sábado, 23 de junio de 2012

La Depresión. Un "Pozo" con Salida



¿Estás triste?
Busca a otra persona triste y consuélala:
encontrarás la alegría.
(Rabindranath Tagore)










Estar deprimido es algo más que estar triste o llorar mucho y también más severo que encontrarse cansado, aun cuando estas tres situaciones están presentes en las manifestaciones que tiene un enfermo que padece depresión.

Ocasionalmente, todos nos sentimos melancólicos o tristes, pero estos sentimientos, por lo general, son pasajeros y desaparecen en unos días. Cuando una persona tiene un trastorno depresivo, éste interfiere con la vida diaria y el desempeño normal, y causa dolor psicológico y emocional, tanto para quien padece el trastorno, como para quienes se preocupan por él o ella. La depresión es una enfermedad común pero grave y la mayor parte de quienes la padecen necesitan tratamiento para mejorar.

Se ha calculado que el costo personal de un cuadro de depresión que llega a durar de seis a ocho meses, es más severo e incapacitante que la Diabetes Mellitus o la hipertensión arterial. Estar deprimido, no es algo que de pronto aparezca, habitualmente su inicio es poco claro y puede iniciar por síntomas corporales, llamados somáticos, que hacen pensar al deprimido que está enfermo de algo diferente a la depresión. Dolores de cabeza, espalda, sensación de piernas y brazos pesados, fatiga, decaimiento, son datos iniciales de depresión. Posteriormente pueden aparecer las ideas de tristeza, la "rumiación" de experiencias tristes, desagradables y embarazosas que se tuvieron en el pasado; es entonces cuando el paciente se aísla, le resulta dificultoso el trato con los demás, se torna irritable, sombrío, tiene constantemente sentimientos de culpabilidad por eventos del pasado o por situaciones en donde omitió una acción concreta. Finalmente, cuando menos espera está de nuevo deprimido.

Muchas personas con una enfermedad depresiva nunca buscan tratamiento. Pero la gran mayoría, incluso aquellas con los casos más graves de depresión, pueden mejorar con tratamiento. Intensivas investigaciones de la enfermedad han resultado en el desarrollo de medicamentos, psicoterapias y otros métodos para tratar a las personas con este trastorno incapacitante.

La depresión (del latín "depressio", que significa "opresión", "encogimiento" o "abatimiento") es un trastorno del estado de ánimo, ya sea desde el punto de vista de la psicología o desde el punto de vista de la psiquiatría, pero siempre dentro del ámbito de la psicopatología. Según el modelo médico, la psiquiatría la describe como un trastorno del estado de ánimo y su síntoma habitual es un estado de abatimiento e infelicidad que puede ser transitorio o permanente.






Aspectos Históricos
Los griegos, con Hipócrates, describieron los estado de tristeza, que denominaron "melancolía" ("bilis negra") y que estaba caracterizado por una aversión a los alimentos, inmovilidad, insomnio, irritabilidad y desesperanza. La influencia del planeta Saturno, hacia que el hígado secretara la "bilis negra", de esta manera se daba una explicación etiológica al problema. Por otro lado, la "manía" era ya reconocida por los griegos como un estado de exaltación, pero fue Areteo de Capadocia quien, durante el siglo I d. C., estableció la conexión entre "melancolía" y "manía", pudiendo presentarse de manera alterna en una misma persona.

La primera descripción en Inglés, que se hace de la depresión corresponde al libro del Robert Burton, "Anatomía de la Melancolía", publicado en 1621. El trabajo de Burton fue alabado por los médicos de su época, dentro de los cuales destacó William Osler.

En el siglo XVII, el alienista Jean Étienne Dominique Esquirol, alumno de Philippe Pinel, fue el primero que observó que había formas de locura, que no llegaban más allá de una tristeza profunda. Fue él quien describió la "melancolía" como una "monomanía" y una alteración del afecto. Jean-Pierre Falret y Jules Baillarger, discípulos de Esquirol, estudiaron la enfermedad bipolar, a la cual le dieron el nombre de "foli a double forme". Los psiquiatras franceses y luego los alemanes, siguieron durante años la observación de sus pacientes y de esta manera pudieron relacionar los estados de "melancolía" y "manía". El psiquiatra Kraepelin fue quien hizo la separación de los tres grandes grupos de trastornos que llenaban los, entonces, "manicomios": esquizofrenia, demencia y enfermedad maniaco-depresiva.

Hasta el nacimiento de la psiquiatría moderna, su origen y sus tratamientos se alternaban entre la magia y una terapia ambientalista de carácter empírico (dietas, paseos, música, etc.) pero, con el advenimiento de la controversia de la biopsiquiatría y el despegue de la psicofarmacología, pasó a ser descrita como una enfermedad más. Su alta prevalencia y su relación con la esfera emocional la han convertido, a lo largo de la historia, en frecuente recurso artístico e incluso en bandera de movimientos culturales como el romanticismo.

Características
La depresión se puede describir como el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz, abatido o derrumbado. La mayoría de nosotros se siente de esta manera una que otra vez durante períodos cortos, pero eso no significa que se padezca una depresión si esos estados se superan y se dispone de los recursos personales para saber manejarlos adecuadamente. Sin embargo, la depresión clínica es un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de tiempo prolongado y deterioran los recursos personales del paciente que le incapacitan para afrontarlos.

La depresión puede cambiar o distorsionar la forma en que una persona se percibe a sí misma, su vida, su entorno e incluso a las personas de su alrededor. Las personas que padecen depresión por lo general ven todo con una actitud más negativa y son incapaces de imaginar que cualquier problema o situación se puede resolver de un modo positivo.

La depresión también puede aparecer como ira y desmotivación, en vez de sentimientos de tristeza. Si la depresión es muy intensa, también puede haber síntomas psicóticos, como alucinaciones y delirios.

La depresión del estado de ánimo varía de un día a otro. En algunos casos la ansiedad y el malestar pueden predominar sobre la depresión. La alteración del estado de ánimo puede estar enmascarada por irritabilidad, comportamiento histriónico o preocupaciones somáticas.

La depresión se caracteriza por la apatía, desgana, desilusión y una vida que se siente como rutinaria, absurda y sin sentido. Esta situación y falta de motivación llevan a la inactividad que se transforma en la desesperación en la que se "hunde" quien la sufre y esta enfermedad se aferra muchas veces al "no tengo fuerzas para continuar". Las situaciones de vacío y desgana provocados por la finalización de etapas de la vida, los deseos cumplidos o, por el contrario aquellos que no se han realizada y que producen frustración, la abundancia de fracasos, etc., pueden llevar a cualquier persona normal a padecer una depresión de diferente duración e intensidad, sin necesidad de predisposición previa depresiva  genética o de cualquier otra índole.

El estado de debilidad, la atonía muscular y la pronunciada ralentización están más relacionadas con el estado de inactividad que por el aparente cansancio físico. Se trata de un estado que, las personas que la padecen, suelen describir como “falta de energía” y que predispone muy negativamente frente a los esfuerzos físicos, tales como levantarse de la cama, ducharse, vestirse, desplazarse, relacionarse, realizar su actividad laboral, etc. Y sobreviene muchas veces el “encierro”, el aislamiento producido por las "ganas de estas solos y a oscuras", como si ese estado aliviara y protegiera de las agresiones externas, cuando la mayor agresión está en la depresión por sí misma, ya que, muchas veces, ésta se torna invalidante.

Los efectos que produce son sensación crónica de cansancio, debilidad, falta de energía. Es habitual que la persona que sufre una depresión tenga la tendencia a buscar el reposo, el descanso y el aislamiento constante con la intención de huir de la situación, de los sentimientos y emociones que le produce, tanto como por la voluntad de resolver la situación con la creencia de que el reposo hará recuperar la vitalidad perdida, pero la idea de descansar hasta encontrarse repuestos es un arma de doble filo, porque sí es cierto que el descanso de forma moderada es aconsejable para recuperar la energía perdida cuando se siente agotamiento físico por una causa física (trabajo, ejercicio, horas excesivas de actividad, tensiones emocionales que producen un fuerte desgaste, etc.). Efectivamente, un adecuado descanso repone la tensión muscular, regula el metabolismo corporal y nos permite estar a punto para nuevas demandas. Efectivamente, un adecuado descanso repone la tensión muscular, regula el metabolismo corporal y nos permite estar a punto para nuevas demandas. Sin embargo, si no se pone límite al período de reposo, una vez superado el agotamiento físico, prolongarlo en exceso fomenta el de deseo de continuar manteniéndose inactivo por tiempo indefinido, incapacitando para realizar cualquier actividad y, normalmente, al aislamiento.

Síntomas
No todas las personas con enfermedades depresivas padecen los mismos síntomas. La gravedad, frecuencia, y duración de los síntomas pueden variar según la persona y su enfermedad en particular. No obstante, entre los más comunes podrían citarse los siguientes:


- Ansiedad.
- Agitación, inquietud e irritabilidad.
- Bajo estado de ánimo.
- Sentimiento de vacío.
- Baja autoestima.
- Retraimiento y/ o aislamiento.
- Pérdida de interés o placer en actividades habituales que anteriormente se disfrutaban.
- Pérdida del apetito sexual y de la libido.
- Sensación de letargo (hipoactividad) o agitación psicomotriz.
- Dificultad para recordar cosas.
- Insomnio o exceso de sueño. Dificultad para mantener el sueño continuado, con repetidos despertares o despertar temprano.
- Cambios drásticos en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso, con la consiguiente repercusión para el estado de salud.
- Cansancio, fatiga y falta de energía.
- Astenia (sensación de debilidad física).
- Sentimiento de impotencia.
- Sentimientos de desesperanza, abandono y pesimismo.
- Sentimientos de minusvalía, culpabilidad y odio a sí mismo.
- Disminución de la capacidad intelectual.
- Dificultad de concentración.
- Dificultad para tomar decisiones.
- Movimientos lentos o rápidos.
- Inactividad y retraimiento de las actividades usuales.
- Sentimientos de desesperanza y abandono.
- Pensamientos recurrentes de muerte o ideas suicidas.
- Dolencias físicas causadas por la somatización. Dolores y malestares persistentes, dolores de cabeza, cólicos, o problemas digestivos que no se alivian incluso con tratamiento.

