu navideño, sino el del mero consumismo compulsivo que las dilata, pero lo más triste es que también comienza la época de rebajas en valores humanos. Se acabaron las buenas intenciones y los buenos deseos, se acabó la comprensión y la empatía, la generosidad y el desinterés... Ahora llegan las “Rebajas de Afecto”, volvemos “a lo nuestro” o, como dice el refranero “zapatero, a tus zapatos” y “el que venga atrás, que arree”.

Viendo todo esto repetidamente, año tras año, aunque parezca un tópico, no por ello menos real, no puedo evitar pensar en tantos convencionalismos como nos limitan, en los compromisos que, teóricamente, nos atan por cariño, pero que al final se descubre falso, hipócrita y acomodaticio. Sin embargo, esto no quiere decir que me revele contra la Navidad y su espíritu, todo lo contrario, pero sí lo hago contra la embustera apariencia en la que la envolvemos, porque los buenos deseos, el amor, la fraternidad, la amistad y todo aquello que confiere calidad, dignidad y valor al hombre en lo íntimo y espiritual, motivo real que dio origen a esta celebración, no sólo se debe poner de manifiesto en Navidad, sino demostrarlo día a día a lo largo de todo el año, compartiendo aquello que tenemos de bueno en nuestro corazón y en nuestras vidas, más allá de exquisiteces culinarias servidas en nuestras mesas o costosos regalos comprados en centros comerciales y empaquetados con un gusto delicado.

Por eso, aunque se entienda que este deseo llega a destiempo, considero que es el momento adecuado para compartirlo:


Convierte tu vida en Navidad
y que la Navidad sea tu vida.




© AnA Molina (Administrador del blog).


Ante la oscuridad

Hace tiempo recibí este sencillo cuento en mi correo electrónico. Desconozco su autor y su origen, pero no su moraleja, la que hoy pretendo compartir para hacer ver la necesidad de responsabilizarnos de nosotros mismos, de aprender a vivir sin “auto-compasión” y descubrir nuestras capacidades y nuestro potencial inexplorado. Se lo brindo a quienes me han ayudado en “esas” circunstancias difíciles por las que todos pasamos en algún momento.

Los pasajeros del autobús, la observaron compasivamente cuando la atractiva joven del bastón blanco subió con cuidado los escalones. Pagó al conductor y, usando las manos para percibir la ubicación de los asientos, caminó por el pasillo y encontró el asiento que, según él, estaba vacío. Luego se acomodó, colocó su maletín sobre las rodillas y apoyó el bastón contra su pierna.
Hacía un año que Susan, de treinta y cuatro años, se había quedado ciega. Debido a un diagnóstico equivocado, había perdido la vista, y de repente se había sentido arrojada a un mundo de oscuridad, rabia, frustración y auto-conmiseración. Dado que antes había sido una mujer orgullosamente independiente, ahora Susan se sentía condenada, por esta terrible vuelta del destino, a ser una carga impotente y desvalida para todos los que la rodeaban.

"¿Cómo pudo pasarme esto?", se quejaba con el corazón lleno de cólera. Pero a pesar de cuanto llorase o despotricase o rezara, ella sabía cuál era la dolorosa verdad: Nunca más volvería a ver. Una nube de depresión se cernía sobre su espíritu antes tan optimista. El solo hecho de vivir cada día era un ejercicio de frustración y cansancio. Únicamente se aferraba a su esposo, Mark.

Mark era un oficial de las Fuerzas Aéreas que amaba a Susan con todo su corazón. Al perder ella la vista, notó cómo se hundía en la desesperación y decidió ayudarla a reunir las fuerzas y la confianza necesarias para volver a ser independiente. La experiencia militar de Mark, lo había entrenado muy bien para manejar situaciones delicadas, pero él sabía que aquella era la batalla más difícil que iba a enfrentar.

Finalmente, Susan se sintió preparada para volver a su trabajo, pero ¿cómo llegaría hasta allí? Anteriormente costumbrada a tomar el autobús, ahora estaba demasiado asustada como para ir por la ciudad por sí sola. Mark se ofreció a llevarla en coche todos los días, aun cuando trabajaban en extremos opuestos de la ciudad.

Al principio, esto reconfortó a Susan y cubrió la necesidad de Mark de proteger a su esposa ciega, que se sentía tan insegura para realizar la acción más insignificante. Sin embargo, Mark pronto se dio cuenta de que ese arreglo no funcionaba... Era problemático y costoso. "Susan tendrá que empezar a tomar el ómnibus de nuevo", admitió ante sí mismo. Pero sólo pensar en mencionárselo le hacía estremecer. Ella todavía estaba tan frágil, tan llena de rabia... ¿Cómo reaccionaría?

Tal cómo Mark había previsto, Susan se horrorizó ante la idea de volver a tomar el autobús sola.

-¡Estoy ciega! -explicó con amargura-. ¿Cómo se supone que voy a saber adónde me dirijo? Siento que me estás abandonando.

