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jueves, 9 de febrero de 2012
Declaración Universal de los Derechos Humanos
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lunes, 6 de febrero de 2012
¡Qué Suerte Ser Mujer!
Nada más contradictorio que disfrutar la fortuna de ser mujer...
Pensamos con la cabeza, pero nos puede el corazón. Aplicamos la razón, pero nos mueve la pasión y nos vence el amor y la emoción. El sentimiento impera en nuestro ser.
Un instante puede ser eterno cuando en él vivimos un millón de reflexiones y de emociones, transmitiendo, con una sola mirada, con un único gesto, todo nuestro transparente sentir, incapaces de enmascararlo como si estuviésemos en Carnaval.
Pasamos el tiempo buscando nuestra propia perfección, exigiéndonos alcanzar cimas que otros únicamente saben contemplan desde abajo. Y, sin embargo, perdonamos, disculpamos los errores de aquellos a quienes amamos sin condiciones; no así con los nuestros propios fallos, pues somos autoexigentes y nos motiva aprender de las cualidades y capacidades ajenas para mejorar nuestra persona y seguir creciendo a cada paso que damos, esforzándonos en lograrlo.
Enraizadas con la madre Tierra, con la madre Naturaleza, somos capaces de engendrar vida y albergar en nuestros vientres a la humanidad del mañana, impacientes de la llegada del día en que podamos acoger en nuestro pecho y entre nuestros brazos a la criatura que creció en nuestro interior; le amamantamos, le protegemos, nos desvelamos ante su llanto, le entregamos nuestro amor mientras vemos crecer a esas personitas que ya no caben en nuestro regazo como antaño, a pesar de lo cual nos tenemos que inculcar día a día a nosotras mismas una imprescindible lección, la de saber que no nos pertenecen y les debemos abrir el camino de su independencia y libertad, hasta que llega el momento en que emprenden su vuelo y crean su propio nido; cuando pasamos a sentir la tristeza infinita de verlos partir, pero con el orgullo y satisfacción de pensar que hemos podido contribuir a su bienestar y satisfacción personal una vez se convierten en adultos, rompiendo definitivamente el cordón umbilical que, como un precioso lazo, conservaremos de por vida en nuestro alma.
Luchadoras valientes, cual leonas que defienden su territorio y a sus cachorros. Dulces y sumisas como gatitos que ronronean pidiendo mimos y ternura. Fieles como el perro guardián de la casa. Ligeras como las águilas que vuelan en libertad. Sagaces y sutiles como linces. Delicadas como amapolas que se marchitan rápidamente, con el fresco y penetrante aroma del jazmín, terciopelo de los pétalos de rosa que también conserva sus espinas para protegerse... Toda la fauna y la flora existe en nosotras, porque somos la propia naturaleza que se crea a sí misma.
Sumisión y rebeldía, coraje y timidez componen la esencia de la mujer. Fuertes y frágiles, como sólo nosotras sabemos ser. Valerosas y abnegadas trabajadoras, desatentas al cansancio y la fatiga de nuestras múltiples tareas asumidas con responsabilidad, innovación y creatividad. Somos hijas, madres, esposas, trabajadoras profesionales; siempre divididas entre tanto quehacer y, sin embargo, llegamos a todas, dando todo en cada una de ellas; multiplicamos el tiempo dejando en el olvido aquel que nos corresponde para satisfacer nuestra propia identidad.
Nos conmueven las circunstancias ajenas y florece nuestra empatía dándonos en cuerpo y alma a quien se nos acerca pidiendo apoyo y compañía, brindándole una sonrisa, un abrazo y una palabra amable, sin esperar recompensa a cambio.
Bellas por fuera y hermosas en nuestro interior, con delicado cuerpo de guitarra que, a pesar de desdibujarse con la llegada de la maternidad y el deterioro de los años, mantiene de por vida el sabor de sus acordes. Acicaladas y perfumadas en nuestro lecho para seducir a nuestro amante con seductoras palabras, con dulces caricias, con miradas que denotan entrega con el calor del corazón, con el deseo y la pasión. Aunque nuestras parejas no siempre perciban nuestros gestos, persistimos para sentirnos femeninas por nosotras mismas, por satisfacer a nuestro cónyuge y hacerle grata nuestra contemplación, a pesar que nuestra apetencia en un momento cualquiera pueda ser estar, simplemente, con el cabello enmarañado y cubiertas con esa prenda raída con la que tan cómodas nos encontramos.