Otro de los síntomas que presenta es una postergación de todas las obligaciones y cuanto en realidad se desearía hacer; todos los proyectos y actividades se dejan “para después”, "para más tarde” y así sucesivamente día tras día, desatendiéndolos por completo, con las serias consecuencias que puede acarrear esta actitud, ya que determinadas obligaciones y tareas no se pueden postergar de manera indefinida (atención familiar, actividad laboral, etc.). Otra de las conductas observables en una persona que padece depresión es la irregularidad de sus ritmos circadianos (aquellos que nuestro organismo nos  indican cuando dormir o comer, marcan nuestras apetencias sexuales o  nuestras necesidades básicas de subsistencia). En la depresión esto se altera notablemente, bien mediante el insomnio exagerado o, por el contrario, la necesidad de dormir en exceso, como medida de “escape” de la situación, el aislamiento, como ya se ha comentado, la inapetencia para comer o comer en demasía cuando la depresión está ligada también a un trastorno de ansiedad. Es “un dejarse estar total”, el abandono de la propia persona, no asearse, ni cuidar su aspecto físico y su vestimenta ya que se carece de ganas y motivación para hacerlo, en resumen, el mayor problema de la persona deprimida es la ausencia total de ganas de “todo”. Esto, muchas veces va de la mano de una auto-agresión y desvalorización de su persona ("no valgo nada”, “hago todo mal”, “no vale la pena intentarlo, porque no me va a salir bien”, “nadie me quiere”, “no me comprenden”, “no me escuchan, ni me atienden” etc.).

La baja autoestima es común con la depresión, al igual que los arrebatos repentinos de ira y falta de placer en actividades que normalmente lo hacen feliz, entre ellas, la actividad sexual.

Es posible que los niños deprimidos no tengan los síntomas clásicos de la depresión en los adultos, sino que suelen manifestarla con otros síntomas que es especialmente importante vigilar como los cambios en su rendimiento escolar, hábitos en el sueño, estado de ánimo y comportamiento. Si se  detectan cambios de este tipo, es posible que el niño pudiera estar deprimido, por lo que es aconsejable consultarlo con un especialista para que le evalúe convenientemente.

Tipologías
Todos los diferentes tipos de depresión se caracterizan por una serie de alteraciones en el área psíquica y en la orgánica. Pueden clasificarse en:

Depresión Endógena
La depresión endógena es un trastorno de humor con el que algunas personas nacen. Muchos médicos creen que este tipo de depresión es hereditaria y piensan que puede ser incluso de origen genético.

Este tipo de depresión tiene una causa fundamentalmente biológica. No existe continuidad con la historia vital de la persona, no hay motivos para estar triste o melancólico, ni existen causas externas. Estas personas tienden a encontrarse mejor por las tarde y su patología se relaciona con el cambio de estación (hay un aumento de síntomas depresivos en primavera y otoño). Frecuentemente su iniciación y curso se asocia a ritmos biológicos.

Mucha gente puede sufrir depresión endógena sin saberlo hasta que se enfrentan a un factor estresante que desencadena una reacción. Un paciente puede experimentar una erupción en cualquier momento de su vida y a pesar de que ya están predispuestos a sufrir de depresión puede que nunca llegue a ser un problema serio. El nivel de intensidad que experimentan las personas que sufren de depresión endógena varía significativamente de leve a grave.

Este tipo de depresión es considerada como una depresión biológica, ya que es causada por un desequilibrio químico en el cerebro. La buena noticia es que es tratable con medicamentos y terapia.

La depresión endógena tiene la peculiaridad de que no puede ser un evento específico el que desencadene la depresión. Muchas veces hay hechos concretos que provocan el inicio de la depresión, pero también puede surgir de la nada.

En la mayoría de los casos de otros tipos de depresión el detonante es el resultado de una pérdida sufrida por el individuo, como la muerte de un ser querido o incluso la muerte de un ideal o creencia.

Depresión Exógena
Es un tipo de depresión causada fundamentalmente por factores ambientales externos. Es un trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo o mixto (ansiedad y ánimo depresivo). También se denomina Depresión Reactiva, pues se producen como respuesta a una pérdida, un desengaño, una tensión u otro acontecimiento externo reciente. Se supone que las depresiones sin una historia de tensión externa se deben a algún proceso biológico intrínseco o endógeno.

Los factores exógenos son inespecíficos, además, se dan diferencias intraindividuales según el momento evolutivo, influyendo la persistencia de los factores, la profundidad de la experiencia vivida y si son inesperados o no, en la depresión que producirán.

Existe una amplia literatura sobre la relación entre la tensión, la separación, la pérdida y otros acontecimientos vitales con los diversos síndromes de la Depresión Reactiva. Hay que subrayar la importancia de las causas experienciales y ambientales, ya que los acontecimientos de la vida se consideran significativos en la patogénesis de la depresión.

Existe un riesgo seis veces mayor de desarrollar una depresión en los seis meses siguientes a la aparición de acontecimientos vitales estresantes como, por ejemplo, la independencia y el abandono del hogar por parte de los hijos.

Toda la fisiología y la patología del estrés es inseparable de la emoción, de la angustia y de la depresión, sobre todo en cuanto representan los esfuerzos adaptativos del organismo para afrontar una situación de alarma.

Depresión Somatógena
Es un tipo de depresión secundaria motivada por causas físicas específicas y patologías orgánicas demostrables. También se llama Depresión Orgánica y sus causas más frecuentes son:

- Trastornos tiroideos
- Anemias
- Infecciones víricas
- Lupus
- Cáncer
- Parkinson
- Fármacos como anticonceptivos orales, corticoides, antihipertensivos, psicolépticos y otros.

De acuerdo a su intensidad se puede hablar de:

Depresión Menor
Cuando se presentan menos de 5 de los síntomas de la lista anterior durante al menos 2 semanas. La depresión menor es similar a la depresión mayor o grave, excepto que éste presenta menos síntomas que la mayor.




Depresión Mayor
Se da en el paciente que tiene uno o más episodios depresivos mayores. Si el episodio es único, el diagnóstico es trastorno depresivo mayor de episodio único, mientras si ha habido más de un episodio, se diagnostica trastorno depresivo mayor recurrente. El término depresión unipolar se opone al de depresión bipolar o trastorno maníaco-depresivo, e indica que el estado de ánimo se mantiene en un sólo polo emocional, sin existencia de períodos de manía.

Presenta 5 o más síntomas de la lista anterior durante al menos dos semanas. Tiende a continuar durante al menos 6 meses si no recibe tratamiento.

Depresión Atípica
Ocurre en aproximadamente un tercio de los pacientes con depresión. Los síntomas abarcan comer y dormir en exceso. La persona puede sentirse como si estuviera sobrecargado y se acongoja mucho por el rechazo.







Distimia
Es un trastorno afectivo de carácter depresivo crónico (durante la mayor parte del día, durante la mayor parte de los días y durante un mínimo de dos años), caracterizado por la baja autoestima y aparición de un estado de ánimo melancólico, triste y apesadumbrado, pero que no cumple con todos los patrones diagnósticos de la depresión. Aunque es más leve que la depresión, si no se recibe el tratamiento adecuado, puede durar años.


Trastorno Depresivo No Especificado
Se denomina trastorno depresivo no especificado a aquella situación en la que aparecen algunos síntomas depresivos, pero no son suficientes para el diagnóstico de alguno de los trastornos previos. Esta situación puede darse cuando existe un solapamiento de síntomas depresivos con un trastorno por ansiedad (síndrome ansioso-depresivo), en el contexto de un trastorno disfórico premenstrual o en cuadros de trastorno depresivo post-psicótico (residual) en la esquizofrenia.



Otras formas comunes de depresión son:

Depresión Posparto
Muchas mujeres se sienten algo deprimidas después de tener un bebé durante cierto tiempo, pero la verdadera depresión posparto, además de prolongarse en el  tiempo es más intensa e incluye los síntomas de la depresión mayor.









Trastorno Disfórico Premenstrual (TDP)
Síntomas depresivos que ocurren una semana antes de la menstruación y desaparecen después de menstruar.






Trastorno Afectivo Estacional (TAE)
El trastorno afectivo estacional, se caracteriza por la aparición de una enfermedad depresiva durante los meses del invierno, cuando disminuyen las horas de luz solar. La depresión generalmente desaparece durante la primavera y el verano. El trastorno afectivo estacional puede tratarse eficazmente con terapia de luz, pero aproximadamente el 50% de las personas con trastorno afectivo estacional no responden solamente a la terapia de luz. Los medicamentos antidepresivos y la psicoterapia pueden reducir los síntomas del trastorno afectivo estacional, ya sea de forma independiente o combinados con la terapia de luz.

Depresión Psicótica
Ocurre cuando una enfermedad depresiva grave está acompañada por alguna forma de psicosis, tal como ruptura con la realidad, alucinaciones y delirios.









Psicosis Maniaco-Depresiva (PMD) o Trastorno Afectivo Bipolar (TAB)
Es un trastorno caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo. Clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios concomitantes o alternantes de depresion, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología. Por lo general tiene expresión por un desequilibrio electroquímico en los neurotransmisores cerebrales.




Causas
No existe una causa única conocida de la depresión. Más bien, esta parece ser el resultado de una combinación de factores genéticos, bioquímicos, y psicológicos.

Investigaciones indican que las enfermedades depresivas son trastornos del cerebro. Las tecnologías para obtener imágenes del cerebro, tales como las imágenes por resonancia magnética, han demostrado que el cerebro de las personas con depresión se muestra diferente del de quienes no la padecen. Las áreas del cerebro responsables de la regulación del ánimo, pensamiento, apetito, y comportamiento parecen no funcionar con normalidad. Además, hay importantes neurotransmisores, sustancias químicas que las células del cerebro utilizan para comunicarse, como pueden ser la serotonina y la dopamina, parecen no estar en equilibrio. Pero estas imágenes no revelan las causas de la depresión.

El eje serotonina-dopamina parece cumplir un papel fundamental en el desarrollo de los trastornos depresivos. En este descubrimiento se funda el efecto de los modernos antidepresivos, inhibidores de la recaptación de serotonina.

El origen de la depresión es complejo, ya que en su aparición influyen factores genéticos, biológicos y psicosociales.