A Mark se le rompió el corazón al oír esas palabras, pero él sabía lo que debía hacerse. Le prometió a Susan que, por la mañana y por la noche, la acompañaría en el autobús todo el tiempo que fuera necesario hasta que ella se sintiera segura.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Durante dos semanas enteras, Mark acompañó a Susan en el viaje de ida y vuelta al trabajo. Le enseñó cómo apoyarse en sus otros sentidos, en especial el oído, para determinar dónde se encontraba y cómo adaptarse a su nuevo entorno. La ayudó a trabar amistad con los conductores, quienes se ocuparían de ella y le reservarían un asiento. Le hizo reír, incluso en aquellos días no tan buenos en que tropezaba al bajar del autobús o tiraba su maletín lleno de papeles en el pasillo.

Todas las mañanas hacían el recorrido juntos y Mark tomaba un taxi para volver a su oficina. Aunque esta rutina resultaba más costosa y cansada que la anterior, Mark sabía que sólo era cuestión de esperar un tiempo más antes que Susan estuviera capacitada para viajar por su cuenta. Creía en ella, en la mujer que él había conocido antes de perder la vista, la que no le temía a ningún desafío y jamás se rendía.

Por fin, Susan decidió que estaba lista para hacer el intento de viajar sola. Llegó la mañana del lunes y, antes de irse, abrazó a Mark, su compañero de viajes en autobús, su esposo y su mejor amigo. Tenía los ojos llenos de lágrimas de gratitud por su lealtad, su paciencia, su amor. Se despidieron y, por primera vez, cada uno tomó un camino distinto. Lunes, martes, miércoles, jueves... todos los días le fue muy bien y Susan jamás se sintió mejor. ¡Lo estaba haciendo! Estaba yendo a trabajar por su cuenta.

El viernes por la mañana, Susan tomó el autobús como de costumbre. Al pagar el billete, el conductor le dijo:

- ¡Caramba! De veras la envidio.

Susan, no supo si le estaba hablando a ella o no. Después de todo, ¿quién iba a envidiar a una ciega que había encontrado el coraje de vivir durante el año anterior?
Intrigada preguntó al conductor:

- ¿Por qué dice que me envidia?

El conductor respondió:

- ¿Sabe? Todas las mañanas durante la semana pasada, un caballero de muy buen aspecto, con uniforme militar, ha estado parado en la esquina de enfrente, observándola mientras usted bajaba del autobús. Se asegura que cruce bien la calle y la vigila hasta que entra en su edificio de oficinas. Luego le tira un beso, le hace un pequeño gesto de saludo y se va. Usted es una mujer afortunada.

Lágrimas de felicidad rodaron por las mejillas de Susan. Porque, aunque ella no podía verle físicamente, siempre había sentido la presencia de Mark. Era afortunada, muy afortunada, pues él le había hecho un regalo más poderoso que la vista, un regalo que ella no necesitaba ver para creer en su existencia...


El regalo del amor puede llevar luz a donde sólo hay oscuridad.



martes, 5 de enero de 2010

Nasija

“Nasija” es un cortometraje canario de Guillermo Ríos elaborado para el día de la mujer, galardonado con más de 50 premios en los 5 continentes. ¡No es para menos!

Durante 7 minutos ofrece una impresionante muestra del problema de ser mujer en el África subsahariana, desde la perspectiva de la propia mujer sentenciada a muerte. Es doloroso, pero no por ello menos real, todo lo contrario, nos acerca a una realidad que, en nuestra cultura occidental, sentimos muy lejana, pero ignorar esta cruda realidad no hace que desaparezca.




Rabo de Nube

En muchos lugares del mundo, esta noche es una noche mágica, la noche de la ilusión, los sueños y los deseos. Esta noche recibiremos a:

Sus Majestades
Los Reyes Magos de Oriente


Mañana, en millones de hogares disfrutaremos de cariño, regalos, sonrisas y de la alegría de los más pequeños. Mi deseo este año es un “Rabo de Nube”, como denominan en Cuba a los tornados. Un deseo que lleva letra y música de un cantautor nacido en este país, Silvio Rodríguez.




Si me dijeran pide un deseo,
Preferiría un rabo de nube,
Un torbellino en el suelo
Y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
Un aguacero en venganza
Que cuando escampe parezca
Nuestra esperanza.

Si me dijeran pide un deseo,
Preferiría un rabo de nube,
Que se llevara lo feo
Y nos dejara el querube.
Un barredor de tristezas,
Un aguacero en venganza
Que cuando escampe parezca
Nuestra esperanza.

Por favor, pensemos en los millones de niños que mañana no verán cumplidos sus deseos e intentemos, aunque sólo sea desde nuestros corazones, enviarles un "Rabo de Nube" que traiga a sus vidas un poquito de ESPERANZA.

Feliz Noche de Reyes.
Felices Regalos.

Os deseo que Sus Majestades sean generosos en
SALUD Y AMOR.


Tus hijos no son tus hijos


Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.


Por: Kahlil Gibran (Poeta y ensayista)