Cual hechiceras, transformamos en luz nuestra propia oscuridad y convertimos en sonrisas los dolores de nuestro alma, ocultándolos silenciosamente en el tiempo, manteniendo las fuerzas para consolar a quien se acerca a llorar en nuestro hombro, mientras escondemos nuestras propias lágrimas. Y, cuando ya no podemos guardarlas bajo la llave de nuestro autocontrol, se nos escapan brotando por nuestros ojos como si de un torrente se tratase y, al resbalar por nuestras mejillas desvelan toda nuestra sensibilidad, con sentimiento hondo y sincero, con inmenso dolor e infinita ternura... con toda nuestra fragilidad, con toda nuestra vulnerabilidad...
Por eso y por un millón de cosas más que no caben en palabras. Por que somos gotas de lluvia y olas en el mar,
¡Afortunado el hombre que
sepa comprender el alma de una mujer!
Mujer, no dejes de amarte, valorarte y cree en ti. Camina firme y segura por el camino de la vida, siempre avanzando, nunca retrocediendo. No olvides a la niña que siempre vivirá en ti, ni te desprendas de tus sueños, pues son ellos los que te acercarán a tu propia felicidad, a vivir plenamente cada segundo fugaz de tu existencia y sentirte una persona completa y así, en tu último aliento, puedas elevar tu voz al viento, para que te escuche orgullosa y sincera decirle con ímpetu:
¡Qué Suerte He Tenido de Ser Mujer!
Ó AnA Molina (Administrador del blog)
domingo, 5 de febrero de 2012
El Individuo Autoritario
El psicoterapeuta Waine W. Dier es autor de títulos de libros de auto-ayuda de gran difusión internacional, entre los que figuran “Tus Zonas Erróneas” o “El Límite es el Cielo” del cual he extraído el siguiente texto, donde define las características del individuo autoritario y que considero importante compartir para ofrecer argumentos que nos permitan realizar un proceso de autoanálisis para determinar si podemos ser uno de ellos y comenzar a realizar los cambios oportunos para ser más flexibles y tolerantes, lo cual nos reportará también un mayor grado de satisfacción personal, que nos ayudará a ser personas sin límites y acercarnos al "cielo".
“Es muy posible que la mayoría considere que sabe perfectamente qué clase de persona es el individuo autoritario. El prototipo es el individuo dominante, normalmente varón, que espera que le obedezca ciegamente todo aquel al que pueda obligar a aceptar su autoridad; un tipo agresivo, impaciente, arrogante, porfiado, de mentalidad estrecha, irracional. Podríamos pensar en alguien como Hitler en tanto que personaje autoritario arquetípico.
Este prototipo tiene algo de verdad, pero es sólo la superficie y una pequeña parte de la historia. La definición que da el diccionario de "autoritario" es la siguiente: 1) Relacionado con o favorable a la sumisión ciega a la autoridad. 2) Relativo a o partidario de una concentración del poder en un caudillo o una élite no constitucionalmente responsable ante el pueblo.
De esto se deduce claramente que el tipo anteriormente descrito es sólo un verdadero autoritario si toma sus propios valores, opiniones y directrices de una autoridad que él a su vez acepta como superior a sí mismo y a la que él presta obediencia ciega. Así pues, por mucho que vocifere sobre la veracidad evidente e innegable de sus opiniones, por mucho que pretenda ser dueño de sí mismo, dueño de la casa o de cualquier otra cosa, su identidad descansa en el fondo fuera de sí mismo, en esa Gran Autoridad Indiscutible a la que rinde fidelidad absoluta. Así pues, el individuo autoritario es exactamente lo contrario, de lo que parece; es un individuo que en realidad no confía en sí mismo, que tiene una personalidad débil, y quizás un asomo de paranoia, y que se aferra a su imagen autoritaria como un niño desvalido se aferra a su madre. Él no es nada sin los que le siguen ciegamente: la contrapartida pasiva, sumisa y (hasta fechas recientes, al menos) prototípicamente femenina, los que aceptan todas sus órdenes y jamás ponen en entredicho lo que él piensa, los niños o los empleados o los conocidos cuyos pensamientos puede controlar.