Hay evidencias de alteraciones de los neurotransmisores, citoquinas y hormonas que parecen modular o influir de forma importante sobre la aparición y el curso de la enfermedad. La psiconeuroinmunología ha evidenciado trastornos en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal relacionados con los neurotransmisores, así como alteraciones inmunológicas asociadas a citoquinas en el trastorno depresivo mayor (por ejemplo, se reducen el número de transportadores de serotonina en linfocitos de sangre periférica de pacientes deprimidos). Esto parece apuntar a una fuerte relación entre la serotonina y el sistema inmune en esta psicopatología. Sin embargo, es destacable que aún no se ha descubierto ninguna alteración biológica estable y común a todas las personas con depresión, es decir, ningún marcador biológico. Por esta razón se establecen otros términos que no implican "enfermedad" en su sentido más clásico, sino que se la califica de psicopatología.

Por ejemplo, la alteración en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal puede ser interpretada como un correlato biológico (correlación), pero no implica necesariamente una explicación del hipotético síndrome. La alteración funcional en el eje puede o no aparecer en una persona deprimida; antes, durante o después. La relación correlacional supone que "tener depresión" es más probable durante la alteración en dicho eje, pero esta diferencia orgánica es estadística y no sirve para diagnosticar. Es decir, no puede ser considerada un marcador biológico de enfermedad.

Algunos tipos de depresión tienden a afectar a miembros de la misma familia, lo cual sugeriría que se puede heredar una predisposición biológica. En algunas familias la depresión severa se presenta generación tras generación. Sin embargo, la depresión severa también puede afectar a personas que no tienen una historia familiar de depresión.

Las personas con poca autoestima se perciben a sí mismas y perciben al mundo en forma pesimista. Las personas con poca autoestima y que se abruman fácilmente por el estrés están predispuestas a la depresión. No se sabe con certeza si esto representa una predisposición psicológica o una etapa temprana de la enfermedad.

Desde la psicología de conducta, se entendería que la autoestima y la depresión suponen ambas descripciones de aprendizajes adquiridos, siendo la causa de la depresión principalmente social, es decir, aprendida. Por ejemplo, la evitación y el condicionamiento han demostrado tener un papel fundamental en la adquisición y mantenimiento de este problema.

En los últimos años, la investigación científica ha demostrado que algunas enfermedades físicas pueden acarrear problemas mentales. Enfermedades tales como los accidentes cerebro-vasculares, los ataques del corazón, el cáncer, la enfermedad de Parkinson y los trastornos hormonales pueden llevar a una enfermedad depresiva. La persona enferma y deprimida se siente apática y sin deseos de atender sus propias necesidades físicas, lo cual prolonga el período de recuperación. La pérdida de un ser querido, los problemas en una o en muchas de sus relaciones interpersonales, los problemas económicos o cualquier situación estresante en la vida (situaciones deseadas o no deseadas) también pueden precipitar un episodio depresivo.

Las causas de los trastornos depresivos generalmente incluyen una combinación de factores genéticos, psicológicos y ambientales. Después del episodio inicial, otros episodios depresivos casi siempre son desencadenados por un estrés leve e incluso pueden ocurrir sin que haya una situación de estrés.

En todo caso, la depresión es descrita desde la medicina con una serie de síntomas. Así, cualquier problema psicológico que cumpla esos criterios pudiera ser diagnosticable como depresión. Ya sea un problema de neurodegeneración, ya sea aprendida, en todos los casos se hablaría del síndrome. Si bien, el diagnóstico médico debe indicar si es de origen neuroanatómico, hormonal o psicológico.

Un informe de Psychology Today sobre la búsqueda del origen genético de la depresión afirma: “Los datos epidemiológicos disponibles sobre las principales enfermedades mentales dejan claro que las causas no son únicamente genéticas”. El informe da el siguiente ejemplo: “De los estadounidenses nacidos antes de 1905, el 1% padecía depresión a los 75 años de edad. De los que nacieron medio siglo después, un 6% padecía depresión a los 24 años de edad”. De ahí que el estudio concluya que un cambio tan espectacular en un espacio de tiempo tan breve sólo puede deberse a factores externos o sociales.

Muchos investigadores creen que es causada por cambios químicos en el cerebro. Esto puede deberse a problemas con los genes o se puede desencadenar por ciertos eventos estresantes. Aunque también es factible que se trate de una combinación de ambos.

Algunos tipos de depresión se transmiten de padres a hijos de forma hereditaria, pero ésta también se puede presentar en personas que no tienen antecedentes familiares de la enfermedad y puede ser provocada por comportamientos aprendidos en el hogar o una combinación de ambos factores, de forma que si por genética un persona es más propensa a presentar depresión, un hecho estresante o infeliz en su vida generalmente desencadenará con mayor facilidad un cuadro depresivo en ella. De todos modos, cualquier persona es susceptible de padecerla, incluso en el caso de los niños.

Enfermedades que Coexisten con la Depresión
La depresión a menudo coexiste con otras enfermedades. Tales enfermedades pueden presentarse antes de la depresión, causarla y/ o ser el resultado de ésta. Es probable que la mecánica detrás de este cruce entre la depresión y otras enfermedades difiera según las personas y las situaciones. No obstante, las enfermedades concurrentes deben ser diagnosticadas y tratadas.

Los trastornos de ansiedad, tales como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el trastorno de pánico, la fobia social, y el trastorno de ansiedad generalizada, acompañan frecuentemente a la depresión. Las personas que padecen trastorno de estrés postraumático están especialmente predispuestas a tener depresión concurrente. El trastorno de estrés postraumático es una enfermedad debilitante que puede aparecer como resultado de una experiencia aterradora o muy difícil, como abusos en la infancia, un ataque violento, un desastre natural, un accidente, un ataque terrorista o un combate militar.

Las personas con trastorno de estrés postraumático a menudo reviven el suceso traumático con escenas retrospectivas (retroceso al pasado), recuerdos, o pesadillas. Otros síntomas incluyen irritabilidad, arrebatos de ira, profundo sentimiento de culpa y evasión de pensamientos o conversaciones sobre la experiencia traumática. En un estudio financiado por el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH por sus siglas en inglés), investigadores descubrieron que más del 40 % de las personas con trastorno de estrés postraumático también sufrieron de depresión en intervalos de uno y cuatro meses tras la experiencia traumática.

El abuso o la dependencia del alcohol o de otras sustancias también pueden ser coexistentes con la depresión. De hecho, diferentes investigaciones han indicado que la coexistencia de trastornos del ánimo y la adicción a sustancias son dominantes entre la población de los Estados Unidos.

La depresión a menudo coexiste con otras condiciones médicas como enfermedad cardiaca, derrame cerebral, cáncer, VIH/ SIDA, diabetes y la enfermedad de Parkinson. Otros estudios han demostrado que las personas que padecen depresión, además de otras enfermedades médicas graves, tienden a presentar síntomas más graves, tanto de la depresión, como de las enfermedades médicas, a adaptarse con mayor dificultad a su condición médica y a tener que afrontar costos médicos más altos que aquellas que no tienen depresión coexistente. Investigaciones han obtenido una cantidad creciente de evidencia de que tratar la depresión también puede ayudar a mejorar la evolución de la enfermedad concurrente.

Epidemiología


Las cifras de prevalencia de la depresión varían dependiendo de los estudios, en función de la inclusión tan sólo de trastornos depresivos mayores o de otros tipos de trastornos depresivos. En general, se suelen recoger cifras de prevalencia en países occidentales de aproximadamente de un 3 % en la población general y, para el trastorno depresivo mayor, una incidencia anual del 1 al 2 por mil.

Todos los estudios coinciden en que la prevalencia es casi el doble en la mujer que en el hombre, y que algunos factores estresantes vitales, como el nacimiento de un hijo, las crisis de pareja, el abuso de sustancias tóxicas (principalmente alcohol) o la presencia de una enfermedad orgánica crónica se asocian con un riesgo incrementado de desarrollar un trastorno depresivo mayor. En cuanto a la asociación familiar debida a factores genéticos, la existencia de un pariente de primer grado con antecedentes de trastorno depresivo mayor aumenta el riesgo entre 1,5 y 3 veces frente a la población general.

La depresión es un síntoma muy común entre la población y aparece con mayor frecuencia en las mujeres (entre un 10 y un 15%). La probabilidad de depresión en los hombres es menor (entre el 5 y el 12%). Puede surgir a cualquier edad, aunque suelen aparecer los síntomas entre los 20 y 50 años, lo cual no significa que no la puedan parecer también los niños y también es frecuente durante los años de la adolescencia.

La depresión posparto es un trastorno depresivo que puede afectar a las mujeres después del nacimiento de un hijo. Está ampliamente considerada como tratable. Los estudios muestran entre un 5 y un 25 por ciento de prevalencia, pero las diferencias metodológicas de esos estudios hacen que la verdadera tasa de prevalencia no esté clara.

Su prevalencia en la infancia es del 1 al 2 % y en la adolescencia del 4 al 5 %.

La Depresión en la Infancia y la Adolescencia
La existencia de trastornos depresivos en la infancia comenzó a abordarse en la literatura médica y a reconocer a partir de la década de los años setenta. El diagnóstico se acoge a los mismos criterios que en el caso de los adultos, aunque la sintomatología puede ser algo más confusa.

El niño deprimido puede simular estar enfermo, rehusar a ir a la escuela, jugar menos o dejar de hacerlo, expresar el deseo de no querer separarse de los padres o tener miedo de que uno de los padres se muera. En la primera infancia pueden desarrollar síntomas atípicos como somatizaciones difusas, trastornos alimenticios, enuresis, etc.

Antes de la pubertad, los niños y las niñas tienen las mismas probabilidades de sufrir trastornos de depresión. Sin embargo, a los 15 años, las mujeres tienen el doble de probabilidad que los hombres de haber padecido un episodio de depresión grave.

El adolescente puede expresar mal humor, implicarse en problemas en la escuela, disminuir el rendimiento escolar, presentar conductas desafiantes, ser negativo, presentar brotes de irritabilidad y sentirse incomprendido. En ocasiones expresa el trastorno anímico con el desarrollo de conductas de riesgo (consumo de sustancias psicotrópicas, comportamientos parasuicidas, etc.).

La depresión en los adolescentes se presenta en un momento de grandes cambios personales, cuando hombres y mujeres están definiendo una identidad distinta a la de sus padres, lidiando con asuntos de género y su sexualidad emergente, y tomando decisiones por primera vez en sus vidas. La depresión en la adolescencia a menudo coexiste con otros trastornos tales como ansiedad, comportamiento perturbador, trastornos alimenticios o abuso de sustancias. También puede conducir a un aumento en el riesgo de suicidio.

Dado que los comportamientos normales varían de una etapa de la niñez a la otra, es a veces difícil establecer si un niño está simplemente pasando por una fase de su desarrollo o si está verdaderamente padeciendo de depresión. A veces, el niño tiene un cambio de comportamiento notorio que preocupa a los padres y profesores manifestando que el "niño no parece ser el mismo". En esos casos puede sospecharse un trastorno depresivo.

Científicos y médicos han mostrado que la depresión en la niñez a menudo persiste, recurre y se prolonga en la vida adulta, especialmente, si no se recibe tratamiento. La presencia de la depresión en la niñez también tiende a predecir enfermedades más graves en la edad adulta.

El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH) ha identificado el uso de medicamentos para la depresión en niños como un área importante de investigación. Las Unidades de Investigación en Psicofarmacología Pediátrica (Research Units on Pediatric Psychopharmacology, RUPP), respaldadas y financiadas por el NIMH, conforman una red de siete centros de investigación donde se llevan a cabo estudios clínicos. Éstos investigan la eficacia de medicamentos usados para tratar varios trastornos mentales en niños y adolescentes. Entre los medicamentos en estudio, se cuentan algunos antidepresivos que han demostrado ser efectivos en el tratamiento de niños con depresión. No obstante, los estudios controlados referidos al tratamiento farmacológico de la depresión infantil son escasos y sus resultados, en general, ambiguos y, en muchos casos, polémicos.

La Depresión en la Mujer
Las hormonas sexuales femeninas parecen modular de alguna manera el desarrollo y la gravedad de los cuadros depresivos.

Quizás factores hormonales podrían contribuir a la tasa más alta de depresión en la mujer. Otra explicación posible se basa en el contexto social que viven las mujeres, relativas al género.

En particular, en relación con los cambios del ciclo menstrual, el embarazo, el aborto, el período de posparto, la premenopausia y la menopausia. Las hormonas sexuales femeninas (estrógenos y progesterona), debido a una existencia de menores niveles de estrógenos, parecen desempeñar, por tanto,  un papel importante en las causas de la depresión en la mujer.

Por otro lado, el "sexismo" con su consecuente estrés, la falta de recursos económicos y determinados valores socio-culturales, así como más problemas psicológicos, se relacionan con una menor autoestima en las mujeres, lo cual favorece la aparición de la depresión.


Finalmente, muchas mujeres enfrentan el estrés adicional del trabajo y de las responsabilidades del hogar, cuidado de los hijos y padres ancianos, maltrato, pobreza y tensiones de las relaciones. Aún no está claro por qué algunas mujeres que enfrentan desafíos inmensos padecen de depresión, mientras que otras con desafíos similares no la padecen.

Un estudio reciente del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH) demostró que las mujeres que presentaban predisposición a padecer el síndrome premenstrual (SPM) grave se alivian de sus síntomas físicos y anímicos (por ejemplo, de la depresión) cuando se les suprimen sus hormonas sexuales a través de un tratamiento farmacológico. Si ese tratamiento se interrumpe, las hormonas se reactivan y, al poco tiempo, los síntomas vuelven. Por otro lado, a las mujeres sin SPM, la supresión temporal de las hormonas no les produce ningún efecto.

En recientes estudios se ha demostrado una asociación entre la aparición de depresión en mujeres de edad avanzada y un aumento de la mortalidad (por diferentes causas, principalmente por accidentes vasculares cerebrales).

La Depresión en el Hombre
Los hombres experimentan la depresión de manera distinta que las mujeres y pueden enfrentar los síntomas de diferentes modos. Los hombres tienden más a reconocer que sienten fatiga, irritabilidad, pérdida de interés en las actividades que antes resultaban placenteras y que tienen el sueño alterado, mientras que las mujeres tienden más a admitir sentimientos de tristeza, inutilidad, o culpa excesiva.


Los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de acudir al alcohol o a las drogas cuando están deprimidos, frustrados, desalentados, irritados, enojados o, a veces, con comportamientos violentos y abusivos. Algunos hombres se vuelcan en el trabajo para evitar hablar acerca de su depresión con la familia o amigos o comienzan a mostrar un comportamiento imprudente o riesgoso.

Aunque la prevalencia global es inferior entre los varones, la tasa de suicidio consumado en ellos es cuatro veces más alta que en las mujeres. Sin embargo, los intentos de suicidio son más comunes en la mujer que en el hombre. A partir de los 70 años de edad, la tasa de suicidio en el hombre aumenta, alcanzando el nivel máximo después de los 85 años.

La depresión también puede afectar la salud física del hombre, aunque en una forma diferente a la de la mujer. Algunos estudios indican que la depresión se asocia con un riesgo elevado de enfermedad coronaria en ambos sexos. Sin embargo, sólo en el varón se eleva la tasa de mortalidad debida a una enfermedad coronaria que se da junto con un trastorno depresivo.

La Depresión en la Vejez
El pintor holandés Vincent van Gogh, aquejado de un grave trastorno mental (quizá un tipo de psicosis que incluía estados de fuerte depresión) pintó en 1890 el óleo "En el Umbral de la Eternidad" que representa a un anciano en un estado de desesperación que puede poner de manifiesto el estado depresivo de la vejez.

La depresión no es algo normal del envejecimiento y existen estudios que muestran que la mayoría de los ancianos se sienten satisfechos con sus vidas a pesar del aumento de dolores físicos. Sin embargo, cuando la depresión se presenta en ancianos, puede ser pasada por alto porque ellos pueden mostrar síntomas menos evidentes y porque pueden estar menos propensos a sufrir o reconocer sentimientos de tristeza o pena.

Además, los ancianos pueden tener más condiciones médicas tales como enfermedad cardiaca, derrame cerebral, o cáncer, las cuales pueden provocar síntomas de depresión, o pueden estar tomando medicamentos cuyos efectos secundarios contribuyen a la depresión. Algunos adultos mayores pueden padecer lo que algunos médicos llaman depresión vascular, también llamada depresión arterioesclerótica o depresión isquémica subcortical. La depresión vascular puede suceder cuando los vasos sanguíneos pierden flexibilidad y se endurecen con el tiempo y se contraen. Este endurecimiento de los vasos evita que el flujo normal sanguíneo llegue a los órganos del cuerpo, incluyendo el cerebro. Las personas con depresión vascular pueden tener o estar en riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular o derrame cerebral coexistente.

Aunque muchas personas suponen que las tasas más altas de suicidio se dan entre los jóvenes, en realidad se dan entre los hombres blancos mayores de 85 años. Muchos sufren una enfermedad depresiva que los médicos no pueden detectar, a pesar del hecho de que estas víctimas de suicidio a menudo visitan a su médico dentro del mes anterior a su muerte.

El inicio clínico de la depresión en el anciano puede cursar con una pobre alteración del estado de ánimo. Incluso puede aparecer enmascarada con otros síntomas principales, tales como la pérdida de apetito, alteraciones de la memoria, insomnio, síntomas somáticos, ansiedad o irascibilidad. Puede simular un cuadro de demencia senil, hablándose entonces de pseudodemencia depresiva.

Cuando un anciano se deprime, a veces, su depresión se considera erróneamente un aspecto natural de esa etapa de la vida. La depresión en los ancianos, si no se diagnostica, ni se trata, provoca un sufrimiento innecesario para el anciano y para su familia. Únicamente cuando la persona de edad avanzada acude al médico es cuando describe sus síntomas físicos. Esto ocurre porque el anciano puede mostrarse reacio a hablar de su desesperanza y tristeza. La persona anciana puede no querer hablar de su falta de interés en las actividades normalmente placenteras, o de su pena después de la muerte de un ser querido, incluso cuando el duelo se prolonga por mucho tiempo.

Las depresiones subyacentes en los ancianos son cada vez más identificadas y tratadas por los profesionales de la salud. Los profesionales van reconociendo que los síntomas depresivos en los ancianos se pueden pasar por alto fácilmente. También los profesionales detectan mejor los síntomas depresivos que se deben a efectos secundarios de medicamentos que el anciano está tomando o debido a una enfermedad física concomitante. Si se elabora el diagnóstico de depresión, el tratamiento con medicamentos o psicoterapia ayuda a que la persona deprimida recupere su capacidad para tener una vida feliz y satisfactoria. La investigación científica reciente indica que la psicoterapia breve (terapia a través de charlas que ayudan a la persona en sus relaciones cotidianas y ayudan a aprender a combatir los pensamientos distorsionados negativamente que generalmente acompañan a la depresión) es efectiva para reducir a corto plazo los síntomas de la depresión en personas mayores. La psicoterapia también es útil cuando los pacientes ancianos no pueden o no quieren tomar medicamentos. Estudios realizados acerca de la eficacia de la psicoterapia demuestran que la depresión en la vejez puede tratarse eficazmente con psicoterapia.

Factores de Riesgo
Existe una predisposición genética a experimentar estos trastornos afectivos, ya que el índice de prevalencia entre los familiares de los pacientes es dos o tres veces superior, especialmente en parientes de primer grado. La prevalencia de trastornos depresivos es mayor en gemelos monocigóticos (idénticos) que en dicigóticos. Hay datos epidemiológicos que muestran que los gemelos idénticos tienen ambos, muy frecuentemente, depresión; en menor grado, pero también es frecuente que gemelos que no se parecen, se enfermen de depresión, más frecuentemente que el resto de sus hermanos o sus padres. Finalmente los familiares de primer grado de un enfermo deprimido (hermanos, padres y abuelos) presentan cuadros de depresión mas frecuentemente que el resto de la población. Lo anterior ha llevado a la búsqueda del gen o genes de la depresión.

Cada individuo posee un patrón genético, evolutivo, ambiental, social, personal y fisiológico que lo predispone o lo protege frente a la depresión en cualquier momento de su vida.