Debería quedar claro, con lo dicho, que el individuo "autoritario" no es necesariamente el que tiene autoridad. De hecho, un individuo puede ser autoritario justamente porque no tiene ninguna autoridad real sobre sí mismo, porque acepta los límites artificiales que le marca la sociedad y desahoga en otros sus frustraciones. Se rechaza normalmente la consideración de "autoritario" porque el término supone limitación, rigidez, dominio de los demás. Pero es menos frecuente que se advierta que el autoritarismo produce los mismos efectos en el autoritario original y que todos los que participan en las restricciones; la rigidez y el dominio son igualmente autoritarios.
Ya he dicho antes que considero el autoritarismo predominante la barrera más firme para llegar a la vida "Sin Limites" en nuestra sociedad. Todo el que sea un observador despierto de la sociedad puede ver que pocos individuos piensan por sí mismos, pero algunos científicos sociales han calculado que el setenta y cinco por ciento de los miembros de nuestra cultura (la civilización occidental) muestran más elementos autoritarios que no autoritarios en su vida diaria.
No debe sorprendernos, si consideramos que estadísticas paralelas nos indican generalmente estados de salud mental abismales. Creo que el espectacular aumento de los casos de depresión crónica, de "crisis nerviosa", rupturas familiares, suicidios, alcoholismo, dependencias químicas, úlceras, hipertensión, angustia y otras enfermedades de este tipo se debe, en gran parte, a la frustración interior y al aburrimiento que engendra el autoritarismo. Como ser humano, fue usted creado para pensar por sí mismo. Su inteligencia tiene que rebelarse contra la angustia, sus emociones estarán regidas por el peso de cadenas mentales; si usted no se permite la libertad de pensar con su capacidad plena e ilimitada, acabará acusando a otros cuando las cosas van mal. Por una ironía del destino, que nos hace identificar con más rapidez nuestros propios defectos en otros, culpará usted al autoritarismo de otras personas (fidelidad a diversas Grandes Autoridades Indiscutibles) de los problemas del mundo y no sabrá usted relacionarse con una persona que piense de verdad libremente si se encuentra con ella.
En realidad, será al pensador libre y serio al que condene usted más de prisa como autoritario, por tener la audacia, el orgullo, o lo que sea, de apoyar su posición en la vida básicamente en su propio juicio. (¿En base a qué autoridad piensa usted eso? ¿Sólo en la suya propia? ¡Bah, eso significa muy poco!).
Si el autoritarismo es una zona social errónea tan inmensa como creo, no tendremos más remedio que trascenderla para poder modelar una sociedad SZE, para poder empezar, incluso, a desarrollar plenamente nuestras máximas capacidades como seres humanos en gran escala. Pero la solución empieza, como siempre, por usted, por el individuo, y para poder valorar su propio nivel de autoridad creo que merecerá la pena analizar con algo más de profundidad la psicología de los autoritarios de todo género.
Allá por los años cuarenta, un grupo de siete sociólogos dirigidos por T. W. Adorno realizaron un estudio monumental sobre la psicología del autoritarismo. Los resultados se publicaron en 1950 en dos volúmenes titulados "La Personalidad Autoritaria", casi mil páginas de investigación, cuestionarios y cuadros estadísticos y abundantes conclusiones técnicas que describían características personales que los investigadores habían descubierto que estaban relacionadas con el autoritarismo, que definían de modo muy similar a como las he definido yo antes. La lectura de este gran volumen de información queda limitada en general a los cursos universitarios de sociología, pero el contenido es tan importante que creo que debería estar más al alcance de todos nosotros, la generalidad, así que lo resumiré e interpretaré aquí.
Lo importante cuando lea usted algo sobre autoritarismo es que se dé cuenta de lo a menudo que despliega usted rasgos autoritarios, y que se pregunte si el autoritarismo es, en realidad, el elemento predominante de su carácter. Puede que también le resulte instructivo utilizar las siguientes descripciones de la personalidad autoritaria a modo de guía que le ayude a definir lo que hay en usted mismo que le gustaría cambiar, y lo que realmente ha de cambiar si quiere usted convertirse en una persona Sin Límites.”
Dr.Waine W. Dier
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