También se ha demostrado que las personas con este trastorno poseen un déficit en la mayoría de los neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina. Es en este aspecto donde se basa el tratamiento farmacológico de la depresión.

Por otro lado, hay una mayor tendencia femenina a presentar ansiedad y depresión asociada a síntomas de tipo somático por consideraciones endocrinológicas, como una más alta frecuencia de trastornos afectivos en períodos premenstruales, en los postpartos y en las pre y post menopausias.

Los trastornos afectivos de los ciclos reproductivos están relacionados con las hormonas reproductivas y la susceptibilidad a sus variaciones.

No hemos de olvidar todos los factores psicosociales que rodean a la persona con el ánimo melancólico y que pueden haber precipitado su enfermedad, como los acontecimientos vitales: pérdida de un ser querido, desempleo, escasa relación interpersonal, frustración, etc.

Son muchos los factores que pueden causarla, como:

- Alcoholismo o drogadicción.
- Afecciones y tratamientos médicos, como ciertos tipos de cáncer, dolor prolongado, problemas para dormir, medicamentos esteroides, hipotiroidismo (baja actividad de la tiroides).
- Situaciones o hechos estresantes en la vida, como abuso, maltrato, rechazo, ruptura de relaciones afectivas y sentimentales, divorcio (en los miembros de la pareja e incluso en sus hijos), ciertos tipos de cáncer, fallecimiento de allegados, problemas en los estudios, enfermedad grave de un familiar, así como la situación de dependencia de éste, problemas laborales y pérdida del puesto de trabajo, aislamiento social (causa común de depresión en los ancianos).


Evaluación Diagnóstica
La depresión, aun en los casos más graves, es un trastorno altamente tratable. Al igual que con muchas enfermedades, mientras más pronto se pueda comenzar el tratamiento, más efectivo será y las probabilidades de prevenir una repetición también serán mayores.

Una depresión aguda no incapacita totalmente para buscar salidas, porque cualquier persona, incluso la más afectada, puede buscar ayuda externa si ve que ella sola no encuentra el camino para salir del dolor y sufrimiento que provoca esta enfermedad. Pero para ello es fundamental que ella tenga la convicción de querer salir a flote, con paciencia y esfuerzo por su parte, atreviéndose a buscar nuevos caminos y alternativas para resolverla, ya que será un bien para sí misma y para todo su entorno: familiar, laboral, social, etc. Por ello, es muy importante que se pida ayuda a tiempo, la depresión es una enfermedad que va en aumento y con un detrimento de la persona muy grande, es invalidante, desde lo personal hasta lo social (aislamiento, falta de relaciones sociales, sentimiento de no aceptación, baja autoestima),  y, si se prolonga en el tiempo y se agudiza, incluso puede desembocar en el suicido.

Tampoco hay que olvidar que con la depresión no sólo la sufre la persona enferma, sino que, junto a ella, afecta a todo su entorno familiar y al deterioro de las relaciones afectiva. Con tiempo, esfuerzo y, fundamentalmente, con ayuda profesional se puede salir del estado depresivo. Cuando se presentan, durante dos o más semanas, los síntomas comentados anteriormente, habría que ponerse en contacto con el médico u otros profesionales de la salud antes de que los síntomas empeoren.

Muchas personas que padecen los síntomas antes mencionados y que desconocen la razón por la que se sienten así, dudan sobre la posibilidad de consultar con un especialista. Pues bien, se debe consultar con el médico ante las siguientes situaciones:
- Ideas suicidas o riesgo directo de suicido.
- Escuchas voces que no existen.
- Llorar con frecuencia sin una causa aparente.
- La depresión ha afectado a la vida laboral, escolar o familiar por más de dos semanas.
- Se presentan tres o más síntomas de depresión.
- Se piensa que uno de los medicamentos que está tomando actualmente puede estar causándole depresión. Sin embargo, no se debe cambiar, ni suspender la medicación prescrita por el médico sin antes consultarlo con él personalmente.
- Se considera que se debe reducir el consumo de alcohol, un miembro de la familia, o bien un amigo le ha pedido que lo haga, se siente culpable con relación a la cantidad de alcohol que consume o el alcohol es lo primero que consume en la mañana.
- Misma situación que la anterior pero en el caso de consumo de drogas.

El primer paso para obtener el tratamiento adecuado es visitar a un médico. Ciertos medicamentos y condiciones médicas, tales como virus o trastornos de tiroides, pueden provocar los mismos síntomas que la depresión. Un médico puede descartar estas posibilidades por medio de un examen físico, una entrevista, y pruebas de laboratorio. Si el médico puede descartar una condición médica como la causa, él o ella debe llevar a cabo una evaluación psicológica o referir al paciente a un profesional de la salud mental.

Una vez que se acude al médico, éste averiguará si realmente se padece depresión y en qué grado (leve, moderada o grave) y buscará su causa por medio de la historia clínica del paciente, un examen físico para descartar otras afecciones médicas con síntomas similares a los de la depresión. También solicitará una entrevista en salud mental o psiquiatría. En caso de existir riesgo de suicidio, es muy posible que recomiende un período de hospitalización en un centro especializado para el tratamiento.

El diagnóstico de la depresión es clínico. Deben descartarse, en primer lugar, causas orgánicas, farmacológicas o tóxicas compatibles con un cuadro similar al de un trastorno depresivo, pero es en último término la entrevista clínica la que ofrece los datos necesarios para el diagnóstico, cuando se cumplen los criterios establecidos más arriba.

Una buena evaluación diagnóstica debe incluir una historia médica completa: cuándo comenzaron los síntomas, cuánto han durado, su gravedad, si el paciente los ha tenido antes, si los síntomas fueron tratados anteriormente y el tratamiento que se recibió, etc. Quien diagnostique también debe preguntar acerca del uso de alcohol y drogas, y si el paciente tiene pensamientos de muerte o suicidio. Además, la entrevista debe incluir preguntas sobre otros miembros de la familia: si algún pariente ha tenido depresión y, si fue tratado, qué tratamientos recibió y cuáles resultaron efectivos.

Actualmente tienen competencias en este diagnóstico los psiquiatras (licenciados en medicina, especializados en psiquiatría), psicólogos clínicos (licenciado o grado en psicología, especializado en psicología clínica) y en España, según el sistema universitario previo a los grados, también tienen competencias en ello los licenciados en psicología.

Existen también varios cuestionarios estandarizados que pueden ayudar a discriminar si existe o no un trastorno depresivo: como la Escala de Depresión de Yesavage, la Escala de Depresión de Zung, el Inventario de Depresión de Beck, el Test de Depresión de Goldberg o el Test de Depresión de Hamilton. Algún estudio ha evaluado incluso la eficacia de dos simples preguntas para un diagnóstico rápido de elevada fiabilidad.

Desde la terapia de la conducta el objetivo del diagnóstico está en realizar una evaluación individual, cuyo datos permitirán el diseño individual de tratamiento y controlar dicho proceso. Los cuestionarios no serían usados para comparar distintos sujetos o para comprobar si alcanza una determinada puntuación, sino que permiten comparar la puntuación antes y después del tratamiento, como una medida de control sobre las variables psicológicas en cuestión.

El paciente debe sentirse con libertad para hablar abiertamente con el médico acerca de los asuntos y hechos que pueden estar ocasionando los síntomas de la depresión, ya que éstos le ayudarán a la realización del diagnóstico correcto. Así, el médico se centrará, posiblemente en aspectos como el estado de ánimo y otros síntomas como sueño, apetito, concentración, nivel de energía, posibles factores estresantes y los sistemas de apoyo y en qué circunstancias y lugares se producen, se ha tenido pensamientos respecto a poner fin a los problemas mediante el suicidio, posible consumo de alcohol, drogas y cualquier médicamente que se esté tomando actualmente.

Tratamiento
La depresión es una enfermedad común pero grave, por ello, la mayor parte de quienes la padecen necesitan tratamiento para mejorar.

Independientemente de que se llegue a un diagnóstico exacto del tipo de trastorno depresivo, si la situación anímica supone una limitación en las actividades habituales del paciente o una disminución de su capacidad funcional en cualquiera de sus esferas (social, laboral, etc.), se considera adecuada la instauración de un tratamiento. El fin del tratamiento es el de mejorar la situación anímica, así como restaurar un adecuado funcionamiento de las capacidades socio-laborales y mejorar, en general, la calidad de vida del paciente, disminuyendo la morbilidad y mortalidad, evitando en lo posible las recaídas.

La selección del tratamiento dependerá del resultado de la evaluación. Existe una gran variedad de medicamentos antidepresivos y psicoterapias que se pueden utilizar para tratar los trastornos depresivos.

Los psiquiatras tienen competencias en recetar medicamentos. Los psicólogos tienen competencias en psicoterapia u otras formas de intervención psicoterapeuta desde la modificación de conducta y terapia de conducta. En ambos casos, dependerá del diagnóstico del paciente, según el modelo médico y de la gravedad de los síntomas.

Según la revista científica Psicothema, que realizó una revisión en el año 2001, concluyó que tan sólo en el trastorno bipolar y esquizofrenia resultaba mejor tratamiento el farmacológico que el psicológico. Es decir, para el resto de trastornos revisados en este artículo algunas psicoterapias muestran experimentalmente mejores resultados que el psicofarmacológico, aunque no existen datos contrastados respecto a la combinación de ambos tratamientos.

El tratamiento dependerá de los síntomas y tomará tiempo sentirse mejor, pero generalmente habrá mejorías día tras día. Para la depresión leve, la asesoría y las medidas de cuidados personales sin medicamentos pueden ser suficientes. Con una depresión de moderada a grave, el plan de tratamiento más efectivo involucrará una combinación de psicoterapia, cambios en el estilo de vida y medicación con antidepresivo y tal vez con ansiolíticos.

Cuidados Personales
Además, con independencia del tipo y gravedad de la depresión, así como de la atención profesional especializada, las siguientes medidas de cuidados personales pueden ayudar a mejorar el estado del enfermo:
- Procurar dormir bien, para lo cual se recomienda mantener unos horarios constantes que favorezcan la regulación de los ciclos de sueño.
- Consumir una alimentación nutritiva y saludable, aunque sea sin apetito y, en los casos en los que el apetito es desmedido, procurar controlar la ingestión excesiva de alimentos.
- Hacer ejercicio físico regularmente.
- Evitar el consumo de alcohol y drogas psicoactivas.
- Involucrarse en actividades que aporten satisfacción personal.
- Pasar el tiempo con familiares y amigos.
- En función de las creencias religiosas o espirituales, hablar con consejeros espirituales y participar activamente en sus ritos.

- Contemplar la posibilidad de realizar meditación, tai chi y otros métodos de relajación física y emocional.
- Agregar ácidos grasos Omega-3 a la dieta, los cuales se pueden obtener en suplementos de venta libre o consumiendo pescado como atún, salmón o caballa.
- Salir al exterior, no aislarse en el domicilio, creándose el hábito del paseo, estar en contacto con la naturaleza y, por su aporte de vitamina E, es muy recomendable tomar el sol con moderación y protección solar siempre que ésta sea necesaria.
- Fototerapia usando una lámpara especial que es similar a la luz del sol, si la depresión ocurre durante los meses de otoño o invierno.
- Medicación con antidepresivos.
- Terapia psicológica (psicoterapia).

Tratamiento Farmacológico: Antidepresivos
Los medicamentos empleados para tratar la depresión se denominan antidepresivos. El tratamiento con antidepresivos es el único que ha demostrado una evidencia significativa de efectividad en depresiones mayores (graves) y en depresiones psicóticas (solos o en combinación con psicoterapia - recuérdese que "grave" refiere a un diagnóstico clínico, no al uso coloquial del término-). Para el resto de depresiones, la psicoterapia se ha mostrado más eficaz que el tratamiento farmacológico. De hecho, cuando determinados problemas personales como aislamiento, falta de apoyo, déficit de habilidades sociales, determinadas creencias... están relacionadas con la depresión, su tratamiento con antidepresivos tiene una alta tasa de recaída a los pocos años.

Los antidepresivos normalizan las sustancias químicas naturales del cerebro llamadas neurotransmisores, principalmente la serotonina y la norepinefrina. Otros antidepresivos normalizan el neurotransmisor dopamina. Los científicos que estudian la depresión han descubierto que estas sustancias químicas en particular participan en la regulación de los estados de ánimo, pero no están seguros de cómo funcionan exactamente.

No se han evidenciado diferencias entre la eficacia de los diferentes tipos de antidepresivos, cuyas principales diferencias estriban más en el tipo de efectos secundarios que pueden provocar. En general, los pacientes presentan mejor tolerancia a los modernos inhibidores selectivos de recaptación de serotonina que los clásicos antidepresivos tricíclicos y heterocíclicos.

La decisión de emplear uno u otro se basa en criterios como la buena respuesta a un fármaco determinado en episodios previos o en familiares de primer grado, la tolerancia a los posibles efectos secundarios, las interacciones posibles con el tratamiento habitual del paciente, el precio o la existencia de alguna contraindicación relativa o por la presencia de otra enfermedad.

Hay que tener en cuenta que el efecto antidepresivo tarda unas dos semanas en aparecer, aumentando progresivamente hasta su pico de máxima eficacia en torno a los dos meses. Aún no es conocido del todo porqué tarda este período.

Los principales grupos de fármacos antidepresivos son los antidepresivos tricíclicos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la enzima monoamino-oxidasa (IMAO), aunque se están incorporando nuevos grupos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina (como la venlafaxina) o los inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina (reboxetina). En mayor o menor grado, todos ellos pueden presentar algunos efectos secundarios, principalmente sequedad de boca, estreñimiento, mareos, náuseas, insomnio o cefalea, siendo los de las últimas generaciones los mejor tolerados. A continuación se detallan los más comunes:

- Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS). Entre ellos se encuentran Fluoxetina (Prozac), Sertralina (Zoloft), Paroxetina (Paxil), Fluvoxamina (Luvox), Cetalopram (Celexa) y Escitalopram (Lexapro).

- Los inhibidores de la recaptación de la norepinefrina (IRSN). Entre ellos se encuentran Desvenlafaxina (Pristiq), Venlafaxina (Effexor) y Duloxetina (Cymbalta).


Otros medicamentos utilizados para tratar la depresión comprenden:
- Antidepresivos tricíclicos (Tryptizol).
- Bupropión (Wellbutrin).
- Inhibidores de la monoaminoxidasa (Marplan).

Recientemente se han publicado resultados que hacen pensar que la fluoxetina (Prozac) no es en realidad un medicamento tan efectivo contra la depresión como se había anunciado y creído, debido a lo que parece haber sido una manipulación comercial de los datos científicos presentados inicialmente.


Hay que tener en cuenta que este tipo de fármacos
se dispensan exclusivamente en farmacias y siempre con receta médica.

Las personas que tomen inhibidores de la monoaminooxidasa deben atenerse a significativas restricciones alimenticias y medicinales para evitar posibles interacciones graves, debido a que pueden tener efectos secundarios severos. Deben evitar ciertos alimentos que contienen niveles altos de la sustancia tiramina, la cual está presente en muchos quesos, vinos y pepinillos, así como en algunos medicamentos descongestivos. Los inhibidores de la monoaminooxidasa interactúan con la tiramina de tal forma que pueden causar un aumento agudo en la presión arterial, lo cual podría llevar a un derrame cerebral. El médico debe proporcionarle al paciente que tome inhibidores de la monoamino oxidasa una lista completa de los alimentos, medicamentos y sustancias prohibidas.

El tratamiento con antidepresivos debe mantenerse durante seis a doce meses, para evitar el riesgo de recaídas, aunque el efecto completo puede conseguirse al mes del inicio del tratamiento. Hay que tener en cuenta que la causa más frecuente de respuesta terapéutica débil es una mala cumplimentación del tratamiento indicado (abandonos, olvidos, etc.). En torno al 25 % de los pacientes abandonan el tratamiento en el primer mes, un 44 % en el primer trimestre y un 60 % de los pacientes dentro de los seis meses iniciales.


Con cualquier clase de antidepresivo, los pacientes deben tomar dosis regulares durante al menos tres a cuatro semanas antes de poder experimentar un efecto terapéutico completo. Deben continuar con los medicamentos durante el tiempo especificado por su médico, aunque se sienta mejor, para de esta manera evitar una recaída de la depresión. Los medicamentos únicamente deben interrumpirse bajo supervisión médica. Algunos medicamentos deben dejarse de tomar gradualmente a fin de darle al organismo tiempo para ajustarse. Aunque, directamente, los antidepresivos no crean hábito ni son adictivos, el dejar de tomarlos repentinamente pueden provocar "síndrome de abstinencia" o una recaída. Algunos personas, tales como aquellas que sufren depresión crónica o recurrente, pueden necesitar medicamentos por tiempo indefinido.

Si con el tratamiento con antidepresivos y con psicoterapia no se siente mejoría, puede deberse a una depresión resistente al tratamiento, para la cual, los médicos especialistas, a menudo,  suelen recetar  dosis más altas de antidepresivos o de una combinación de medicamentos. El litio, otros estabilizadores del estado de ánimo y los suplementos hormonales de la tiroides también pueden ayudar a que los antidepresivos funcionen mejor.

También es probable que el médico recete una combinación de antidepresivos y ansiolíticos para reducir la posible ansiedad y o estrés que puede sufrir el paciente conjuntamente a los síntomas de depresión.

Si se tienen delirios o alucinaciones, el médico puede recetar medicamentos adicionales.

El tratamiento con antidepresivos está totalmente desaconsejado en mujeres que estén embarazadas o pensando en quedar en estado, puesto que pueden afectar directamente al feto.

A los niños, adolescentes y adultos jóvenes se les debe vigilar muy de cerca en busca de comportamiento suicida, especialmente durante los primeros meses de comenzar el tratamiento farmacológico.

Para las personas que tienen episodios repetitivos de depresión puede ser necesario el tratamiento rápido y continuo para prevenir una depresión prolongada y más intensa. Algunas veces, las personas deberán tomar medicamentos por largos períodos.

Además, si un medicamento no funciona, el paciente debe estar dispuesto a probar otro.

Algunas veces se utilizan estimulantes, medicamentos para la ansiedad, u otros medicamentos en combinación con un antidepresivo, especialmente si el paciente padece un trastorno mental o físico coexistente. Sin embargo, ni los medicamentos para la ansiedad ni los estimulantes son efectivos contra la depresión si se toman solos y ambos deben tomarse únicamente bajo estrecha supervisión médica.

Efectos Secundarios. Los antidepresivos pueden causar efectos secundarios leves y a menudo temporales en algunas personas, pero, por lo general, no son duraderos. Sin embargo, cualquier reacción inusual o efecto secundario que interfiera con el desempeño normal debe ser inmediatamente comunicado al médico.

Los efectos secundarios más comunes asociados con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina incluyen:

- Dolor de cabeza. Generalmente es temporal y pasajero.
- Náuseas. Temporales y generalmente de breve duración.
- Insomnio y nerviosismo (dificultad para dormir o despertar con frecuencia durante la noche). Pueden ocurrir durante las primeras semanas pero, a menudo, disminuyen con el tiempo o con la reducción de la dosis.
- Inquietud (sensación de ansiedad y nerviosismo).
- Problemas sexuales. Tanto hombres como mujeres pueden experimentar problemas sexuales que incluyen disminución del deseo sexual, disfunción eréctil, eyaculación retardada, o anorgasmia (incapacidad de tener un orgasmo).

Los antidepresivos tricíclicos también pueden causar algunos de los siguientes efectos secundarios:
- Sequedad de boca. Para reducir este efecto, se debe beber mucha agua, masticar chicle y cepillarse los dientes con frecuencia.
- Estreñimiento. Para aliviarlo, puede ayudar ingerir cereales con fibra, pasas, frutas y verduras.
- Problemas de vejiga. Puede haber dificultad para vaciar la vejiga y el chorro de orina puede ser más débil que de costumbre. Es posible que los hombres mayores que sufren agrandamiento de la próstata resulten más afectados. Se debe informar al médico de inmediato si siente dolor al orinar.
- Problemas sexuales. Puede variar el desempeño sexual y los efectos secundarios son similares a los de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
- Visión borrosa. A menudo desaparece rápidamente y no será necesario el uso de lentes correctivos.
- Somnolencia durante el día- Generalmente desaparece rápidamente, pero se debe evitar conducir u operar maquinaria pesada mientras persista esta sensación. Los antidepresivos con mayor efecto sedante generalmente se toman por la noche para ayudar a dormir y evitar la somnolencia durante el día.


Ante cualquier efecto secundario que resulte inusual y no se recoja en el prospecto del fármaco, se debe informar de inmediato al médico.

A pesar de que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y otros antidepresivos son relativamente seguros y populares, algunos estudios han demostrado que pueden causar efectos no deseados en algunas personas, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. En el 2004, la FDA revisó exhaustivamente los resultados publicados y no publicados de estudios clínicos controlados sobre antidepresivos que abarcaron a casi 4.400 niños y adolescentes. Esta revisión reveló que el 4 % de quienes tomaban antidepresivos tuvieron pensamientos suicidas o intentaron suicidarse (aunque ningún suicidio ocurrió) en comparación al 2 % de quienes tomaron placebos.

Los pacientes de todas las edades que toman antidepresivos deben ser cercanamente observados, especialmente durante las primeras semanas del tratamiento. Los posibles efectos secundarios que se deben buscar son empeoramiento de la depresión, pensamiento o comportamiento suicida, o cualquier cambio inusual en el comportamiento tal como falta de sueño, inquietud o aislamiento de situaciones sociales normales. Las familias y los cuidadores del paciente también deben ser informados de la necesidad de observar cercanamente y notificar cualquier cambio en el paciente al médico.

Los resultados de una revisión completa de ensayos pediátricos realizados entre 1988 y 2006 sugieren que los beneficios de los medicamentos antidepresivos pueden ser mayores que los riesgos para niños y adolescentes con trastornos graves de depresión y ansiedad.

Finalmente, la FDA ha advertido que combinar los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina, los cuáles son antidepresivos más nuevos, con uno de los medicamentos triptanes que son comúnmente empleados en el tratamiento de migraña (Zaldiar, por ejemplo) podrían causar una enfermedad con peligro de muerte llamada “síndrome de la serotonina”. Una persona con síndrome de la serotonina puede ponerse inquieta o nerviosa, sufrir alucinaciones, tener temperatura alta o tener cambios inusuales de presión arterial. El síndrome de la serotonina está generalmente asociado con los antidepresivos más antiguos denominados monoamino oxidasa, pero también se puede sufrir de este síndrome con los antidepresivos más nuevos si son mezclados con medicamentos incorrectos.

Psicoterapia
La psicoterapia es la asesoría para hablar sobre sus pensamientos, sentimientos y emociones para aprender a hacerles frente, manejarlos adecuadamente, de una forma saludable y en la que el psicoterapeuta facilitará las herramientas oportunas para lograrlo de manera eficaz mediante el aprendizaje de habilidades para la resolución de problemas, como es el caso de la terapia cognitivo-conductual la cual, además, enseña a combatir los pensamientos negativos, aprendiendo a tener más consciencia de los síntomas y a saber cómo detectar los factores que empeoran la depresión. La psicoterapia también puede ayudar a entender las cuestiones que pueden estar detrás de  pensamientos y emociones negativas que inciden sobre la depresión.

La psicoterapia puede ayudar en los momentos de aflicción, estrés o desánimo, dar pautas y orientación para enfocar las situaciones con una perspectiva más saludable. La terapia de familia también puede ayudar a los adolescentes que se sienten deprimidos.
Muchas formas de psicoterapia, incluso algunas terapias a corto plazo (10 a 20 semanas) pueden ser útiles para los pacientes deprimidos. Ayudan a los pacientes a analizar sus problemas y a resolverlos a través de un intercambio verbal con el terapeuta. Algunas veces estos diálogos se combinan con "tareas para hacer en casa" entre una sesión y otra. Los profesionales de la psicoterapia que utilizan una terapia "de comportamiento" procuran ayudar a que el paciente encuentre la forma de obtener más satisfacción a través de sus propias acciones. También guían al paciente para que abandone patrones de conducta que contribuyen a su depresión como causa y consecuencia (mantenedores).

Las tres psicoterapias que han demostrado ser más eficaces y específicas para el tratamiento de la depresión son la psicoterapia interpersonal, la psicoterapia cognitiva y la psicoterapia conductual. Otros formas de psicoterapia como la psicoterapia dinámica breve y la focalizada en la emoción, se consideran posiblemente eficaces, aunque necesitan más estudio.

Se puede hacer tratamiento psicoterapéutico, con una acción centrada en los aspectos psicosociales, cognitivos e interpersonales. Existen muchos tipos de terapias de ayuda, individuales o grupales, todo depende de la orientación psicológica del terapeuta. A continuación resumiremos algunas de las más importantes:

Terapia Cognitiva
La terapia cognitiva parte de la idea de que la depresión se produce por una alteración en la forma de pensar, que a su vez afecta a la forma de sentir y de comportarse. El terapeuta ayuda al paciente a analizar los errores que hay en su pensamiento (lo que se llaman distorsiones cognitivas) para que el paciente piense de una forma más realista, que le ayude a sentirse mejor y a tomar decisiones para resolver sus problemas. El terapeuta suele "mandar tareas para casa y experimentos" para que el paciente ponga a prueba su forma de pensar.

Se basa en el cambio del estilo de interpretación del mundo por parte del paciente afectado de depresión. Este tipo de terapia intenta cambiar las creencias y los pensamientos que llevan a la persona a tener esta enfermedad, fomentando el pensamiento lógico y racional sobre su situación y sus posibles salidas. Este tratamiento puede combinarse con la utilización de fármacos antidepresivos.

Terapia Conductual
Bajo el término de terapia conductual se incluyen distintas formas de tratamiento que tienen en común el análisis de la conducta del paciente. Se le ayuda al paciente a programar actividades gratificantes y a organizar su tiempo. También se le ayuda a ser más asertivo y más sociable, utilizando para ello el juego de rol y ayudándole a exponerse a situaciones sociales que suele evitar por miedos diversos.




Terapia Interpersonal
La psicoterapia interpersonal parte de la idea de que la depresión está provocada por muchas causas pero que se da en un contexto interpersonal y entender ese contexto es básico para poder recuperarse de la depresión y evitar recaídas futuras.

El objetivo principal es aliviar lo síntomas a través de la resolución de los problemas interpersonales actuales del paciente, reduciendo así el estrés en la familia o el trabajo y mejorando las habilidades de comunicación interpersonal. El terapeuta trabaja con el paciente entrenando sus habilidades sociales. También puede combinarse con la administración de antidepresivos.

Este tratamiento se hace en 16 sesiones de 1 hora, que comprenden tres fases. En la primera fase (1ª-3ª), el terapeuta explica en qué consiste la depresión y estudia con el paciente el entorno y el momento en que apareció. En la segunda fase (4ª-12ª), se establece un tema de conversación (o área de problema) que está relacionada con el inicio o el mantenimiento de la depresión. Hay 4 temas: la no superación de la muerte de un ser querido (duelo complicado), el conflicto con un ser querido (disputa de rol), el bloqueo para adaptarse a un cambio vital (transición de rol) o la carencia de relaciones con los demás (déficit interpersonal). Durante esta fase se dialoga con el terapeuta para llegar a superar la pérdida del ser querido, resolver el conflicto, adaptarse al cambio o mejorar las relaciones con los demás. En la tercera fase (13ª-16ª) se revisan los logros y se despiden terapeuta y paciente.

Terapia Psicodinámica Breve
La psicoterapia psicoanalítica elabora estrategias de afloramiento del yo intrapsíquico oculto en el inconsciente del paciente y origen de la sintomatología. El trastorno depresivo se expresaría como resultado de la pugna entre los mecanismos de defensa del paciente y sus impulsos. Las técnicas de terapia psicodinámica breve pretenden investigar y alumbrar esos conflictos para su resolución en la esfera consciente a través de un número limitado de sesiones.

Esta terapia promueve un cambio de personalidad a través del entendimiento de los conflictos de la infancia no resueltos. Trata de descubrir el origen del conflicto a través de los relatos del paciente e intenta reforzar sus capacidades adaptativas, va más allá de la simple mejoría sintomática. Es un tratamiento de muy larga duración.

Se pueden mencionar otros tratamientos para la depresión como:

Terapia Electro-Convulsiva (TEC)
La Terapia Electro-Convulsiva (TEC) es un tratamiento eficaz cuando existen síntomas graves y para pacientes que no responden a la medicación o la psicoterapia.

La terapia electro-convulsiva, más conocida como "electroshock" o "terapia de choque" se ha perfeccionado mucho en los últimos años y se ha convertido en un método efectivo para la depresión y, por lo general, actualmente se puede considerar seguro. Esta terapia puede mejorar el estado de ánimo de personas con depresión grave o pensamientos suicidas que no mejoran con otros tratamientos. También puede ayudar a tratar la depresión en aquellas personas con síntomas psicóticos. No obstante, la terapia electro-convulsiva es cada vez menos practicada en el mundo.

Antes de someterse a este tratamiento, los pacientes han de pasar un examen físico y neurológico previo. Deben permanecer en ayunas desde seis horas antes del TEC, se administran relajantes musculares y anestésicos generales de duración breve. Se colocan electrodos en sitios precisos de la cabeza, para enviar los impulsos eléctricos. La estimulación ocasiona una convulsión breve (aproximadamente 30 segundos) dentro del cerebro. La persona que recibe TEC no percibe conscientemente el estímulo eléctrico. Para obtener el máximo beneficio terapéutico, se requieren varias sesiones de TEC, usualmente programadas con un promedio de tres por semana.

La terapia electroconvulsiva puede ocasionar algunos efectos secundarios de corto plazo, incluyendo confusión, desorientación, y pérdida de memoria. Pero, por lo general, estos efectos secundarios desaparecen pronto después del tratamiento. Investigaciones han indicado que al cabo de un año de tratamiento con terapia electroconvulsiva, los pacientes no presentan efectos cognitivos adversos.

Estimulación Magnética Transcraneal (EMT)
Utiliza impulsos de energía para estimular las neuronas en el cerebro que se cree afectan el estado de ánimo. Hay algunas investigaciones que sugieren que puede ayudar a aliviar la depresión.









Fototerapia
La fototerapia es la terapia por medio de la luz. La luz que se puede aplicar puede ser infrarrojos, ultravioleta, láser. Puede aliviar los síntomas de depresión en los meses de invierno. Sin embargo, generalmente no se considera un tratamiento de primera línea, aunque presenta una eficacia científica probada en todo tipo de depresiones, muy especialmente en las depresiones ligadas a los cambios estacionales.

Fatiga, somnolencia excesiva, desánimo e irritabilidad pueden sorprender a una persona que durante la mayor parte del año lleva una vida normal y, cuando llegan los meses de frío, aprecia un cambio considerable en su carácter, independientemente de que exista o no una depresión leve o manifiesta el resto del año. Si la tendencia persiste y aumenta el desánimo a medida que los días se acortan, entonces es muy probable que esté padeciendo algún tipo de trastorno afectivo estacional (SAD, por las siglas, en inglés, de Seasonal Aaffective Disorder). Las personas que padecen este tipo específico de depresión experimentan un estado de ánimo melancólico únicamente durante los meses de otoño e invierno, y su tristeza se abate sólo hasta que regresan la primavera y el verano.

Grupos de apoyo
Unirse a un grupo de apoyo cuyos miembros comparten experiencias y problemas en común puede aliviar el estrés de la enfermedad y ayudar a comprender los problemas mejor, viéndolos “desde fuera” y, por tanto, con un enfoque diferente. El terapeuta puede ofrecer recomendación al respecto.





Herboristería
En los últimos años, el uso de tratamientos herbales, tanto para la depresión como para la ansiedad ha generado un gran interés. La planta conocida popularmente como hierba de San Juan, corazoncillo o  hipérico ha sido usada durante siglos como parte de muchos remedios naturales y populares.

El extracto de hierba de San Juan (Hypericum perforatum L.), un arbusto silvestre de flores amarillas, es una hierba muy utilizada en Europa para el tratamiento de la depresión leve a moderada y ha captado recientemente la atención de los investigadores de todo el mundo. En los Estados Unidos es uno de los productos botánicos de mayor venta.

En Alemania, el Hypericum se utiliza hoy día para el tratamiento de la depresión más que cualquier otro antidepresivo. Sin embargo, la eficacia de esta hierba no se ha aclarado porque los estudios científicos que se han llevado a cabo se realizaron únicamente a corto plazo y utilizaron dosis diferentes.

La hierba de San Juan se vende en herbolarios sin receta médica y puede ayudar a algunas personas con depresión leve. Sin embargo, esta hierba puede alterar la acción de otros medicamentos, entre ellos, antidepresivos.

Con relación al creciente interés que hay en los Estados Unidos por la hierba de San Juan, los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés) dirigieron un estudio clínico para determinar la efectividad de la hierba en el tratamiento de adultos con depresión grave. El estudio, que duró ocho semanas y abarcó a 340 pacientes a quienes se les había diagnosticado depresión grave, asignó al azar una dosis uniforme de hierba de San Juan a un tercio de estos pacientes, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina comúnmente prescripto a otro tercio y un placebo al tercio restante. El estudio descubrió que la hierba de San Juan no tuvo más efecto que el placebo en el tratamiento de la depresión grave. Sin embargo, en otro estudio la FDA hizo un anuncio oficial para la salud pública el 10 de febrero de 2000, en el que se afirmaba que la hierba de San Juan parece actuar a través de una de las vías metabólicas usadas por otros medicamentos, incluyendo los utilizados para controlar la infección del VIH, ciertos medicamentos utilizados para tratar enfermedades cardíacas, depresión, convulsiones, ciertos tipos de cáncer, y el rechazo de trasplante de órganos. La hierba también puede interferir con la efectividad de los anticonceptivos orales. Es por estas posibles interacciones que los pacientes deberían siempre consultar con su médico antes de tomar cualquier suplemento a base de hierbas.

Cómo Ayudar a una Persona con Depresión

Si se conoce a una persona que está atravesando una depresión, lo primero y más importante que se puede hacer es ayudarla a conseguir el adecuado diagnóstico y tratamiento, animándola a  no abandonar el tratamiento y a que busque tratamientos diferentes y alternativos si no nota mejoría al cabo de seis u ocho semanas.

Hay que ofrecerle apoyo emocional, comprensión, paciencia y animo. Entablar conversación y escucharle con atención siempre le beneficiará y lo agradecerá.

Nunca hay que desacreditar los sentimientos que manifieste pero señale las realidades y ofrezca esperanza. Tampoco hay que ignorar los comentarios acerca del suicidio por intrascendentes que parezcan y hay que ponerlos en conocimiento de los familiares más allegados, del médico y del terapeuta que está tratando a esta persona, para que sean conocedores del riesgo que supone para su propia vida.

Invitar a la persona a hacer excursiones, dar paseos y realizar otras actividades al aire libre. Aunque se nieguen, conviene insistir, pero sin presionarla a hacer demasiadas cosas a la vez y demasiado pronto. Aunque las distracciones y la compañía son necesarias, demasiadas exigencias pueden aumentar los sentimientos de fracaso.

Conviene recordarle que, con tiempo y siguiendo el tratamiento adecuado, superará la depresión y se reestablecerá.

Autoayuda contra la Depresión


Para quien padece depresión y se siente exhausto, indefenso y desesperanzado, hacer algo para ayudarse a sí mismo puede resultar extremadamente difícil, pero es importante que se dé cuenta de que esos sentimientos no reflejan con exactitud las circunstancias reales, ni forman parte de la propia persona, sino que son debidos a la propia depresión, que son la manifestación de sus síntomas. En tanto la persona comience reconocer su depresión y sus síntomas, comience un tratamiento, los pensamientos y emociones negativas comenzarán a desaparecer. Sin embargo, para comenzar a ayudarse a uno mismo, estas son algunas recomendaciones que conviene seguir, aunque supongan la realización de un gran esfuerzo inicial, pero, a medida que se cree la rutina, al tiempo que mantener hábitos favorecerá la mejoría, también se harán más fáciles de sobrellevar y supondrán un estímulo para su realización.

- Practicar actividades o ejercicios físicos moderados, como pasear, estar en contacto con la naturaleza, algún juego de pelota...
- Realizar o participar en actividades que antes suponían satisfacción: ir al cine, espectáculo o evento que se solía disfrutar.
- Participar en actividades sociales, tratando de pasar tiempo con otras personas, como ofrecerse como voluntario o involucrarse en actividades de grupo.
- Intentar mantener buenos hábitos de sueño.
- Elegir una persona de confianza como confidente para hablar sobre qué y cómo se siente.
- Tratar de no aislarse y aceptar la ayuda de los demás.
- Tratar de rodearse de gente cariñosa y positiva.
- Asignarse pequeñas metas realistas.
- Dividir las tareas grandes en tareas pequeñas, estableciendo algunas prioridades y haciendo sólo lo  que se pueda cuando se pueda.
- Aplazar las decisiones importantes, tales como contraer matrimonio, divorciarse, o cambiar de empleo, hasta que sentirse mejor.
- Hablar sobre decisiones con otras personas de confianza que puedan aportar una visión más objetiva de la situación.
- Mostrar paciencia, no esperando que el ánimo mejore de inmediato y que los síntomas desaparezcan instantáneamente.
- Aceptar los sentimientos y las emociones negativas que surjan intentando no participar en ellas, sino limitarse a aceptarlas, sabiendo que se sienten, que son provocadas por la depresión y que desaparecerán por sí solas sin intervenir para tratar de evitar sentir ansiedad ante ellas.
- Recordar que los pensamientos positivos irán reemplazando los pensamientos negativos a medida que la depresión responda al tratamiento.
- Tomar consciencia de que durante el tratamiento de la depresión, el sueño y el apetito empezarán a mejorar y regularse antes que desaparezca el estado de ánimo deprimido.

Cómo Actuar ante una Crisis Propia o Ajena


Si surgen pensamientos de autolesionarse o ideas suicidas, hay que comunicarse inmediatamente con alguien que pueda ayudar a superar esos pensamientos. Si se conoce a alguien que tenga estos pensamientos o incluso lo esté expresando, también hay que comunicarlo de inmediato a algún familiar, amigo o al médico para que puedan ayudar a la persona que está sufriendo la crisis. En la peor de las situaciones, hay que ponerse en contacto con los servicios de emergencia. Hay que asegurarse de que la persona enferma que está sufriendo la crisis no se quede solo y hay que intentar serenarla, mostrando paciencia y tolerancia, sin hacer comentarios críticos o que impliquen juicios destructivos que puedan alterarla más, por el contrario, conviene ofrecerle afecto y mucha comprensión; ante todo hay que tratar de no alterarla más para que la crisis remita en lugar de incentivarla.

Prevención
Un factor importante para prevenir la depresión es mantener contacto cercano con otras personas. Los hábitos de vida saludables pueden ayudar a prevenir la depresión y disminuir las posibilidades de que se presente de nuevo. La psicoterapia y los antidepresivos también pueden reducir la probabilidad de recaída.

Otras consideraciones para prevenir la depresión son:
- No tomar alcohol ni consumir drogas. Estas sustancias pueden empeorar la depresión y llevar a pensamientos de suicidio.
- Tomar los medicamentos exactamente como el médico indica.
- Preguntar al médico respecto a posibles efectos secundarios de los medicamentos recetados para el tratamiento de otras enfermedades y qué se debe hacer en caso de presentarse alguno.
- Aprender a reconocer los signos iniciales de la depresión, junto a los correspondientes a su empeoramiento.



Los investigadores continúan estudiando los factores de riesgo de la depresión y cómo afecta al cerebro. Se siguen buscando sistemas que mejoren su comprensión, diagnóstico y tratamiento en todos los grupos de pacientes. Se están probando nuevos posibles tratamientos que den esperanza a quienes viven bajo el tormento de una depresión particularmente difícil de tratar. Sin embargo, mientras no se encuentren respuestas y soluciones completamente satisfactorias, el mejor tratamiento que pueden seguir estas personas es tratar de mantener la confianza en la idea de que la depresión es un "pozo" del que se puede salir con la satisfacción de haberla superado.


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FUENTES:
Depresión Endógena
Depresión
¿Qué es la Depresión?
La Depresión


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